Los profesores de ficción más populares

El personaje del profesor ha tenido un papel determinante en muchas series y películas. Hemos recordado algunos de ellos, aunque, sin duda, hay muchos más.

John-KeatingJohn Keating
Robin Williams sabía cómo ganarse nuestros corazones y en “El club de los poetas muertos” lo hizo interpretando a un profesor de literatura inglesa llamado John Keating, poco ortodoxo, pero extremadamente inspirador. Si has visto la película, seguro que ya te ha venido a la cabeza el “¡Oh capitán, mi capitán!”.

RottenmeierSeñorita Rottenmeier
Una institutriz tan rígida que su nombre ha acabado usándose como un sinónimo de estricta. Su manera de entender la educación y la vida chocaba con el espíritu libre de Heidi y eso hizo que en la serie tuviera un rol de antagonista, aunque la mujer solo hacía lo que creía mejor para Clara.

EdnaEdna Krabappel
Más conocida como la “Sita Carapápel”, Edna podía tener sus defectos, pero algo bueno haría si uno de sus alumnos más rebeldes, Bart Simpson, la nominó a Maestra del Año. Pese a parecer ruda o hastiada, en algunas ocasiones también mostró una gran sensibilidad.

Merlí-Bergeron-MerlíMerlí Bergeron
Desafiante, provocador, ese es Merlí, un profesor de Filosofía que remueve conciencias. Por lo general, cualquier clase de Filosofía invita a pensar y reflexionar. Con su original manera de ser y de dar clase, Merlí se mete a sus alumnos en el bolsillo (¡y a los espectadores!).

Albus_DumbledoreAlbus Dumbledore
El profesor que todo lo sabe y casi todo lo puede, ese era Albus Dumbledore. Afable, atento y protector. Se ganó el cariño de muchos alumnos de Hogwarts en la saga de Harry Potter, aunque la popularidad era compartida con otros profesores de la escuela de magia (algunos eran más de Severus Snape).

NorburySharonSharon Norbury
El temple y la paciencia definen bien a la profesora Norbury, y es que no es fácil mantenerse serena en medio de una batalla adolescente como la que se forma en la película “Chicas malas”. Además, demuestra una gran habilidad para reconducir la situación.

Louanne JohnsonLouanne Johnson
Un ejemplo de cómo debemos adaptarnos a algunas situaciones si queremos cumplir nuestros objetivos. En “Mentes peligrosas”, la profesora Johnson empieza a dar clase sin mucho éxito a un colectivo de jóvenes poco motivados y con problemas. Ella hace todo lo posible para que se interesen por las lecciones y se graduen.

Dick_SolomonDick Solomon
Aunque lo de ser profesor de Física era solo una tapadera, lo cierto es que este personaje de “Cosas de marcianos” es una metáfora de cómo los profesores también aprenden (como cualquier persona, porque la vida es un aprendizaje constante). En este caso, Dick y sus compañeros extraterrestres disfrazados de humanos, tenían la misión de observar e investigar la vida de los seres humanos.

Henry Bathes, Dewey Finn, la señorita Honey, Katherine Watson, Don Gregorio, Félix Torán, Amelia Ugarte… Son solo algunos de los nombres de profesores que han dejado huella en la pequeña y en la gran pantalla. ¿Cuáles son tus favoritos? ¿Te sientes identificado con alguno de ellos?

¿Cómo incentivar la participación en clase?

El profesor lanza una pregunta a la clase y cuatro alumnos levantan la mano para responder. Son los que siempre lo hacen. Eso en el mejor de los casos. También se da a menudo un escenario en el que ningún niño se atreve a responder. Algunos porque no saben la respuesta, pero muchos por timidez. Veamos algunos trucos para intentar que más niños participen en clase y lo hagan a gusto.

1) Hacer preguntas para respuestas grupales. “Que levante la mano quien…”, si solo se trata de levantar la mano es mucho más fácil que se animen a hacerlo. Podemos plantear dos respuestas diferentes para una misma pregunta y pedir que respondan alzando la mano cuál creen que es la correcta.

2) Dividir la atención. No es lo mismo tener que salir solo a una tarima que hacerlo acompañado de 3 o 4 compañeros. De igual forma, podemos dividir la clase para que los niños trabajen en grupos más pequeños y exponer sus ideas ante 4 o 5 compañeros en lugar de 30.

3) Dar seguridad. Por ejemplo, podemos plantear la pregunta o ejercicio y dejar tiempo para que escriban la respuesta en una hoja. Mientras ellos están concentrados pasamos por las mesas y revisamos lo que van apuntando. Cuando un alumno haya finalizado el ejercicio correctamente le podemos dar el visto bueno y pedirle si quiere salir a dar la respuesta frente a la clase. Será más fácil que acepte si sabe que lo ha hecho bien y tiene la respuesta correcta. Estará más tranquilo y confiado. La inseguridad y el miedo a equivocarse son dos grandes frenos para la participación.

