¿Por qué es tan importante forrar los libros al inicio de curso?

El inicio del año escolar en los centros educativos trae consigo una tarea tradicional: forrar los libros y cuadernos. Aunque parezca una labor puramente estética, tiene un impacto directo en la gestión del centro, el mantenimiento del material y los valores del alumnado.

Beneficios de forrar los libros en el entorno educativo

Proteger los libros y cuadernos desde el primer día de clase aporta tres grandes ventajas en el aula:

  • Durabilidad y conservación: Los libros sufren un desgaste diario en mochilas y pupitres. Un buen forrado asegura que resistan todo el año y que, en los sistemas de bancos de libros, puedan ser reutilizados por alumnos del siguiente curso.
  • Mayor higiene: Al ser las aulas espacios de alta convivencia, las fundas protectoras permiten limpiar y desinfectar las cubiertas rápidamente con un paño húmedo.
  • Fomento de la responsabilidad: Cuidar sus herramientas de trabajo ayuda a los estudiantes a adquirir hábitos de organización y respeto por los bienes comunes.

 

Colibrí by Oxford: Forrado automatizado en segundos

El método tradicional de cortar plástico a mano y lidiar con las burbujas de aire consume demasiado tiempo. Para solucionarlo, Colibrí by Oxford automatiza este proceso, logrando un resultado impecable, rápido y limpio sin necesidad de tijeras ni pegamento.

¿Cómo funciona el sistema Colibrì?

Se consigue una protección a la medida exacta en solo tres pasos:

  1. Inserta la funda: Se introduce el libro en la funda Colibrí seleccionada.
  2. Ajusta: El sistema adapta el plástico al tamaño del libro o cuaderno.
  3. Sella: La máquina realiza un corte y sellado perfecto en un único movimiento automático.

El resultado es un forro a la medida exacta, totalmente liso, sin arrugas y sin desperdiciar material.

 

Descubre el sistema en acción

 

 

Sostenibilidad y calidad certificada

En línea con la conciencia ecológica actual, las nuevas fundas Colibrí de Oxford ofrecen mayor resistencia con un menor impacto ambiental:

  • Plástico reciclado: Fabricadas con un 30% de plástico reciclado postconsumo.
  • 100% reciclables: Se pueden depositar por completo en el contenedor de reciclaje al terminar el curso.
  • Trazabilidad oficial: Avaladas por el certificado Licensee, que garantiza su sostenibilidad.
  • Calidad garantizada: Cuentan con la certificación SGS, líder mundial en durabilidad.

 

Medidas disponibles para el aula

Para adaptarse a los materiales del curso, el sistema ofrece tres formatos prácticos:

  • Mini (33 x 25 cm): Ideal para libros de lectura y cuadernos pequeños.
  • Standard (49 x 32 cm): Perfecto para la gran mayoría de libros de texto tradicionales.
  • Gande (63 x 43 cm): Pensado para libros de grandes dimensiones o libros de arte.

 

¡Equipa tu centro escolar con Colibrí by Oxford!

Para facilitar la preparación del nuevo curso, existe una gran ventaja para las escuelas: se cede la máquina de forma totalmente gratuita con una compra mínima de fundas.

Aquellos centros educativos o AMPAs/AFAs que estén interesados en ofrecer este servicio rápido, limpio y ecológico en sus colegios, pueden solicitar más información o ponerse en contacto directamente a través del correo electrónico: info.oxfordES@hamelinbrands.com.

 

Conclusión

En definitiva, comenzar el curso con el material escolar protegido es sinónimo de tranquilidad para el resto del año. Al utilizar soluciones automatizadas como Colibrì by Oxford, una tarea tediosa se convierte en un proceso ágil, profesional y ecológico.

 

Cómo ayudar a tus alumnos a prepararse mentalmente para los exámenes

Cuando pensamos en preparar un examen, solemos centrarnos en el estudio, los apuntes y las horas de repaso. Sin embargo, hay un aspecto igual de importante que muchas veces pasa desapercibido: la preparación mental.

Como profesor, acompañar a tus alumnos en la gestión del estrés, la confianza y la organización puede marcar una gran diferencia en su rendimiento y bienestar. Aquí tienes algunos consejos prácticos que puedes compartir con ellos para ayudarles a afrontar los exámenes de forma más tranquila y segura.

 

4 consejos para la preparación mental de los estudiantes

 

1. Ayúdales a entender que el estrés es normal

Muchos estudiantes sienten que ponerse nerviosos antes de una prueba es algo puramente negativo. Como docente, es fundamental transmitirles que el estrés forma parte del proceso y que, en cierta medida, puede ser un aliado.

  • El estrés es una respuesta natural del cuerpo ante un reto importante.

  • Bien gestionado, ayuda a estar más alerta, concentrado y preparado para actuar.

  • Consejo para el aula: Anímales a convivir con los nervios y canalizarlos de forma positiva. Puedes recordarles que incluso los deportistas de alto nivel sienten presión antes de competir; la clave está en transformar esa energía en motivación y confianza.

2. Enséñales a visualizar el éxito

La visualización es una técnica muy utilizada en el deporte que ofrece excelentes resultados en el ámbito académico. Consiste en imaginar de forma consciente una situación que sale bien.

Invita a tus alumnos a dedicar unos minutos antes del examen a cerrar los ojos, respirar profundamente e imaginarse respondiendo con calma, concentrados y seguros de sí mismos. Este pequeño ejercicio reduce la ansiedad y prepara mentalmente al cerebro para afrontar la situación con más serenidad y control.

3. Recuérdales que no necesitan ser perfectos

Muchos estudiantes se bloquean por el miedo a cometer errores. Es importante ayudarles a entender que equivocarse forma parte del aprendizaje y que un examen no tiene que ser perfecto para obtener una buena calificación.

Lo verdaderamente importante es saber reaccionar ante los pequeños imprevistos. Por ejemplo, si en un examen oral se quedan en blanco, enséñales que pueden parar un momento, respirar y continuar. La capacidad de recuperarse es mucho más valiosa que la perfección absoluta.

4. Fomenta una buena organización y estudio eficiente

La organización es el mejor antídoto contra la sensación de agobio. Para rebajar la presión, puedes recomendar a tus alumnos las siguientes pautas:

  • Practicar con exámenes reales: Utilizar pruebas de años anteriores ayuda a familiarizarse con el formato y a gestionar mejor el tiempo.

  • Estudiar en intervalos: Estudiar durante horas sin descanso no es efectivo. Alternar asignaturas y hacer pausas evita la sobrecarga mental.

  • Optimizar el entorno: Un espacio ordenado, tranquilo, cómodo y con buena iluminación favorece la concentración y reduce las distracciones.

Tip: Herramientas como las Flashcards Flash 2.0 de Oxford (compatibles con la app Scribzee) son ideales para repasar de forma dinámica y flexible, favoreciendo la memorización activa en cualquier momento y lugar.

Conclusión: La confianza también se entrena

Preparar un examen va mucho más allá de memorizar contenido. Implica aprender a gestionar emociones, adaptarse a la presión y confiar en el propio trabajo.

Como profesor, tus palabras y tu acompañamiento son la clave para que afronten sus evaluaciones con una mentalidad más positiva y equilibrada. Enseñarles a gestionar el estrés, aceptar la imperfección y confiar en sí mismos son aprendizajes esenciales que les servirán mucho más allá del aula.

Estonia lidera PISA con un modelo educativo híbrido

La pequeña república báltica de Estonia irrumpió en el panorama internacional en 2015 obteniendo el primer puesto europeo del ranking PISA. Dicho liderazgo se ha ido consolidando desde entonces mientras pedagogos y autoridades del mundo entero fijaban su atención en un sistema educativo capaz de garantizar excelencia educativa a la vez que un grado de equidad social sin parangón.

¿Cuál es el secreto? Como detalla el informe estratégico Apunta alto y trabaja duro, el éxito estonio no es fruto de la casualidad ni de una inversión tecnológica repentina, sino de una filosofía que combina la autonomía docente, una cultura del esfuerzo muy arraigada y una integración digital que ellos denominan «invisible».

Foco en la equidad y la calidad

La base ética del sistema estonio es el acceso universal a la calidad educativa. En Estonia, la educación se concibe como el gran igualador social. Según los datos de la OCDE en su Education Policy Outlook 2025, Estonia presenta una de las variaciones de rendimiento más bajas entre estudiantes de diferentes entornos socioeconómicos.

