Un nuevo estudio aconseja seguir escribiendo a mano

La pandemia de coronavirus ha potenciado el uso de dispositivos tecnológicos para las clases. Si bien la tecnología es una gran aliada, es importante no olvidar otras prácticas, como por ejemplo escribir a mano.

Se han realizado varios estudios que confirman los beneficios de escribir a mano. El más reciente, ha sido The Importance of Cursive Handwriting Over Typewriting for Learning in the Classroom: A High-Density EEG Study of 12-Year-Old Children and Young Adults, realizado por la Universidad de Noruega y publicado en Frontiers in Psychology este verano.

Los investigadores registraron las ondas cerebrales de varios niños y jóvenes mientras escribían a mano. Los electrodos confirmaron que cuando se escribe a mano el cerebro es más activo que cuando se escribe en un teclado. Esto se debe a la experiencia sensorial que acompaña al ejercicio, ya que requiere más concentración, hacer diferentes movimientos para cada letra, controlar las habilidades motoras finas y los sentidos. De esta forma, la escritura manual contribuye a que los niños desarrollen sus habilidades en clase.

Por lo tanto, es importante seguir practicando la escritura a mano. Además, gracias a la tecnología, podemos seguir supervisando estos ejercicios en cualquier circunstancia (con clases a distancia o aunque no podamos recoger los cuadernos de los alumnos). Nos referimos a Scribzee, una aplicación con la que es muy sencillo escanear las hojas de los cuadernos y compartirlas.

El futuro de la educación post-pandemia

Recientemente se ha celebrado el encuentro Kid’s Innovation Day(s), cuyo objetivo es reflexionar sobre los retos futuros de la educación. La segunda jornada del evento, que fue enteramente virtual, contó con más de 100 participantes y las ponencias de Pepe Menéndez, especialista en liderazgo, innovación educativa y gestión del cambio; y Mayte Expósito, directora de marketing de Imago. Algunos de los temas tratados fueron el futuro de la educación post-pandemia y su relación con el ecosistema empresarial.

Menéndez explicó que “la pandemia obliga a repensar la visión de la escuela a medio y largo plazo”. En su opinión, “el sistema es demasiado rígido en todos los sentidos, desde la financiación pública que no prioriza las zonas más vulnerables, hasta el poco margen que se da a la interpretación de los conocimientos, que están diseñados en forma de parcelas que condicionan a los docentes”. Según Menéndez, , “la pandemia nos ha demostrado que no hace falta que todos estemos en el mismo sitio ni a la misma hora aprendiendo lo mismo y que la tecnología puede ayudar mucho al aprendizaje”.

En cuanto a la relación que tendrán las empresas y las escuelas en el futuro, Menéndez afirmó que “las empresas son ecosistemas de educación muy interesantes, pero muchas veces la escuela se pone a la defensiva cuando se habla de empresa”. Su propuesta pasa por crear acuerdos mediante las administraciones públicas para incorporar alumnos, por ejemplo, al diseño de productos y servicios, si bien matiza que “cuando la empresa actúa con la escuela, la empresa debe entender que la escuela no puede perder el protagonismo, y la empresa debe escuchar y comprender más”.

Por su parte, Mayte Expósito propuso “combinar el dinamismo y la velocidad de la empresa con las garantías y la experiencia de la escuela”, aunque es consciente de que “los ritmos son muy distintos”, pero considera que “ambos se necesitan y tienen que esforzarse en adaptarse porque muchas veces las compañías a veces no entienden la escuela”.

KidsInnovationDay

Estilos de aprendizaje

Los estilos de aprendizaje son las diferentes maneras en que una persona puede aprender. ¿Cuántos hay? Esta es una pregunta difícil de concretar, aunque algunos expertos han tratado de darle respuesta. Uno de ellos es David Kolb.

Los estilos de aprendizaje según David Kolb

David Kolb, profesor universitario, estableció cuatro tipologías de alumnos según el estilo de aprendizaje. Según Kolb, estos cuatro grupos surgen a través de 4 agentes de influencia: la genética, las experiencias de vida y las exigencias del entorno.