4) Acostumbrarlos a estar atentos y alerta. Pongamos por caso que vamos a leer entre todos un texto largo (por ejemplo, un capítulo de la historia). Avisa a tus alumnos antes de empezar de que en cualquier momento vas a detener la lectura para hacer una pregunta sobre lo que se acaba de leer a cualquiera de ellos. Podemos mantener esta práctica durante varias clases y dar puntos extra a quienes estén más atentos. Será como un juego que les obligará a estar muy pendientes de lo que se dice.

5) Actividades para trabajar la confianza y el compañerismo. En un grupo cohesionado hay menos espacio para la vergüenza y la timidez; es más fácil hablar frente a un grupo de personas con las que empatizas y en las que confías.

6) Atajar cualquier burla. Si alguien se ríe cuando un compañero falla una respuesta en público, además de reprobar esa actitud, podemos lanzar una pregunta difícil, de la que la clase no sepa la respuesta. La moraleja es que no hay nadie que lo sepa todo y que estamos en la escuela para aprender.

7) Escucharles. ¿Y si compartimos con ellos nuestra intención de hacer que la clase sea lo más participativa posible y les preguntamos de qué manera hacerlo? Les podemos pedir que lo escriban en un papel y nos lo entreguen, para que sea más privado, y así podremos analizar qué es lo que más les frena a la hora de participar e incluso podríamos recibir nuevas ideas.

¿Participan vuestros alumnos en clase?

Excursiones escolares

Las excursiones escolares son actividades educativas que se realizan fuera de la escuela y suelen ser del agrado de los alumnos, pues suponen un cambio en su rutina diaria. Normalmente se escogen sitios de interés histórico, cultural, ambiental o social como puede ser un museo, un teatro, una granja, parajes… Aunque algunas son bien curiosas, como estas que recogían en el Huffingston Post. Por eso nos preguntamos: ¿qué es lo imprescindible a tener en cuenta para elegir y realizar una excursión?

1) Temática. Que tenga relación con el temario que se trabaja en clase. Las excursiones constituyen un tipo de educación no formal que basa el aprendizaje en la experiencia.

2) Edad. Es necesario que se adecue el nivel de la actividad según la edad de los alumnos. El tipo de lenguaje, la cantidad de información que se facilita o el recorrido que se haga debe estar adaptado a ellos.

3) Número de plazas. Esto dependerá del aforo del sitio a visitar, sin olvidar la ratio de alumnos por profesor en estos casos (que suele ser de 1 profesor por cada 15 alumnos).

4) Duración. En función de la duración de la excursión habrá que prever otros aspectos como el sitio donde se va a comer si es para todo el día. Si el horario es distinto al lectivo, habrá que notificarlo a las familias.

5) Logística. ¿Será necesario contratar un medio de transporte o no? ¿Cuánto tiempo tardaremos en ir y en volver del lugar?

6) Precio. Debemos tener en cuenta el nivel socioeconómico de las familias y marcar un precio asequible para todas ellas.

¿Qué excursiones tenéis previstas este curso? ¿Cuáles son las que más os gustan?

“Muchos niños me dicen que ha sido una de las mejores experiencias de sus vidas”

daniel-ortuño-radio-coleDaniel Ortuño es un profesional con más de 20 años de experiencia en televisión, radio y formación, que actualmente presenta “La Radio del Cole”, un programa de Onda Madrid que cuenta con alumnos de los últimos cursos de Primaria como colaboradores. Hemos hablado con él para saber más sobre el programa.

¿Qué es “La radio del cole”?
Es un programa con el que pretendo que los niños se metan en el mundo de la radio de verdad. Mis colaboradores son 4 o 5 niños de los últimos cursos de Primaria (sobre todo 5º y 6º). Se graba en las escuelas, a donde me desplazo con un equipo de radio completo (llevo incluso unos paneles de insonorización, no solo para mejorar el sonido, sino también para que el espacio sea más confortable para ellos).

¿Cómo se hacen los programas?
Normalmente voy a la escuela por la mañana, monto el equipo (esto me puede llevar entre una y dos horas) y después doy una charla sobre la radio a los niños que van a participar. Yo conduzco el programa y tenemos secciones y colaboradores externos para que sea ágil y tenga contenido, pero los niños juegan un papel fundamental, como el que tienen los colaboradores profesionales en cualquier tertulia de radio.

¿Los profesores participan?
Depende del colegio. Por lo general suele haber uno o dos profesores viendo cómo hacemos el programa, aunque no es obligatorio. Si están presentes les invitamos a intervenir al principio para que saluden y expliquen cómo es el centro, pero es el único momento en el que hablan. En el resto del programa los protagonistas son los niños.

¿Cómo es trabajar con niños?
Es muy interesante porque sus opiniones son tan inteligentes o más que las de los adultos. Siempre digo que son como nosotros a la hora de razonar, pero a menudo les faltan datos. Trabajar con ellos no me cuesta nada, de hecho podría decir que hacen más caso que los adultos.