Este enfoque se sustenta en tres pilares que el documento Apunta alto y trabaja duro desglosa con precisión:

  1. Autonomía escolar total: Los directores y docentes tienen libertad para diseñar su propio currículo y gestionar sus presupuestos.
  2. Mentalidad de crecimiento: Existe una creencia cultural compartida de que cualquier estudiante, independientemente de su origen, puede alcanzar la excelencia si se le proporcionan las herramientas adecuadas.
  3. Apoyo temprano: La intervención pedagógica comienza en la etapa preescolar, asegurando que ningún niño se quede atrás antes de los siete años.

Más allá del debate entre papel y pantalla

Estonia ha superado la dicotomía simplista entre el formato digital y el físico. Su modelo es genuinamente híbrido. No se trata de sustituir el libro por la tableta, sino de expandir las posibilidades de aprendizaje mediante la tecnología cuando esta aporta un valor añadido.

  1. El giro digital

Desde el lanzamiento del programa Tiigrihüpe (Salto del Tigre) en 1997, el país inició un camino de digitalización que hoy se traduce en una infraestructura robusta. Sin embargo, como bien señala el análisis del Global Campus of Human Rights, este «giro digital» no ha eliminado el papel. Los estudiantes estonios siguen utilizando cuadernos para la escritura manual y el dibujo, reconociendo su importancia en el desarrollo de la motricidad fina y la memoria a largo plazo. Lo que ha cambiado es el acceso: desde 2015, todos los materiales de estudio están disponibles en formato digital, pero su uso es una elección pedagógica, no una imposición.

  1. La plataforma Opiq como corazón del ecosistema

Una de las herramientas que distingue a Estonia es Opiq. Esta biblioteca digital de aprendizaje conecta el currículo nacional con libros de texto, ejercicios y materiales multimedia de diversos editores. Lo que hace a Opiq superior a otros sistemas es su interoperabilidad: permite a los docentes personalizar tareas, evaluar en tiempo real y, a la vez, mantener la coherencia con los objetivos pedagógicos nacionales. El formato digital permite una actualización constante de contenidos (ciencia, geopolítica, IA), algo imposible con el papel estático.

  1. La figura del Tecnólogo Educativo

Un punto crítico que destaca el informe Apunta alto y trabaja duro es que la tecnología no se gestiona desde el departamento de informática, sino desde la pedagogía. Casi todas las escuelas cuentan con un Tecnólogo Educativo. No es un técnico que arregla ordenadores, sino un experto pedagógico que ayuda a los maestros a integrar herramientas digitales en sus clases de historia, matemáticas o arte. Esta figura es el puente que garantiza que la transición híbrida sea fluida y educativa.

Metodologías y herramientas

Siguiendo el marco del Education Policy Outlook 2025, el modelo estonio se analiza bajo tres dimensiones:

Voluntad: Existe una motivación intrínseca en el alumnado y profesorado. La tecnología se usa para fomentar la autonomía (los estudiantes gestionan su propio progreso a través de plataformas como eKool o Stuudium), lo que reduce la carga administrativa del docente y mejora la comunicación con las familias.

Competencias: Estonia no enseña computación como una asignatura aislada; integra el pensamiento computacional y la alfabetización informacional de forma transversal. Desde primaria, los niños aprenden lógica de programación y, más recientemente, el uso crítico de la Inteligencia Artificial (el llamado AI Leap).

Medios: El Estado garantiza que la infraestructura sea excelente en todos los centros, rurales o urbanos. El acceso a internet es un derecho social.

La digitalización «invisible»

Un aspecto fascinante del modelo estonio es cómo la digitalización se ha vuelto invisible. En el día a día, la transición entre el formato papel y digital es natural. Un estudiante puede leer un texto en papel para profundizar en la comprensión lectora (habilidad donde los estonios destacan en PISA) y, posteriormente, realizar una simulación digital o un proyecto de colaboración en la nube para aplicar esos conocimientos.

Este equilibrio protege a los estudiantes del «agotamiento digital» mientras los prepara para un mercado laboral altamente tecnológico. El sistema no se ha dejado seducir por las modas de Silicon Valley; ha integrado las pantallas bajo el rigor de la ciencia del aprendizaje.

Lecciones para el mundo

Estonia nos demuestra que el éxito educativo no depende de la cantidad de dispositivos, sino de una visión clara. Su primer puesto en PISA en 2015 fue la confirmación de que una sociedad pequeña puede liderar el mundo si invierte en su capital humano con equidad y visión de futuro.

El modelo híbrido estonià nos enseña que:

  1. La tecnología debe estar al servicio del docente, y no al revés.
  2. La equidad es la garantía de la calidad a largo plazo.
  3. El papel y lo digital no son enemigos, sino aliados en la construcción de una mente crítica y adaptable.

Como concluye el estudio Apunta alto y trabaja duro, el secreto de Estonia es, en última instancia, una combinación de «corazón y datos». Un sistema que abraza la innovación sin olvidar que la educación es, ante todo, un proceso humano de relación, esfuerzo y descubrimiento constante.

Referencias bibliográficas citadas:

  • Education Estonia (2023). Aim High and Work Hard: Estonia’s Education Success Story.
  • OECD (2024). Education Policy Outlook 2025: Empowering Lifelong Learners.
  • OECD (2020). Education Policy Outlook: Estonia.
  • Global Campus of Human Rights (2021). The Future of Hybrid Learning.

 

Un docente Bajo el Algoritmo, UDBA

5 de mayo de 2026

El papel vuelve al aula de la mano de la neurociencia

La neurociencia ha llevado a las autoridades educativas a repensar la digitalización en el aula, planteando un debate necesario sobre la escritura manual vs digital. Aunque los dispositivos son útiles, la evidencia científica sugiere que el cerebro aprende mejor en formato papel.

Hoy sabemos que el trazo del lápiz sobre el papel es clave para mantener el cerebro despierto y conectado, que la escritura manual y la lectura sobre papel son herramientas de alto rendimiento cognitivo que mejoran la capacidad de síntesis, de memoria espacial y la salud cognitiva de las nuevas generaciones.

El estudio más reciente, quizás el más revelador en este ámbito, es el realizado por la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología (Van der Meer et al. 2024) mediante el uso de la electroencefalografía de alta densidad. Los investigadores monitorizaron la actividad cerebral de estudiantes mientras escribían a mano y mientras tecleaban. Los resultados fueron incuestionables: la escritura manual activa casi todo el cerebro de una manera que el teclado no puede replicar. El acto de formar cada letra con el trazo de la mano requiere una precisión motora fina que genera una conectividad cerebral generalizada. El estudio demuestra que las bandas de frecuencia theta y alpha (estrechamente ligadas al aprendizaje y a la memoria de trabajo) se activan con mucha más intensidad cuando cogemos un bolígrafo.

La implicación pedagógica es profunda: cuando un alumno escribe a mano, su cerebro está en un estado óptimo para crear redes de memoria profunda. El teclado, por el contrario, simplifica el movimiento a una simple presión de botón, una acción mecánica repetitiva que no ofrece la misma riqueza de retroalimentación sensorial al cerebro.

Más allá de la conectividad eléctrica, está la cuestión del procesamiento de la información. El estudio clásico de la Universidad de Princeton, «The Pen is Mightier Than the Keyboard» (Mueller & Oppenheimer, 2014), puso de manifiesto una verdad incómoda para los amantes de los portátiles en el aula. La evidencia demostró que los estudiantes que toman apuntes con ordenador tienden a hacer una transcripción literal. Como teclear es más rápido que escribir a mano, el estudiante intenta recoger cada palabra del profesor sin pasarla por el «filtro» de la comprensión. En cambio, el estudiante que usa papel se ve obligado a sintetizar la información en tiempo real, procesar y jerarquizar los conceptos y dibujar conexiones visuales. Este esfuerzo cognitivo adicional que impone la lentitud del papel es, precisamente, el que garantiza que el concepto quede entendido y no solo almacenado en un disco duro externo.

La memoria espacial

Otro pilar fundamental de la investigación actual es el liderado por Anne Mangen (Universidad de Stavanger). Sus estudios sobre la «lectura lineal» (2013/2019) explican por qué nos cuesta más entender y recordar un texto largo en una pantalla que en un libro: el cerebro humano es, por naturaleza, espacial.

Para recordar información, construimos mapas mentales. El papel ofrece claves espaciotemporales físicas: el grosor de las páginas que quedan a la izquierda frente a las de la derecha, la posición fija de un párrafo en la parte inferior de una hoja, la sensación táctil del papel. En el mundo digital, el fenómeno del scroll (deslizar hacia abajo) rompe este mapa. La información se vuelve volátil, dificultando la comprensión profunda de textos complejos.