  • Activos: son prácticos y buscan soluciones a los problemas. Les gustan los retos y se adaptan bien a las circunstancias. Suelen mostrar más interés por la tecnología.
  • Reflexivos: buscan y valoran diferentes puntos de vista y reflexionan antes de tomar decisiones. Son emocionales y suelen mostrar más interés por las artes.
  • Teóricos: son racionales y objetivos. Necesitan explicaciones teóricas. Les gusta estudiar y trabajar de forma individual.
  • Pragmáticos: son prácticos y realistas a la hora de tomar decisiones. Son activos e impacientes, por eso se decantan más por el método de ensayo-error.

Seguro que has observado todos estos patrones en el aula. Algunos alumnos se sienten más cómodos con la teoría, mientras que otros prefieren experimentar y aprender a través de la práctica.

“La inclusión es un compromiso ético que invita a la acción”

Coral Elizondo es docente y activista de la educación inclusiva. Ha sido directora del Centro Aragonés de Recursos para la Educación Inclusiva (CAREI) y profesora asociada en la Facultad de Educación de la Universidad de Zaragoza. En estos momentos está en excedencia voluntaria centrada en la formación sobre inclusión.

¿Qué te llevó a dedicar tu carrera a la inclusión?

Yo creo que nuestra mirada, todas nuestras acciones y nuestros valores personales nos ayudan a ir marcando nuestro camino. Estudié magisterio por la especialidad de Matemáticas y Ciencias de la Naturaleza, pero nunca he sido profesora de matemáticas. Aprobé las oposiciones por la especialidad de Pedagogía Terapéutica y esto me llevó a conocer una educación especial en la que se normalizan las injusticias. Entonces quise estudiar psicología.
La persona es siempre mucho más que un diagnóstico, y ahí estaba yo de juez y parte con esta contradicción personal. Pensé que si quería cambiar el mundo, debía ayudar a docentes y familias a querer la inclusión, porque quererla es crearla, como dice una campaña preciosa sobre la inclusión. Solicité entonces, después de 29 años de funcionaria, una excedencia voluntaria para centrar todas mis energías en la inclusión. Creo que lo que mejor me define es “activista de la educación inclusiva”, por mi compromiso personal con la inclusión.

Defiendes que inclusión no es lo mismo que integración, dos términos que a menudo se tratan como sinónimos. ¿Cómo se pueden diferenciar?

La UNESCO habla de presencia, participación y logros, y yo creo que esta es una diferencia clave. Mientras que con la integración de los años 90 garantizamos el acceso y la presencia en las aulas, con la inclusión del siglo XXI garantizamos la participación y por ende la pertenencia y la acogida. No se trata de entrar, sino de pertenecer. Este es el aspecto fundamental que diferencia inclusión e integración.

¿Cómo defines la educación inclusiva?

La educación inclusiva se asienta en una concepción humanista de la educación y el desarrollo. Se basa en la igualdad de derechos, de oportunidades, en la mejora de la calidad de vida de todo el alumnado, en la participación plena en la vida social eliminando la exclusión en la educación y desde la educación, eliminando barreras y promoviendo transformaciones educativas, personales y sociales. Implica, además, conjugar aspectos cognitivos, emocionales y éticos y poner en acción valores y compromisos de responsabilidad compartida. La educación inclusiva es un proceso que promueve un planteamiento holístico de la educación que se asienta en principios fundamentales como la equidad, la calidad en la educación, la justicia, la cohesión e inclusión social, la ética, la transcendencia y el bienestar personal.

El objetivo de la inclusión es brindar respuestas apropiadas a todo el alumnado. Brindar respuestas apropiadas y de calidad al amplio espectro de necesidades de aprendizaje, tanto en entornos formales como no formales de la educación. La educación inclusiva, más que un tema marginal que trata sobre cómo integrar a ciertos estudiantes a la enseñanza convencional, como lo hacía la integración, representa un enfoque que examina cómo transformar los sistemas educativos y otros entornos de aprendizaje, con el fin de responder a la diversidad de los estudiantes, considerando que todas las personas somos únicas y diversas. Se contempla la variabilidad humana, la diversidad, como lo habitual, no como lo excepcional.

Entonces, ¿hay que adaptar el sistema educativo?