Niños e idiomas

Las repercusiones didácticas son especialmente críticas en las etapas más tempranas del desarrollo. James & Engelhardt (2012) utilizaron la resonancia magnética funcional (fMRI) para observar cómo el cerebro de los niños reacciona a las letras. Descubrieron que solo cuando los niños dibujan las letras a mano se activa el «circuito de la lectura» (incluyendo el giro fusiforme). Si solo las ven en una pantalla o las seleccionan en un teclado, la activación es débil. La escritura manual, por tanto, es la que «prepara» al cerebro para aprender a leer.

Esto se traduce también al aprendizaje de idiomas en adultos. El estudio de Longcamp et al. (2008) confirmó que la memoria sensoriomotora del trazo ayuda a consolidar la forma de caracteres nuevos (como el alfabeto griego o el bengalí) mucho más rápido. El cuerpo aprende la forma de la letra y el cerebro la ancla en la memoria a largo plazo.

Conclusión: Escritura manual vs digital en el realismo híbrido

Estos hallazgos no se han quedado en el laboratorio; han provocado un giro en la política internacional. Finlandia, que durante años fue el referente mundial de la digitalización total, propone un equilibrio en la comparativa escritura manual vs digital

Las autoridades educativas finlandesas han observado una caída en los resultados de comprensión lectora y una pérdida de capacidad de concentración en los alumnos. Su posición actual no es eliminar la tecnología, sino adoptar un enfoque híbrido y psicoevolutivo. Esto implica:

  • Retorno al papel: Especialmente en la adquisición de la lectoescritura y en la comprensión de textos densos.
  • Protección de la infancia: Minimizar las pantallas en los primeros años de vida, donde la plasticidad cerebral es máxima y más vulnerable a la sobreestimulación.
  • Uso intencional: La tecnología se reserva para tareas donde aporta un valor añadido real (programación, investigación, creación multimedia), pero se recupera el silencio y la calma que ofrece el soporte analógico para el pensamiento profundo.

 

Un docente bajo el algoritmo, UDBA

10 de Abril 2026

¿Qué estudian los hijos de los dueños de la IA?

Mientras muchos corren a apuntarse a cursos de programación, inteligencia artificial o ciencia de datos, intentando no quedarse fuera de la próxima gran ola tecnológica, resulta que quienes están creando esa ola están tomando decisiones muy distintas para sus propios hijos. En un reciente artículo de Wall Street Journal publicado el pasado 26 de febrero se desveló un patrón educativo sorprendente.

 

El regreso a las humanidades, tener criterio

Durante años se nos ha repetido el mantra de que el futuro tecnológico exige aprender a programar cuanto antes mejor. Niños escribiendo código, adolescentes obsesionados con algoritmos, adultos reciclándose a marchas forzadas… cuando de pronto aparece una grieta en el relato.

Muchos ejecutivos de inteligencia artificial no empujan a sus hijos por el camino tecnológico sino que los animan a estudiar historia, filosofía o literatura. No porque ignoren la tecnología, sino porque la entienden mejor que nadie y saben que cambia demasiado rápido como para ser una apuesta segura.

En cambio, las humanidades y las mal llamadas softskills no caducan porque nos enseñan a pensar, a decidir y a actuar de acuerdo con los valores e intereses humanos. La IA es muy útil como herramienta pero las decisiones importantes deben mantenerse alineadas con la humanidad. Por lo tanto, tener criterio, o sea capacidad de ordenar, fundamentar y justificar la acción humana, se convierte en el activo personal más valioso.

 

El problema no es la IA, es creer que puedes ganarle

Hay una idea que sigue flotando en el ambiente: que el objetivo es adelantarse a la inteligencia artificial. Hacer cosas que ella no pueda hacer. Pero quienes la están construyendo no parecen muy convencidos de que esa sea una buena estrategia. Porque, siendo honestos, es una carrera difícil de ganar.

La IA ya escribe, diseña, traduce, analiza y programa, y lo hace cada vez mejor. Apostarlo todo a competir en ese terreno es, en muchos casos, jugar en campo contrario. Por eso el enfoque cambia: no se trata de ganarle, sino de complementarla.

Lo verdaderamente valioso será entender contextos complejos, tomar decisiones pese a la incertidumbre, relacionarse con otras personas y asumir responsabilidades. Es decir, hacer bien aquello que sigue siendo profundamente humano.

 

Generalistas: los nuevos perfiles de élite

Durante décadas, la consigna ha sido clara: especialízate o desaparece. Encuentra tu nicho, conviértete en experto en algo concreto. Sin embargo, la inteligencia artificial está empezando a especializarse mejor que nosotros. Y eso cambia completamente las reglas del juego.

Los perfiles más valiosos no son necesariamente los que saben mucho de una sola cosa. Son los que saben moverse entre varias disciplinas, conectar ideas y entender el contexto completo. Los generalistas, antes infravalorados, empiezan a tener una ventaja competitiva. Lo que no se puede dividir en tareas simples es mucho más difícil de automatizar. Por ello, empieza a cotizar más amplitud de miras que la especialización extrema.

 

La gran mentira de la “carrera segura”

Durante años hemos creído en la idea de la carrera segura. Ingeniería, medicina, derecho… caminos previsibles hacia un futuro estable. Pero quienes están en el corazón de la revolución tecnológica parecen desconfiar de esa promesa. No porque esas profesiones vayan a desaparecer, sino porque la estabilidad ya no funciona como antes.

El problema no es elegir mal, sino creer que puedes elegir una vez y olvidarte. El futuro no va de acertar a la primera, sino de adaptarte constantemente. Y eso implica asumir que el cambio no es una excepción, sino la norma. La seguridad, en este nuevo contexto, no está en la elección inicial, sino en la capacidad de reinventarse. Y eso exige una mentalidad completamente distinta a la que se ha enseñado durante décadas.

 

Cuanto más digital, más valor tiene lo humano

A medida que el mundo se digitaliza y automatiza ocurre algo paradójico: lo humano gana valor. La empatía, el criterio, la capacidad de comunicar o de interpretar situaciones complejas se vuelven más relevantes. En entornos donde las decisiones importan la responsabilidad seguirá recayendo en las personas.

 

El regreso inesperado de los oficios

En medio de tanta obsesión por lo digital, aparece otra sorpresa: el valor de los oficios. Electricistas, fontaneros, técnicos… profesiones que requieren presencia física y resolución de problemas en tiempo real. Trabajos que durante años han sido subestimados.

No son fácilmente automatizables ni escalables con software. Y eso, en el contexto actual, los convierte en sorprendentemente resilientes. En un mundo cada vez más virtual, lo tangible empieza a recuperar protagonismo. Puede que no sean profesiones glamourosas, pero tienen algo cada vez más valioso: estabilidad basada en la realidad física, no en sistemas digitales.

 

No se trata de evitar la IA

Sería un error interpretar todo esto como un rechazo a la tecnología. Estos dueños de la IA quieren que sus hijos entiendan la inteligencia artificial y sepan utilizarla. Saben que será una herramienta clave en cualquier ámbito pero hay una diferencia importante entre usar una herramienta y depender de ella. La clave no es construir sistemas de IA, sino interactuar con ellos de forma inteligente. Entender sus límites y saber cuándo cuestionarlos.

En un mundo donde cualquiera puede generar respuestas, el valor estará en saber interpretarlas. Y eso requiere criterio, no solo conocimiento técnico.

 

Entonces, ¿qué deberían estudiar?

No hay una respuesta clara, una carrera mágica ni un camino garantizado. No existe una fórmula que funcione para todos. Se  desplaza el foco desde la elección concreta hacia algo más importante: la mentalidad. La forma en que una persona aprende, se adapta y evoluciona con el tiempo. En lugar de buscar una respuesta única, la clave está en desarrollar herramientas que permitan navegar la incertidumbre.

 

La verdadera ventaja

Si hubiera que resumir todo en una idea, sería esta: la ventaja ya no está en lo que sabes, sino en cómo piensas, en tu capacidad de adaptarte, de aprender, de cuestionar y de conectar ideas, en tu habilidad para entender a otras personas. Eso es lo que no cabe fácilmente en un algoritmo y, precisamente por eso, es lo que más valor tendrá en el futuro.