Yo creo que este aspecto es lo que diferencia integración de inclusión. En la integración es el niño o niña quien debe adaptarse al sistema y si no lo hace se escolariza en otro centro; con la inclusión es el sistema el que debe adaptarse. De esta forma, la educación inclusiva es una educación transformadora, porque debemos modificar y repensar las prácticas educativas. Pero también es transformadora de vidas, porque cambia la vida de las personas.

¿Cuál es el nivel de inclusión, en general, en las escuelas españolas?

En general me encuentro con muchos errores conceptuales que llevan a implementar en los centros prácticas segregadoras, considerando que lo que hacen es inclusión. Falta mucha formación e información sobre este tema. Pero también tengo que decir que hay muchos centros educativos que están trabajando mucho y muy bien, y que hay muchos docentes comprometidos con este cambio.

¿Cómo se debe organizar un centro para ser inclusivo?

Un centro garante de la inclusión debe establecer unos valores inclusivos compartidos por toda la comunidad educativa que pongan el énfasis en la persona, en su desarrollo personal y holístico, y en la obtención de los mayores niveles de logro. Son centros acogedores y seguros para todo el alumnado. Fíjate que me refiero entonces a la convivencia, al respeto, a la justicia…
Pero también son centros que garantizan el diseño universal y los ajustes razonables para promover la igualdad de oportunidades a todo el alumnado, organizando los apoyos para asegurar una educación inclusiva y equitativa de calidad.

¿Y los docentes?

Yo creo que es clave cambiar la mirada. Hablo de mirada DUA como la mirada que promueve espacios donde las diferencias se diluyen, donde la intervención se centra en la persona y en mejorar su calidad de vida conjugando siempre aspectos cognitivos, emocionales y éticos. Es una mirada centrada en las fortalezas de la persona, en la personalización del aprendizaje, en el derecho a una educación de calidad, una mirada que te lleva a un diseño universal del aprendizaje que evita adaptaciones posteriores y que promueve la participación en y desde el aprendizaje.

¿Qué tipo de metodología funciona mejor para que la educación sea realmente inclusiva?

No existen recetas mágicas para la inclusión, ni tampoco metodologías inclusivas per se. Un aprendizaje cooperativo es por ejemplo una propuesta inclusiva que si no permite participar plenamente a todo el alumnado, es segregadora. Pero podríamos decir que todas las metodologías inductivas que promueven un aprendizaje activo son metodologías muy adecuadas para trabajar en el aula.

En estas metodologías el alumnado asume el protagonismo de su propio aprendizaje cambiando el rol y consiguiendo experiencias de aprendizaje más profundas y significativas y participando plenamente en ellas. El rol del profesorado también cambia, ahora es guía en el aprendizaje, promueve interacciones dialógicas, autonomía y observa y ayuda al alumnado que lo requiere.

Entre estas metodologías inductivas encontramos: aprendizaje basado en proyectos, aprendizaje basado en problemas, aprendizaje basado en retos, aprendizaje servicio, Flipped Classroom…

¿Crees que los recursos de que disponen actualmente las escuelas y maestros son suficientes para poder aplicar una educación inclusiva? ¿O faltan recursos?

Yo creo que faltan recursos, pero eso no quiere decir que con los recursos que tengamos no pasemos a la acción. Es decir, la inclusión es un compromiso ético que invita a la acción. En las escuelas debemos movilizar todos los recursos disponibles y gestionarlos para apoyar el aprendizaje de todo el alumnado. ¿Cómo? Yo trabajo creando redes naturales de apoyo que ayuden a orquestar el aprendizaje, de forma que toda la comunidad educativa (familias, profesorado y alumnado) son recursos para apoyar el aprendizaje y la participación.

Este año ha habido polémica con el nuevo proyecto de ley educativa y los centros de educación especial. Hay organismos que aseguran que estos centros segregan injustamente, mientras muchas familias los defienden. ¿Cuál es tu opinión al respecto?