 

La pregunta correcta

No se trata de qué estudian los hijos de los dueños de la IA, sino de por qué lo estudian. Y la respuesta apunta a una idea clara: no intentan adivinar el futuro, sino prepararse para él. Un futuro donde la única constante será el cambio, donde las máquinas harán cada vez más cosas, y donde, precisamente por eso, lo más valioso será aquello que sigue siendo difícil de automatizar; el factor humano.

 

Un Docente Bajo el Algoritmo, UDBA

22 de marzo de 2026

Entrevista a Mireia Portero, Premio Educa Abanca 2025

Mireia Portero Mejor Docente de España 2025

 

Mireia Portero es docente de Educación Primaria y jefa de estudios, además de formadora de profesorado y docente universitaria. Está especializada en metodologías activas, competencia digital docente, inteligencia artificial aplicada a la educación y liderazgo educativo, ámbitos en los que acompaña a centros y docentes en procesos de innovación y mejora pedagógica.

Su trabajo ha sido reconocido recientemente en los Premios EDUCA ABANCA – Mejor Docente de España en la categoría de Educación No Formal, un reconocimiento que nace de la propuesta del propio alumnado.

Conversamos con ella sobre innovación educativa, creatividad en el aula, el papel de la tecnología, la inteligencia artificial y los retos de enseñar en un mundo cada vez más digital.

 

En los últimos años se habla mucho de innovación educativa. Desde tu experiencia en el aula, ¿qué significa realmente innovar en educación?

A menudo cuando hablamos de innovación educativa pensamos inmediatamente en herramientas nuevas o en cambios muy visibles, pero en realidad innovar en educación tiene más que ver con la mirada pedagógica que con los recursos que utilizamos.

Desde mi experiencia en el aula, innovar significa replantearse cómo aprenden mejor los alumnos/as y diseñar experiencias que favorezcan un aprendizaje más activo, significativo y conectado con la realidad. No se trata tanto de hacer cosas completamente diferentes, sino de mejorar aquello que ya hacemos para que tenga más sentido para el alumnado.

Innovar también implica reflexionar sobre la propia práctica docente. Preguntarnos si lo que estamos haciendo realmente ayuda a los estudiantes a comprender, a pensar, a crear o a desarrollar habilidades que les serán útiles en el futuro.

En el fondo, innovar en educación es una actitud: mantener la curiosidad, observar lo que ocurre en el aula, aprender constantemente y estar dispuesto a ajustar y mejorar la manera en que acompañamos el aprendizaje.

 

Muchas veces se asocia la innovación a la tecnología. ¿Qué papel crees que debe tener realmente la tecnología dentro del aprendizaje?

La tecnología tiene un potencial enorme dentro de la educación, pero es importante entender que por sí sola no transforma el aprendizaje. Lo que realmente marca la diferencia es la pedagogía.

La tecnología debe entenderse como una herramienta que puede enriquecer las experiencias de aprendizaje: permite acceder a información de manera más flexible, crear contenidos más visuales, trabajar de forma colaborativa o adaptar actividades a diferentes ritmos de aprendizaje.

Sin embargo, su valor depende completamente de cómo se utilice. Incorporar tecnología sin una intención pedagógica clara puede quedarse en algo superficial o incluso convertirse en una distracción.

Por eso creo que la pregunta importante no es qué tecnología usamos, sino para qué la utilizamos. Cuando se integra con sentido educativo, la tecnología puede ampliar muchísimo las posibilidades del aula, pero el centro del proceso sigue siendo siempre el aprendizaje del alumnado y el criterio pedagógico del docente.

 

Trabajas mucho con metodologías activas como la gamificación o el aprendizaje basado en proyectos. ¿Qué cambia en el aula cuando el alumnado pasa a tener un papel más protagonista?

Cuando el alumnado asume un papel más activo en su aprendizaje cambia completamente la dinámica del aula. El estudiante deja de ser únicamente receptor de información y pasa a participar en el proceso: investiga, toma decisiones, resuelve retos, crea y colabora con sus compañeros/as.

Esto suele generar un cambio muy visible en la implicación. Cuando los alumnos/as sienten que forman parte del proceso y que lo que hacen tiene sentido, la motivación y la participación aumentan considerablemente.

Metodologías como la gamificación o el aprendizaje basado en proyectos ayudan a plantear situaciones en las que el aprendizaje se vive de forma más experiencial. El alumnado no solo escucha o memoriza, sino que aplica conocimientos, conecta ideas y trabaja habilidades como la resolución de problemas o el trabajo en equipo.

Además, este enfoque permite desarrollar competencias que hoy son fundamentales, como el pensamiento crítico, la creatividad o la autonomía. En definitiva, el aprendizaje deja de ser algo que simplemente se recibe y pasa a ser algo que se construye.

 

La motivación del alumnado es uno de los grandes retos actuales. ¿Qué estrategias funcionan mejor para despertar la curiosidad y el interés por aprender?

La motivación está muy relacionada con el sentido que el alumnado encuentra en lo que hace. Cuando un estudiante percibe que una actividad tiene propósito, que le plantea un reto interesante o que le permite participar activamente, su implicación suele aumentar de forma natural.

Una estrategia que funciona muy bien es plantear el aprendizaje a través de retos o preguntas que despierten curiosidad. En lugar de empezar por la explicación, empezar por el problema o el desafío hace que los estudiantes quieran encontrar la respuesta.

También es importante dar cierto margen de autonomía. Cuando el alumnado puede tomar decisiones, explorar o aportar ideas propias, se siente más implicado en el proceso.

Otro factor clave es el clima del aula. Cuando los estudiantes se sienten seguros, escuchados y valorados, participan más y se atreven a probar, equivocarse y aprender.

En el fondo, despertar la curiosidad no tiene que ver sólo con hacer las clases más entretenidas, sino con diseñar experiencias de aprendizaje donde el alumnado se sienta protagonista y donde aprender tenga realmente sentido para ellos.

 

Hoy los estudiantes crecen en un entorno completamente digital. ¿Cómo influye esto en su forma de aprender y qué retos plantea para los docentes?

Los estudiantes de hoy han crecido en un entorno donde la información está disponible de forma inmediata y donde los estímulos son constantes. Esto influye en su manera de relacionarse con el conocimiento, con la tecnología y también con el propio proceso de aprendizaje.

Por un lado, tienen una gran capacidad para moverse en entornos digitales, buscar información o utilizar herramientas tecnológicas con mucha naturalidad. Pero al mismo tiempo, eso no significa necesariamente que sepan interpretar esa información, analizarla o utilizarla con criterio.

Aquí aparece uno de los grandes retos para la educación actual: no se trata solo de enseñar contenidos, sino de desarrollar habilidades como el pensamiento crítico, la capacidad de seleccionar información fiable o la competencia digital.

Para los docentes, esto implica repensar muchas dinámicas de aula. Si la información está a un clic, el valor ya no está únicamente en transmitirla, sino en ayudar al alumnado a comprenderla, contextualizarla y transformarla en conocimiento.

 

La Inteligencia Artificial ha entrado con fuerza en la educación. ¿Cómo puede ayudar realmente al profesorado y qué precauciones debemos tener?

La Inteligencia Artificial es una herramienta que puede tener un impacto muy interesante en la práctica docente si se utiliza con criterio pedagógico. Puede ayudar, por ejemplo, en la creación de materiales, en la adaptación de actividades a diferentes niveles o en la generación de ideas para trabajar determinados contenidos.

También puede facilitar algunas tareas que consumen mucho tiempo al profesorado, como preparar recursos, estructurar actividades o revisar determinados aspectos de las producciones del alumnado. Esto puede permitir que el docente dedique más tiempo a lo realmente importante: acompañar el proceso de aprendizaje.

Sin embargo, también es importante tener en cuenta algunos riesgos. La IA puede generar información incorrecta o fomentar una dependencia excesiva si no se utiliza de manera crítica.

Por eso, uno de los retos educativos actuales es enseñar al alumnado a utilizar estas herramientas con responsabilidad: saber contrastar la información, entender cómo funcionan y desarrollar una mirada crítica hacia los resultados que generan.

 

Además de docente, también trabajas formando a otros profesores. ¿Cuáles son las inquietudes o necesidades que más te transmiten los docentes hoy?

Cuando trabajo con docentes en formaciones o talleres, hay una inquietud que aparece de forma muy recurrente: cómo adaptarse a un contexto educativo que cambia cada vez más rápido.

Muchos profesores sienten interés por incorporar nuevas metodologías, trabajar con tecnología o entender mejor herramientas como la Inteligencia Artificial, pero al mismo tiempo buscan propuestas que sean realistas y aplicables en su día a día.