En la actualidad existen tres modalidades para la escolarización del alumnado con necesidades educativas especiales: en centros ordinarios, una escolarización combinada y en centros de educación especial. Yo creo que distinguir estas modalidades de escolarización es segregador. Sin embargo, es lo habitual y no lo vemos extraño. Si solo concebimos las escuelas como lugares para asimilar y adquirir conocimientos, estos niños y niñas no tienen cabida y deben escolarizarse en otros centros “especiales”. Si concebimos que solo el estudiante promedio tiene cabida en las escuelas, dejamos en los márgenes a muchos niños y niñas. En la escuela se te clasifica y cataloga comparando tu rendimiento con el del estudiante promedio y todo lo que se salga de esta norma, no es normal, y entonces esta persona en educación merece una atención diversa. ¿Cuándo vamos a romper con esta idea? No existe la persona promedio. Tom Rose habla incluso de la tiranía del promedio. Romper con esta idea es difícil, porque nos lleva a repensar la educación y hablar de personalización, de diseño universal, de personas… Pero sobre todo nos lleva a romper con lo establecido y a transformar los sistemas educativos.

Entiendo…

Escolarizar a los niños y niñas que se salen de la norma en un centro de educación especial es considerar que son un error porque se desvían del promedio, ¿y no te parece esto a ti una verdadera injusticia?

Hemos normalizado tanto las injusticias que ni las vemos. Puedo entender a las familias cuando después de mucho sufrimiento en centros ordinarios sus hijos e hijas encuentran su lugar en los centros de educación especial, pero te vuelvo a preguntar: ¿cómo podemos permitir ese sufrimiento?, ¿son las escuelas lugares de esperanza para todo el alumnado?

Si hablamos de centros ordinarios, tendremos que hablar entonces de centros extraordinarios. ¿Por qué no hablamos de una educación extraordinaria a la que le quitamos el adjetivo de inclusión? Fíjate que no tendríamos que hablar de inclusión si antes no hubiésemos segregado. Puede parecerte utópico, pero ese es mi sueño. Una utopía que nos lleve a hacer realidad y construir lo inédito viable.

¿Qué le dirías a quien duda de que sea posible la educación inclusiva?

No es cuestión de dudar o no, la educación inclusiva es un derecho. En el año 2006 se aprueba la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, que en su artículo 24 solicitaba a los Estados Partes asegurar un sistema de educación inclusivo a todos los niveles, así como la enseñanza a lo largo de la vida, garantizando que las personas con discapacidad no quedasen excluidas del sistema general de educación y posibilitando que puedan acceder a una educación inclusiva, equitativa y de calidad en igualdad de condiciones con los demás. Los Estados Partes confirmarían la obligación de hacer los ajustes razonables en función de las necesidades individuales y la prestación de los apoyos necesarios que posibiliten el desarrollo académico y social, de conformidad con el objetivo de plena inclusión.

La Convención supuso un avance en el planteamiento del derecho a la educación de las personas con discapacidad, no solo porque es un documento jurídicamente vinculante para todos los Estados Partes, sino porque parte del enfoque de derechos humanos, que pone a la persona en el centro de su intervención y contempla la equidad como parte inherente e intrínsecamente relacionada a la educación, que se reinterpreta como una cuestión de justicia social, de derecho, de igualdad de condiciones en la educación.

“Los aprendizajes más importantes de los primeros años se realizan de forma natural jugando”

laura-estremera-entrevista-2Laura Estremera es maestra de audición y lenguaje, técnico superior en educación infantil y psicomotricista relacional especialista en atención temprana con formación en pedagogía Pikler: cuidados respetuosos. Actualmente está terminado el grado de psicología. Ha trabajado durante varios años como tutora en el primer ciclo de educación infantil y actualmente dirige un proyecto de psicomotricidad vivenciada, realiza charlas y formaciones. También es autora de los libros “Criando” y “Ser Niños Acompañados”.

Defiendes la importancia del juego en el desarrollo de los niños, ¿por qué?

¡Porque los aprendizajes más importantes de los primeros años se realizan de forma natural jugando!
Los niños y niñas en todos los contextos y culturas, juegan, es su lenguaje. Si nos fijamos en autores, podemos acudir a los trabajos de Piaget, un autor altamente conocido por todos los docentes. Al profundizar en su teoría sobre el desarrollo cognitivo, este nos explica que para desarrollar la inteligencia durante los primeros años (0-6) los niños y niñas necesitan moverse, explorar con sus sentidos y ¡jugar!

¿Qué tipo de juegos?

El juego que favorece el desarrollo de los primeros años es el juego libre. A través de este los niños se mueven, exploran, descubren, ponen a prueba sus hipótesis… A partir de los 2 años aproximadamente aparece el juego simbólico, en el que hay un fuerte componente emocional. A través de él reviven situaciones, elaboran lo que les preocupa, lo que les da miedo, sus deseos…

Ya en primaria, aunque el resto de juegos mencionados sigan presentes, los juegos de reglas cobran un importante papel a nivel social, con reglas que ellos mismos crean, ponen en común, defienden sus puntos de vista…

De esta forma, observamos brevemente cómo en el juego libre, los niños y niñas se desarrollan en toda su globalidad, porque favorece su desarrollo motor, cognitivo y socioafectivo.

También has comentado que, en el juego, el papel de los adultos (padres, madres, profesores…) es muy importante. ¿Cuál es ese papel?

Para que el juego pueda darse, el adulto debe conocer su importancia para que ofrezca tiempos, espacios y materiales para el mismo. Si el adulto no conoce todo lo que hay detrás del juego, lo seguiremos viendo como un simple pasatiempo, entretenimiento… Incluso como una pérdida de tiempo o como la actividad que poder hacer cuando otras, que consideramos más importantes, han concluido.

De ahí la necesidad de que el adulto conozca la importancia del juego porque es el que va a favorecer que los niños y niñas puedan dedicarse a aquello que todos conocemos que es una necesidad de la infancia, pero que no demasiadas veces le damos el valor que tiene.

Durante el juego, el adulto acompaña, como figura de referencia y promotor de seguridad, y observa. De esta forma conoce a cada niño y niña tal cual es.

¿Crees que, por el contexto y la sociedad en la que vivimos, hay una tendencia hacia la sobreestimulación?

Quizá de un tiempo a esta parte hay más conciencia sobre el desarrollo y los adultos comenzamos a ajustarnos más a las necesidades de los niñas y niñas. Pero, en general, hay un sentimiento de “cuanto antes mejor» que no respeta los tiempos y procesos necesarios para un desarrollo saludable.

Solo hay que observar la naturaleza, el campo, para darnos cuenta de que los procesos llevan su tiempo y tienen su sentido. ¡Las plantas no crecen porque tiremos de sus hojas!

¿A partir de qué edad los niños pueden empezar a desarrollar la motricidad fina? ¿Cómo?

La pinza fina aparece alrededor de los 9 o 10 meses de edad, cuando un bebé es respetado en su movimiento y ha podido adquirir por sí mismo (sin que intenten enseñarle o lo coloquen en aparatos) la postura de sentado y el gateo.

¿Cómo podemos proporcionar una buena base que facilite el proceso de lectura y escritura a los niños?

Respetando cada momento de los niños y las niñas para que los aprendizajes puedan asentarse en bases sólidas. Comenzando por el desarrollo motor en el primer año de vida, es decir, no colocándolos en posturas que no adquieran por ellos mismos, favoreciendo momentos de suelo para que los bebés vayan descubriendo las diferentes posturas, apoyos y desplazamientos: el volteo, el reptado, el gateo, sentarse por sí mismos… ya que la lectura y la escritura tienen un componente motor, entre otras cosas, por el tema de la motricidad fina anteriormente mencionado.
Por otro lado, favoreciendo el juego simbólico en toda la educación infantil, puesto que la lectura y la escritura son un medio simbólico de comunicación.
También ofreciendo, llegado el momento y el interés (de comunicar y de recibir lo que otros quieren contar), materiales concretos, manipulativos, que ofrezcan información por los diferentes sentidos.

Los niños aprenden a diferentes ritmos. ¿Cómo gestionar esas diferencias en clases con 20 o 30 alumnos?

Entendiendo el aula como un ambiente de aprendizaje donde hay diferentes espacios con propuestas y materiales diversos para que cada uno, en función de su ritmo de aprendizaje, de desarrollo… pueda decidir qué materiales utilizar. Un aula Montessori puede servirnos de inspiración para ello.

¿Cómo podemos mantener la curiosidad innata de los niños para que sea un punto de motivación en la escuela?

Ofreciendo diferentes propuestas que se ajusten a los diferentes ritmos, gustos y necesidades que podemos encontrar en un aula. A los diferentes aprendizajes se puede llegar por diferentes caminos, ¡ofrezcámoslos!