Otra necesidad muy habitual es encontrar estrategias para aumentar la motivación del alumnado y mejorar la implicación en el aula. Los docentes perciben claramente que las dinámicas de aprendizaje han cambiado y quieren explorar formas de conectar mejor con los estudiantes.

También aparece con frecuencia la necesidad de compartir experiencias con otros profesionales. La formación docente no solo aporta herramientas, sino que genera espacios de reflexión muy valiosos donde el profesorado puede intercambiar ideas, dudas y buenas prácticas.

 

Has sido reconocida recientemente en los Premios EDUCA ABANCA como Mejor Docente de España en la categoría de Educación No Formal. ¿Qué ha significado para ti este reconocimiento y cómo influye en tu forma de entender la educación?

Recibir el reconocimiento en los Premios EDUCA ABANCA como Mejor Docente de España en Educación No Formal ha sido una experiencia muy especial, sobre todo por el origen del premio. En estos galardones son los propios alumnos/as (y en algunas etapas también las familias) quienes proponen a los docentes, y eso le da un valor emocional muy grande.

Más allá del reconocimiento personal, lo viví sobre todo como una confirmación de que el trabajo que hacemos desde la educación tiene impacto real en las personas. Muchas veces la labor docente es silenciosa y sus resultados no siempre son inmediatos, por lo que momentos como este te recuerdan el sentido profundo de la profesión.

También lo siento como un reconocimiento compartido. En educación nada se construye en solitario. Detrás de cualquier proyecto hay alumnado, compañeros, equipos educativos y muchas personas que contribuyen a que las ideas se conviertan en experiencias de aprendizaje.

Y, en cierto modo, este tipo de reconocimientos también generan una responsabilidad: seguir aprendiendo, seguir innovando y continuar intentando aportar valor desde la educación y la formación docente.

 

En muchas ocasiones se habla de contenidos y resultados académicos, pero menos del clima del aula. ¿Qué importancia tiene el vínculo entre docente y alumnado?

El clima del aula es un factor absolutamente determinante en el aprendizaje, aunque a veces no se le dé toda la importancia que merece. Antes de que se produzca cualquier aprendizaje significativo, tiene que existir un entorno donde el alumnado se sienta seguro, escuchado y respetado.

El vínculo entre docente y alumnado influye directamente en la motivación, la participación y la confianza. Cuando un estudiante percibe que su profesor/a le acompaña, le entiende y cree en sus capacidades, es mucho más probable que se implique en el proceso de aprendizaje.

Además, el clima de aula también afecta a la convivencia, a la gestión de los errores y a la forma en que los alumnos/as afrontan los retos. Un entorno donde equivocarse forma parte del aprendizaje favorece mucho más la curiosidad y la experimentación.

En el fondo, más allá de metodologías o herramientas, el aprendizaje siempre tiene una dimensión profundamente humana. Y ese vínculo entre docente y alumnado es uno de los elementos que más impacto puede tener en el desarrollo de los estudiantes.

 

A lo largo de tu trayectoria has impulsado proyectos educativos muy diversos. ¿Qué tienen en común las experiencias de aprendizaje que realmente funcionan?

Si hay algo que comparten las experiencias de aprendizaje que realmente funcionan es que tienen sentido para el alumnado. Cuando una propuesta conecta con su curiosidad, con sus intereses o con situaciones más cercanas a la realidad, la implicación suele ser mucho mayor.

También suelen tener un componente activo. El alumnado no se limita a recibir información, sino que investiga, crea, toma decisiones o resuelve retos. Este tipo de participación hace que el aprendizaje sea más profundo y más duradero.

Otro elemento común es el componente emocional. Cuando una experiencia genera sorpresa, curiosidad o sensación de logro, se recuerda mucho más. El aprendizaje no es solo un proceso cognitivo, también está muy ligado a la emoción.

Y, por último, las propuestas que funcionan suelen estar bien diseñadas pedagógicamente. No se trata solo de hacer actividades atractivas, sino de que exista coherencia entre los objetivos de aprendizaje, las actividades que se plantean y la forma en que se evalúa.

 

Mirando hacia el futuro, ¿qué crees que debería aprender el alumnado hoy para estar preparado para el mundo que viene?

Creo que el gran reto de la educación hoy no es solo transmitir conocimientos, sino preparar a los estudiantes para desenvolverse en un mundo cada vez más complejo y cambiante.

Más allá de los contenidos, hay competencias que cada vez tienen más peso. El pensamiento crítico es una de ellas: la capacidad de analizar información, contrastar fuentes y formarse un criterio propio es fundamental en un contexto donde la información es abundante y no siempre fiable.

También serán cada vez más importantes habilidades como la creatividad, la resolución de problemas, la comunicación o el trabajo en equipo. Muchas de las profesiones del futuro exigirán precisamente este tipo de competencias.

A esto se suma la competencia digital y la capacidad de adaptarse a nuevas tecnologías, como la inteligencia artificial, que ya forman parte de nuestra realidad.

En definitiva, el objetivo de la educación no es sólo preparar para un examen o para una etapa concreta, sino formar personas capaces de seguir aprendiendo a lo largo de toda su vida.

 

Recientemente has coordinado el libro Más allá del juego: Gamificando de la A a la Z. ¿Cómo surgió este proyecto y qué puede encontrar el profesorado en sus páginas?

Coordinar Más allá del juego: Gamificando de la A a la Z ha sido una experiencia muy especial. El libro nace con la idea de reunir experiencias reales de docentes que están aplicando la gamificación en sus aulas y compartirlas de una forma práctica y accesible para otros profesores/as.

A veces la gamificación se entiende simplemente como “jugar en clase”, pero en realidad implica diseñar experiencias de aprendizaje donde aparecen elementos del juego como retos, narrativa, misiones o progresión. Bien planteada, puede aumentar mucho la implicación del alumnado y favorecer aprendizajes más significativos.

En el libro participan más de veinte docentes que comparten proyectos, ideas y reflexiones desde diferentes etapas educativas. Eso hace que el libro tenga una mirada muy diversa y muy conectada con la realidad del aula.

Además, el proyecto tiene también una dimensión solidaria que para mí era muy importante. Los beneficios del libro se destinan a la Fundación Aladina, que realiza una labor extraordinaria apoyando a niños y adolescentes con cáncer. Poder unir educación, innovación y solidaridad ha sido, sin duda, una de las partes más bonitas del proyecto.

 

Para terminar, ¿qué mensaje te gustaría compartir con los docentes que buscan seguir innovando en sus aulas?

Quizá el mensaje más importante sería recordar que innovar no significa hacer siempre cosas grandes o complejas. A veces pequeños cambios en la manera de plantear una actividad, en la forma de preguntar o en cómo implicamos al alumnado pueden tener un impacto enorme.

También es importante no perder la curiosidad. La educación está en constante evolución y la actitud de seguir aprendiendo, explorando y compartiendo con otros docentes es una de las claves para seguir creciendo profesionalmente.

Al mismo tiempo, creo que conviene no obsesionarse con las modas educativas. Cada aula es diferente y lo más importante es adaptar las metodologías y las herramientas al contexto real de nuestros estudiantes.

Y, sobre todo, no olvidar que el centro de todo es siempre el alumnado. Más allá de metodologías, tecnología o recursos, la educación tiene que ver con acompañar, inspirar y ayudar a cada estudiante a descubrir de qué es capaz.

Docentes bajo el algoritmo

Vivimos en un mundo inundado de información donde los algoritmos empiezan a arbitrar qué sabemos y cómo decidimos. A medida que los nuevos oráculos de internet despliegan su autoridad invisible, los docentes tomamos mayor conciencia de la importancia de nuestro rol como contrapeso en favor del pensamiento crítico de las jóvenes generaciones.

Durante siglos, la información relevante circulaba a través de instituciones y figuras con autoridad reconocida: maestros, científicos, bibliotecarios, editores o periodistas. El conocimiento se transmitía mediante comunidades de expertos, procesos de verificación y tradiciones intelectuales consolidadas. Hoy, en cambio, una parte creciente de nuestro contacto con el conocimiento se produce a través de motores de búsqueda, plataformas digitales y, cada vez más, sistemas de inteligencia artificial como los grandes modelos de lenguaje.

Este cambio no es solo tecnológico; implica también una transformación profunda en la manera en que se construye la autoridad informativa. Cada vez delegamos más en algoritmos tareas que antes correspondían a personas o instituciones: seleccionar información, ordenarla según su relevancia o formular respuestas a preguntas complejas. En este contexto, la educación —y especialmente la figura del docente— adquiere un papel fundamental para formar ciudadanos capaces de interpretar críticamente la información y comprender los sistemas que la producen.

El desplazamiento de la autoridad: del humano al algoritmo

Históricamente, la autoridad en materia de conocimiento residía en la tradición, en instituciones consolidadas o en la deliberación racional de los individuos. Hoy asistimos a una transformación cultural profunda que el historiador y pensador Yuval Noah Harari describe como el paso del humanismo a una nueva ideología que denomina dataísmo.

En obras como Homo Deus: A Brief History of Tomorrow o 21 Lessons for the 21st Century, Harari sostiene que las sociedades contemporáneas tienden a confiar cada vez más en sistemas capaces de procesar grandes volúmenes de información. Estos sistemas pueden tomar decisiones más rápidas —y aparentemente más eficientes— que los humanos, lo que genera la tentación de delegar en ellos parte de nuestra capacidad de juicio.

Según esta lógica, el valor central ya no sería la conciencia humana, sino el flujo de datos y la capacidad de analizarlos. Harari advierte, sin embargo, que esta evolución plantea una cuestión crucial:  ¿quién controla los algoritmos que organizan la información global?. En diversas ocasiones ha señalado que estos sistemas pueden llegar a “controlar nuestras conversaciones y decidir qué vemos y en qué pensamos”. La cuestión política clave del siglo XXI será, por tanto, determinar quién se sitúa por encima del algoritmo y quién queda subordinado a él.

Este desplazamiento de autoridad ya es visible en la vida cotidiana. Los algoritmos influyen en las noticias que leemos, en los productos que se nos recomiendan, en las personas que aparecen en aplicaciones de citas o en decisiones económicas como inversiones o concesiones de crédito. Cada vez más decisiones personales y sociales pasan por sistemas automatizados cuya lógica permanece opaca para la mayoría de los usuarios.

Cuando los algoritmos toman decisiones

Este fenómeno ha sido analizado en profundidad por la matemática y auditora algorítmica Cathy O’Neil en su libro Weapons of Math Destruction (Armas de destrucción matemática). O’Neil muestra cómo ciertos sistemas algorítmicos, diseñados para optimizar procesos, pueden acabar reproduciendo y amplificando desigualdades sociales.

Algoritmos utilizados para seleccionar candidatos a un empleo, calcular el riesgo crediticio o diseñar estrategias policiales pueden producir decisiones difíciles de comprender y de cuestionar. Según O’Neil, muchos de estos sistemas funcionan como auténticas “cajas negras”: generan resultados que afectan profundamente a las personas sin que estas puedan conocer los criterios que se han aplicado.

Cuando esto ocurre, la autoridad decisoria se desplaza silenciosamente desde instituciones y procesos deliberativos hacia sistemas tecnológicos gestionados en muchos casos por empresas privadas. Esta opacidad refuerza la necesidad de una nueva alfabetización ciudadana orientada a comprender cómo funcionan los algoritmos que estructuran el espacio digital.

Los modelos de lenguaje y sus límites

Los grandes modelos de lenguaje han introducido una nueva interfaz del conocimiento. A diferencia de los motores de búsqueda tradicionales, que ofrecen listas de enlaces, estos sistemas generan directamente respuestas textuales a las preguntas de los usuarios, actuando como interlocutores aparentemente expertos.

Su potencial educativo es enorme, pero también presentan limitaciones importantes. Una de las más conocidas es el fenómeno de las alucinaciones. Dado que estos sistemas predicen secuencias lingüísticas y no verifican hechos, pueden generar información incorrecta con una seguridad expresiva notable. Pueden inventar referencias, datos históricos o explicaciones científicas con una apariencia plenamente creíble.

A este problema se suma la contaminación del conocimiento: la degradación progresiva de los datos de entrenamiento cuando los modelos aprenden de contenido generado por otras inteligencias artificiales. El divulgador tecnológico Jon Hernández lo explica con un ejemplo sencillo: si internet se llena de textos producidos por IA y los nuevos modelos se entrenan con ese mismo material, se crea un ciclo de retroalimentación donde la IA aprende de contenidos artificiales, reduciendo gradualmente la diversidad y la precisión del conocimiento disponible.

El educador como arquitecto del pensamiento crítico

Ante este escenario, el papel del docente se transforma profundamente. Ya no es solo un transmisor de contenidos, sino un guía en el desarrollo del pensamiento crítico dentro de un ecosistema informativo cada vez más mediado por algoritmos.

El estudiante ya no se limita a buscar información: interactúa con sistemas que filtran, ordenan e incluso generan el conocimiento que recibe. Comprender esta mediación es esencial para formar ciudadanos autónomos.

Para ello, el docente debe fomentar tres competencias fundamentales: verificación activa de la información, análisis de sesgos en los sistemas algorítmicos y una ética de la decisión que recuerde que la responsabilidad última —personal, económica o moral— debe seguir siendo humana.

Educar para preservar la autonomía humana

Si decisiones tan relevantes como informarnos, invertir, trabajar o establecer relaciones están cada vez más mediadas por algoritmos, el desafío principal consiste en preservar la autonomía del juicio humano.

En este contexto, la educación se convierte en una de las instituciones más importantes para mantener el equilibrio entre innovación tecnológica y libertad ciudadana. Educar ciudadanos críticos implica enseñarles a contrastar fuentes, cuestionar la máquina cuando sea necesario y valorar la reflexión frente a la inmediatez algorítmica.

Lejos de perder relevancia, el docente se vuelve una figura todavía más necesaria: un mediador entre tecnología y conocimiento capaz de ayudar a los estudiantes a distinguir entre información y verdad, entre automatización y criterio.

En una sociedad cada vez más gobernada por algoritmos, preservar el pensamiento crítico no es solo una tarea pedagógica. Es una condición esencial para la democracia y para la libertad humana.

 

Un Docente Bajo el AlgoritmoUDBA

11 de marzo de 2026

Enseña a tus alumnos a buscar su propósito

OXFORD CHALLENGE – Actividad 1

 

En el día a día del aula, a veces necesitamos centramos tanto en los contenidos que es posible que quizás no nos quede tiempo para algo esencial: cómo se sienten nuestros alumnos y alumnas. Una manera sencilla —y muy potente— de poder trabajar el bienestar emocional es abrir un espacio para hablar de metas personales, de buscar su propósito.

Desde Aula de Papel proponemos una actividad muy fácil de aplicar. Pide a cada estudiante que piense en algo que le gustaría conseguir este curso, a buscar su propósito. No tiene que ser una meta enorme: puede ser mejorar en una asignatura, atreverse a participar más, organizarse mejor, hacer nuevos amigos o sentirse más seguro en clase.

Después, invítales a escribir en su cuaderno:

  • Qué quiero conseguir.

  • Por qué es importante para mí.

  • Cómo me sentiré si lo logro.

  • Cómo me sentiré si me cuesta o no lo consigo al principio.

Aunque parece una propuesta simple, fijarse una meta tiene un impacto emocional es grande. Ayuda al alumnado a poner nombre tanto a sus ilusiones como a sus miedos. Cuando imaginan cómo se sentirían al lograr su meta, refuerzan su motivación y su autoestima. Y cuando contemplan que quizá no les salga a la primera, aprenden algo fundamental: la frustración también forma parte del proceso y no significa que estén fallando.

Si algunos quieren compartirlo en voz alta, se crea un clima especialmente valioso en el aula. Descubren que muchas preocupaciones se repiten, se sienten más comprendidos y se fortalece el sentimiento de grupo. Esto reduce la presión, mejora la convivencia y convierte la clase en un espacio emocionalmente más seguro.

Además, esta dinámica es una herramienta clave para enseñar resiliencia: el alumnado entiende que las dificultades son normales y que avanzar no siempre es lineal. En conjunto, la actividad promueve el bienestar emocional porque invita a conocerse mejor, a ilusionarse con el futuro y a desarrollar una mirada más positiva sobre las propias capacidades. Tener metas no solo impulsa el aprendizaje académico: también fortalece la salud mental al aportar sentido, esperanza y motivación.

Entrevista a Pablo R Coca, autor de Occi y Morons y embajador del Oxford Challenge

La 4ª edición del Oxford Challenge se pone en marcha, brindando a los alumnos de diversas escuelas la oportunidad de expresar su creatividad a través del dibujo, a la vez que reflexionar sobre un ámbito de la salud mental.
La temática de este año, “El poder del entorno seguro”, invita a explorar cómo un ambiente y relaciones de confianza influyen en el desarrollo personal.