Recambio 10 y Scribzee, versatilidad y orden

Los recambios de hojas sueltas dan mucha libertad; se pueden usar para cualquier asignatura o tema y clasificarlas en diferentes carpetas o archivadores para tenerlo todo ordenado. Con Scribzee también es posible tener esas páginas ordenadas en la nube y se pueden crear diferentes carpetas y subcarpetas para encontrarlo todo rápidamente. Además, la aplicación también reconoce los colores de las bandas para poder clasificar automáticamente cada color en una carpeta. Por eso el Recambio 10 y Scribzee hacen una excelente combinación.

Para cualquier situación

Si algo tienen los recambios de hojas sueltas es que se les puede dar varios usos y no están necesariamente asociados a una sola asignatura o a un curso. En el caso del Recambio 10 es aún más versátil gracias a sus hojas en 10 colores de recuadro diferentes, para clasificar por color distintas asignaturas o temas.

Por otra parte, las marcas de Scribzee que incorporan todas las hojas permiten escanearlas fácilmente con la aplicación y desde ahí compartirlas. Por eso en tiempos de pandemia, la aplicación se ha convertido en una buena alternativa para seguir revisando los trabajos y ejercicios de los alumnos sin necesidad de tocar sus cuadernos. Con Scribzee es muy sencillo escanear las hojas y enviárselas al profesor o profesora por cualquiera de las opciones disponibles en la aplicación (e-mail, Teams, etc.), en formato PDF multipágina.

Originales formas de decorar una clase

Algunos profesores sacan su lado más creativo a la hora de decorar su clase. Estos son algunos ejemplos:

Un pupitre, un automóvil

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Fuente: Maybe I’ll Shower Today

Aprovechando la reorganización de la clase debido a la pandemia de coronavirus, Jennifer Birch Pierson, profesora de preescolar en Texas (Estados Unidos) decidió transformar cada pupitre en un camión para hacer más amable el espacio.

Hogwarts, un clásico

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Fuente: HuffPost

Si hay una escuela que fascina a pequeños y no tan pequeños, esa es Hogwarts, el colegio de magia del universo Harry Potter. Los profesores lo saben y por ello más de uno ha decidido recrearla. Es el caso de Hyle Hubler del instituto Evergreen Middle School de Hillsboro (obra suya es la clase de la imagen) o de Stephanie Stephens profesora en el colegio James L. Capps Middle School en Oklahoma, cuya obra ya vimos en este blog.

Convertir el aula en un videojuego

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Fuente: Televisa

Carlos Rodríguez, profesor de primaria en Nuevo León (México), se inspiró en Super Mario Bros para decorar su aula.

Con mucho arte

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Fuente: IES San Benito

En este caso, los encargados de decorar la clase fueron los alumnos de 2º de Bachillerato de Dibujo Artístico del IES San Benito (La Laguna, Tenerife), quienes recrearon en una pared de su aula una versión del Guernica de Picasso. Todo bajo la coordinación de sus profesores.

¿Habéis hecho algo parecido? ¡Nos encantaría verlo!

Flipbook, entretenimiento y aprendizaje

Un flipbook, conocido también como folioscopio, es una animación creada a partir de dibujos en las diferentes páginas de una libreta. Al pasarlas rápidamente, los dibujos cobran movimiento. Con un ejemplo se entiende mejor:

¿Cómo hacer un flipbook?

Para hacer un flipbook se necesita una libreta grapada de tapas blandas.

Tanto si decidimos hacer los dibujos en horizontal como en vertical, hay que hacerlos lo más cerca de la parte “abierta” de la libreta para que se vean bien al pasar rápidamente las páginas con el pulgar.

En cada hoja hay que dibujar un dibujo similar en cuanto a medida y posición pero con el leve movimiento que queramos darle. Si, por ejemplo, queremos hacer una puesta de sol, empezaremos dibujando el sol en lo más alto e iremos repitiendo el dibujo en las páginas posteriores pero con el sol un milímetro más abajo en cada una, hasta que se oculte del todo entre las montañas o en el horizonte que hayamos dibujado.