Para acompañar a los participantes, contamos con Pablo, psicólogo sanitario y creador de los personajes Occi y Morons (@occimorons), autor de los libros “esas cosas que nos pesan” (Penguin, 2021), “Durante la tormenta: un libro sobre acompañarnos” (Penguin, 2023) y “Las vidas que construimos cuando todo se derrumba” (Planeta 2025) con quien hablamos sobre creatividad, aprendizaje y la importancia de fomentar entornos seguros que permitan a los niños crecer y desarrollarse plenamente.

 

Pablo, trabajas como psicólogo sanitario y también como autor de los personajes Occi & Morons. ¿Cómo conviven esas dos facetas creativas y profesionales en tu día a día? ¿De qué manera se retroalimentan?

Tanto las viñetas como la terapia conviven de una forma muy natural. Mi trabajo en consulta me conecta cada día con problemáticas de familias, adolescentes y adultos: miedos, inseguridades, conflictos, preguntas difíciles de sostener… Occi y Morons nacen precisamente de ahí, de intentar poner palabras, imágenes y metáforas a todo lo que muchas veces cuesta explicar. Además, uso mucho mis libros en consulta porque ayudan a los pacientes a generar conciencia y cambio sobre sus procesos.

 

Cuando te presentamos el Oxford Challenge y su propósito, ¿qué fue lo primero que pensaste? ¿Qué te atrajo del concurso como profesional de la salud mental y como creador?

Lo primero que pensé fue: “Esto tiene sentido”. Para mí es muy importante que las propuestas en las que colaboro estén alineadas con mis valores. Por eso decidí ser embajador de esta edición del concurso y hacer llegar el poder de las viñetas a más personas. Además, el arte es una herramienta fundamental para conectar con aquello que nos pasa y para cuidar nuestra salud mental. 

Como psicólogo y viñetista visito centros educativos de toda España para impartir charlas, talleres y formaciones de salud mental y en todo lo que hago, las viñetas son un pilar muy importante. El lenguaje gráfico da mucho juego para abrir debate, reflexionar o tomar conciencia de nuestra realidad. Todas las viñetas tienen detrás un proceso de reflexión, análisis y síntesis. Por eso, me parece muy interesante que el concurso, además de incentivar con premios, enriquezca a cada alumno/a de cada aula que trabaje con la guía para ser más consciente de la importancia del entorno seguro. Además, la libertad para elaborar los materiales ha sido absoluta y eso también es algo que valoro mucho.

 

Este año, el Oxford Challenge gira en torno a “El poder del entorno seguro”. Desde tu experiencia en terapia con familias, adolescentes y niños, ¿qué elementos son esenciales para crear un entorno realmente seguro para ellos?

Hay varios elementos que son esenciales para crear un entorno realmente seguro:

– Adultos emocionalmente disponibles, que sean capaces de sostener, escuchar y regular las emociones sin reaccionar desde el miedo, la prisa o invalidarlas.
– Vínculos estables y predecibles, donde el niño tiene claro lo que se espera de él y sabe a qué atenerse y no duda de que será cuidado.
– Espacios donde pueda expresar lo que siente, sin burla, castigo ni minimización.
– Límites claros y respetuosos, porque la seguridad no es ausencia de normas, sino coherencia.

Es importante remarcar que un entorno seguro no elimina las dificultades, pero da una base firme desde la que niños y adolescentes pueden explorar, equivocarse, pedir ayuda y crecer. Por ello, si hablamos de las aulas, el poder del entorno seguro está en crear espacios donde cada alumno pueda ser quien es sin miedo, sabiendo que, si algo pasa, habrá alguien que lo crea y le sostenga. Y para esto, es esencial generar espacios de diálogo y reflexión como los que se proponen en la guía que he elaborado junto a Oxford.

 

El concurso combina creatividad, aprendizaje emocional y participación colectiva. ¿Cómo valoras este formato y qué crees que aporta a los alumnos que quizá no ofrecen otros métodos más tradicionales?

Este formato llega a lugares donde otros métodos no llegan. No todos los niños ni adolescentes aprenden igual ni se expresan igual. La creatividad abre una puerta distinta a lo emocional y a lo vivencial. Trabajar de manera colectiva ayuda a vernos reflejados en los demás, a que lo que nos pasa puede también estar pasándole a mi compañero/a y, que, nuestras ideas se pueden complementar con las ideas de los demás. Eso refuerza habilidades sociales, empatía y sentido de pertenencia, aspectos clave para la salud mental. Además, al ser un proceso compartido en el aula, se genera diálogo y aprendizaje colectivo, algo clave para construir entornos seguros.

 

En consulta, ¿cuáles son los desafíos emocionales más frecuentes que ves en niños y jóvenes hoy en día? ¿Qué papel juega el entorno escolar en su bienestar psicológico?

En consulta, los desafíos emocionales más frecuentes que veo son los problemas de ansiedad, miedos, autoexigencias, baja autoestima, problemas de regulación emocional, duelos, dificultades en las relaciones y en los vínculos seguros… 

El entorno escolar juega un papel clave en el bienestar psicológico. No solo en lo relativo al rendimiento académico, sino por todo lo que tiene que ver con el clima emocional, ese aire del que hemos hablado antes, y en el que pasan muchas horas los niños/as. Este clima emocional tiene que ver con cómo se gestionan los conflictos en el centro, si hay espacios de debate y escucha, si el alumnado se siente visto y seguro, si los errores se acompañan… Un colegio puede convertirse en un gran factor de protección para la salud mental cuando ofrece seguridad, coherencia y vínculos significativos; o, por el contrario, puede ser un factor de riesgo si solo importa el rendimiento académico y se deja de fuera todo lo demás. 

 

El Oxford Challenge invita a los alumnos a expresarse a través del dibujo. ¿Por qué crees que el arte y la creatividad son herramientas tan potentes para el aprendizaje emocional?

Desde la evidencia en psicología sabemos que el arte y la creatividad son herramientas esenciales para el aprendizaje emocional. Las experiencias emocionales se codifican en gran parte de forma sensorial, corporal y simbólica, y el arte permite acceder a ese registro sin exigir que la persona sepa explicarse bien desde el principio. La investigación en neurociencia y psicología del desarrollo muestra que cuando dibujamos, creamos historias o usamos metáforas visuales, se activan circuitos implicados en la regulación emocional y en la integración de la experiencia. Esto facilita que emociones difíciles de transitar como son el miedo, la vergüenza o la tristeza puedan expresarse de manera segura, sin tener que exponerse contando aquello que nos pasa y sin sentirnos juzgados. Escribir o dibujar permite acercarse a lo que nos duele sin que nos desbordemos. Además, el arte nos permite dar forma a lo vivido, podemos reinterpretar, transformar o reparar aquello que nos ha pasado para vivirlo de una manera menos dolorosa.

 

El proyecto incluye una guía didáctica para que los profesores trabajen temas de gestión emocional en el aula. Desde tu experiencia, ¿qué importancia tiene ofrecer herramientas concretas a los docentes? ¿Qué destacarías de esta propuesta?

No es la primera guía que elaboro para los docentes. La primera fue la guía de lectura para trabajar la salud mental en el aula a través de mi libro “esas cosas que nos pesan” (está disponible en Google). El profesorado agradece mucho este tipo de materiales porque, al estar hechos por profesionales de la salud mental, también les da seguridad a la hora de plantear cómo abordar este tema en clase. La salud mental ha estado muy abandonada en lo educativo por mucho tiempo y es ahora cuando hay una gran necesidad de elaborar programas de promoción y prevención con actividades y recursos que ayuden a los menores a tomar conciencia de la importancia de estos temas. Lo que más destaco de la propuesta es que, más allá de un concurso y de los premios asignados, permite que toda la clase se beneficie de la propuesta y se generen espacios de diálogo y reflexión sobre la importancia de los espacios seguros.

 

Este concurso culmina con que los dibujos ganadores se pintan en las paredes del colegio junto a un artista. ¿Qué impacto crees que tiene para los niños ver su obra convertida en algo colectivo y permanente?

Como niño que fui y que ganó algún que otro concurso artístico, que se reconozcan las habilidades artísticas igual que se reconocen otro tipo de competencias me parece muy importante. El impacto que este tipo de iniciativas puede tener en los alumnos/as puede ser muy positivo, además, debe ser muy emocionante que el alumno ganador vea esa viñeta que creó en un folio como una actividad de clase pintada en un mural de su colegio y haciendo visible su mensaje para toda la comunidad educativa.

 

Como autor de Occi & Morons, ¿qué aprendizajes sobre la infancia, la curiosidad y el pensamiento creativo te ha dado la experiencia de observar y narrar situaciones a través de tus personajes?

Occi y Morons me han ayudado a darme cuenta de cosas de las que antes no era muy consciente y me han permitido hacerme nuevas preguntas que me han llevado a crear nuevas viñetas e historietas como una forma darle una posible respuesta. También me han dado a ver la importancia del diálogo, porque nos construimos a partir del diálogo que tenemos con los demás, pero también con el diálogo que tenemos con nosotros mismos. La gran mayoría de mis viñetas son un diálogo entre Occi y Morons donde se dan a ver nuevas posibilidades u otras formas de ver las cosas de una manera mucho más amable. Mi trabajo es ese, señalar lo que hemos asumido como norma, cuestionarlo y ofrecer la posibilidad de pensarlo diferente.

 

Según tu experiencia, ¿qué hace que un colegio no solo enseñe, sino que también trabaje la gestión emocional de los alumnos?

El entorno seguro en los centros educativos es algo que se construye día a día por toda la comunidad docente pero también por parte de las familias y de los alumnos/as. Y, por supuesto, requiere de implicación, ganas, esfuerzo y compromiso. Esto es algo que trabajo en mis talleres y formaciones con docentes y familias. Por eso, un colegio que trabaja la gestión emocional de los alumnos/as es un centro que la tiene integrada en su día a día, es decir, no es solo trabajar una guía de actividades sobre las emociones, es abordar lo emocional cuando hay un conflicto en clase. También es importante incidir en ir más allá de la conducta entendiendo que detrás de ella puede haber un gran sufrimiento y esto no quiere decir que los actos no tengan consecuencias, sino que no podemos olvidarnos de esa otra parte que necesita ser acompañada.

 

Las familias a menudo preguntan cómo pueden apoyar a sus hijos ante retos emocionales, escolares o sociales. ¿Qué consejos sencillos darías para fortalecer la autoestima y seguridad de un niño en casa?

En mis talleres y formaciones hablo mucho de la importancia del vínculo. Acompañar a un niño no empieza mirando al niño, sino mirándonos como adultos, mirando al niño que fuimos. Si hablamos de autoestima y seguridad en los niños, esta nace del vínculo. Por eso, cuando un adulto revisa sus miedos, exigencias o formas de reaccionar, puede empezar a estar más disponible emocionalmente para sus hijos/as. ¿Qué sentido tiene pretender manejar la frustración de nuestros hijos si no sabemos cómo gestionar la nuestra? Una vez seamos conscientes de todo esto, el siguiente paso sería preguntarnos qué emociones nos generan las emociones de nuestros hijos/as. Quizá nos generan rechazo, miedo, tristeza, ansiedad o vergüenza. Algo tendremos que hacer primero con todo eso para poder acercarnos a ellos de una manera más sana. Llegados a este punto, me parece importante hablar de que la disponibilidad emocional es la capacidad que tienen los adultos para estar presentes y poder sostener las emociones de los niños. De esto hablo en mi libro Durante la tormenta que trata sobre la importancia de acompañar en la salud mental. Para que quede claro, un vínculo seguro no evita las dificultades, pero le da al niño una base firme desde la que explorar, fallar, pedir ayuda y volver a intentarlo. Una vez entendido esto, podemos empezar a dar siguientes pasos cómo es la escucha activa, la validación, los límites o la confianza.

 

El concurso invita a reflexionar sobre el entorno seguro mediante la expresión artística. ¿Qué te parece esta forma de unir creatividad y educación emocional?

Me parece fundamental y muy necesaria. Abordar la importancia del entorno seguro a través de la expresión artística permite salirse de la norma académica y conectar con lo que los niños sienten, no solo con lo que saben. El arte ofrece un lenguaje alternativo lleno de posibilidades capaces de transformar las aulas y los centros y que, desgraciadamente tenemos muy olvidado.

 

Para concluir, ¿qué consejo darías a los niños y a los profesores sobre cómo crear un entorno seguro y creativo en el colegio?

Como decía antes, esto es un trabajo diario que compromete a toda la comunidad educativa. Me quedaría con algo clave: no es posible ejercer violencia en un aula que no permite la violencia. Y esto se construye en el día a día, en esos pequeños gestos cotidianos. De esta ide nace la portada de esta edición que habla sobre la importancia de ser amable y la importancia de cómo hacemos sentir a los demás.

A los niños, os diría que cuidar a los demás también es una forma de cuidarse, que pedir ayuda es algo muy valiente y que vuestra voz importa. Que habléis cuando creáis que algo no está bien. 

A los profesores, que el clima emocional del aula es tan educativo como cualquier contenido, que generar seguridad abre la puerta a la creatividad, al aprendizaje y al vínculo y que si estáis leyendo esta entrevista y vais a llevar a cabo las actividades con tu clase: GRACIAS por ser parte del cambio, por querer dejar ese granito, por tomarte enserio la importancia de la salud mental.

Y por supuesto, no me olvidaría de las familias. Son esenciales en todo este camino.

Enseñar a estudiar en 2026: técnicas con respaldo científico y recursos Oxford para el aula

Rendir bien no depende solo de cuántas horas estudias, sino de cómo las aprovechas. La investigación en psicopedagogía lleva años señalando lo mismo: hay técnicas que funcionan mejor porque ayudan a recordar a largo plazo, entender de verdad y reducir la sensación de saturación.

Aquí van algunas de las estrategias más respaldadas por la evidencia y cómo puedes aplicarlas con herramientas de Oxford para hacerlo más fácil (y más constante) este 2026.

1) Práctica de recuperación: el hábito que más mejora resultados

Es, básicamente, intentar recordar sin mirar. Parece simple, pero es potentísimo: entrenas la memoria y refuerzas lo aprendido.

Puedes hacerlo de formas muy rápidas:

  • explicarte el tema en voz alta, 
  • responder preguntas, 
  • usar flashcards. 

Con Oxford: las Flashcards Oxford te permiten convertir cualquier tema en preguntas/definiciones/ejemplos, y si las escaneas con Scribzee, puedes repasarlas desde el móvil cuando tengas un rato (y repetir las que más fallas).

2) Repetición espaciada: estudiar menos “de golpe”, recordar más

En vez de hacerlo todo en una tarde, separas los repasos en varios días. Esto mejora la retención y baja muchísimo la sensación de “me lo sé hoy, mañana no”.

Con Oxford: organiza repasos cortos (10–15 min), apóyate en flashcards (físicas o en Scribzee) y guarda tus apuntes escaneados para revisarlos en intervalos.

3) Mapas conceptuales: entender antes de memorizar

Cuando ordenas ideas y relaciones, el tema deja de ser una lista y pasa a tener sentido. Los mapas ayudan a ver jerarquías, conexiones y estructura.

Con Oxford: con hojas/recambios tipo Europeanbook puedes hacer mapas limpios, usar color para destacar nodos y digitalizarlos con Scribzee para revisarlos o ampliarlos más adelante.

4) Resúmenes que sirven de verdad

Resumir bien obliga a seleccionar lo importante y explicarlo con tus palabras. Es una forma directa de comprobar si lo has entendido.

Con Oxford: puedes hacer resúmenes “largos” en Europeanbook o resúmenes rápidos en formato tarjeta (por ejemplo, lo esencial en una flashcard) y guardarlo todo en Scribzee como material de repaso.

5) Estudio colaborativo: cuando estudiar con otros suma

Estudiar acompañado ayuda a mantener motivación, resolver dudas y entender mejor lo difícil (si se hace con método, no solo “juntarse”).

Con Oxford: compartir apuntes escaneados en Scribzee facilita feedback, y las flashcards sirven para retarse con preguntas y repasar en equipo.

Conclusión

Las técnicas más efectivas no son un misterio: la ciencia las lleva años respaldando. La clave en 2026 es hacerlas prácticas y sostenibles. Con cuadernos pensados para estudiar, flashcards versátiles y Scribzee para organizar y repasar, Oxford ayuda a convertir cada sesión en algo más eficiente.

Aprender no es esforzarse más: es estudiar mejor.

Fuente: Estudio elaborado por el Grup de Recerca Interdisciplinari en Didàctica (GRID) de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB).

Investigadoras: Dra. Verónica Violant Holz, Dra. Mariona Portell, Dra. Carla Quesada-Pallarès, Dra. Anna Ciraso-Calí, Dra.Paulina E. Robalino-Guerra.