En cuanto a los dibujos, si quieres hacer esta actividad con tus alumnos más pequeños, podéis hacer algo tan simple como un círculo que cambie de posición o que se va agradando. Si ya dominan el dibujo, pueden probar a hacer otras animaciones, como la de la puesta de sol, una persona caminando, el despegue de un avión o cualquier otra acción en movimiento que se les ocurra. De hecho, hay auténticos profesionales del flipbook capaces de recrear cualquier escena y crear imágenes dignas de cualquier serie de animación. Pero para ello hay que dominar el dibujo y tener el tiempo y la paciencia para crear todas las imágenes.

Como ya sabes, el dibujo es un ejercicio estupendo para practicar la motricidad fina. En este caso, hay que añadir que para conseguir el movimiento también se necesita la destreza de pasar las páginas con el pulgar a la velocidad justa. ¿Qué te parece este divertido ejercicio para tus alumnos?

Mesa ordenada, mente despejada

Tener el material ordenado no es solo una cuestión estética, sino que nos ayudará a ser más productivos y a no perder el tiempo buscando entre el desorden lo que necesitamos. Además, un ambiente ordenado es más motivador. Por eso hemos reunido unos consejos para tener la mesa ordenada y el espacio de trabajo.

1 – Guarda y ordena las hojas sueltas. Impresos, notas, etc. Ten una carpeta donde guardar los documentos importantes o aquellos que sabes que vas a usar regularmente. Puedes usar una con separadores, para tenerlos ordenados por temática dentro de esa carpeta.

2- Ten un cuaderno para tus listas. Hacer listas de tareas es una de las formas más eficaces de no olvidarnos de nada, pero si las apuntamos en un sitio diferente cada vez corremos el riesgo de perderlas. Por eso es recomendable hacer las listas siempre en el mismo cuaderno, como por ejemplo, un cuaderno con hojas punteadas (dots) (también podría servir la agenda).

3- Ten en la mesa lo imprescindible para trabajar y busca otro lugar para todo lo demás. Es mejor que guardes lo que no vayas a usar en otro lugar (por ejemplo en una cajonera debajo de la mesa o en una estantería cercana). Así tendrás más espacio y evitarás distracciones.

4- Al igual que la mesa, en el lapicero o en el estuche también pondremos solo lo necesario (es decir, todo lo que vayamos a usar, sin escatimar, pero sin poner de más). Es habitual que con el paso del tiempo vayamos acumulando varios objetos repetidos (varios bolígrafos del mismo color, por ejemplo) que además de ocupar espacio y sumar peso nos dificultarán la tarea de buscar las herramientas cuando las necesitemos.

Ventajas de tener una mesa ordenada

  • Se aprovecha mejor el tiempo. Al no perder el tiempo en buscar el material y evitar distracciones, somos más productivos y al final podemos disfrutar de más tiempo libre (¿por qué dedicar 2 horas a una tarea que podemos hacer en 1?)
  • Retenemos mejor los conceptos estudiados. Un espacio ordenado facilita la concentración.
  • Reducimos el estrés. Un espacio ordenado transmite paz.
  • Disfrutamos de un espacio más limpio. Porque un espacio ordenado es más fácil de limpiar y evitamos superficies innecesarias donde se acumula el polvo.

¿Puede un algoritmo decidir la nota de los estudiantes?

La pregunta surge a raíz de la polémica causada por el método propuesto por Reino Unido para evaluar a algunos de sus estudiantes durante el curso 2019-2020; un algoritmo. En la introducción de esta herramienta tuvo mucho que ver la pandemia de coronavirus.

Atendiendo a la situación sanitaria, la administración británica decidió cancelar los A-Levels (exámenes que los alumnos realizan al finalizar su Year 13, equivalente a nuestro 2º de Bachillerato) y usar un algoritmo para evaluar a los estudiantes. El resultado fue que las calificaciones que se obtuvieron estaban basadas en modelos estadísticos que además del historial del estudiante tenían en cuenta otros factores como el historial del centro educativo. Esto significa que los alumnos brillantes de escuelas de bajo rendimiento vieron como sus notas bajaban por culpa del global del centro. Como consecuencia, esto perjudicaba su acceso a la universidad.

Ante este panorama, los estudiantes salieron a las calles a protestar y, finalmente, la administración tuvo que rectificar y primar la opinión de los profesores.