Hace poco le escuché decir a Javier Fesser, director de la película “Campeones”, que el problema no es trabajar con personas con discapacidad intelectual, es simplemente que son actores noveles. Pero se compensa con el entusiasmo y la predisposición. Lo mismo pasa en “La radio del cole”; los niños no son profesionales, pero ponen muchas ganas en hacer el programa.

¿Qué deben hacer los centros que quieran participar en La radio del cole?
Pueden enviar su petición al e-mail del programa: laradiodelcole@telemadrid.es. También nos pueden encontrar a través de redes sociales.

¿Qué beneficios tiene para los alumnos una actividad de este tipo?
Ven cómo se hace la radio desde dentro y esto sirve para valorar el esfuerzo que requiere y aprender que no todo es lo que parece; por ejemplo, nosotros tenemos un personaje que es un marciano, pero, evidentemente, no es un marciano de verdad. Además, la propia dinámica del programa les sirve para practicar la argumentación, la concisión y la concreción.

¿Qué opinan ellos?
Al acabar el programa, muchos niños me dicen que ha sido una de las mejores experiencias de sus vidas. Su respuesta es extraordinario y eso es lo que me anima a seguir.

Antes de tener el programa de radio, grabaste el documental “Botas y zapatillas” sobre una escuela alternativa. ¿Qué te llevó a hacerlo?
Lo grabé porque conocía ese mundo de la educación alternativa y quería mostrarlo, quería mostrar una manera de educar en la que el niño es el protagonista.

¿Y de ahí surgió la idea del programa de radio?
Con los niños del documental hice posteriormente varios talleres, entre ellos uno de radio. Me pareció que estaba muy bien y decidí convertirlo en un programa. En mi opinión, en muchos otros programas donde participan niños se roza el límite entre reírse con ellos o de ellos. Yo procuro que sean uno más del equipo.

El método Kaizen o la importancia de las pequeñas metas

En ocasiones nos marcamos metas tan ambiciosas que cuesta alcanzarlas. Es entonces cuando aparece la frustración y el desánimo. Algo parecido puede pasarles a nuestros alumnos si se ven abrumados con las clases y el estudio.

Quizás sea mejor dar pequeños pasos y mantenerlos a largo plazo. Esa es la filosofía del método Kaizen, muy popular en Japón, que consiste en dedicar un minuto cada día, a la misma hora, a una tarea o actividad que nos cueste realizar. Puede parecer poco, y de ahí que sea fácil de cumplir, pero es muy efectivo para instaurar un hábito. De hecho, “Kaizen” significa “mejora continuada”.

Por ejemplo, a un niño al que no le guste leer, le podemos proponer que solo lea una página cada día. Es una meta fácil de alcanzar y deberemos reconocerle el hecho de que lo haga para que siga por ese camino. Es posible que pasado un mes, sea él mismo el que quiera leer más páginas cada día, porque ya habrá adquirido el hábito.

En definitiva, solo se trata de jugar con los tiempos y las expectativas para que los pequeños asimilen bien cada práctica y, paso a paso, alcancen sus metas.

OptikPaper ® de Oxford: notarás la diferencia

¿Alguna vez os habéis encontrado con cuadernos de hojas tan finas que la tinta ha traspasado incluso a la siguiente página? ¿O que cuando los niños borran, se les rompe el papel? ¿O que cuando aprietan tanto con el lápiz lo agujerean? ¿O se os ha arrugado o roto una hoja mientras borrabais alguna anotación hecha a lápiz? Son problemas que pueden arruinar la presentación de nuestras notas, además de suponer un desperdicio de papel. ¡Pero tenemos la solución!

En Oxford hemos desarrollado un papel en el que la tinta no traspasa, de alta opacidad y resistente a la presión del lápiz y al borrado. Además tiene una blancura perfecta y es agradable al tacto, para que escribir en él sea lo más placentero posible y nos ayude a tener un buen trazo. Es el OptikPaper ®, un papel de 90 gramos, muy resistente, en el que bolígrafos y lápices se deslizan suavemente, dejando líneas definidas, ya que la tinta no se dispersa. Con Oxford puedes escribir en las 2 caras del papel sin ningún problema. Lo podéis comprobar en la siguiente comparativa y en el vídeo:

OptikPaper® de Oxford                                                       Otros papeles

Test-optik-paper-ES

 

Prepárate para la vuelta al cole

Llega septiembre y con él la vuelta al cole; momento de volver a empezar, de planificar y también de nervios ante un nuevo reto.

Sí, sabemos que los alumnos no son los únicos que se van a dormir con un cosquilleo en la barriga la noche anterior al inicio de curso. Si a ti también te ocurre y te cuesta pegar ojo, puedes aplicar algunos sencillos trucos que te ayudarán a conciliar el sueño y a despertarte con la energía necesaria para afrontar el primer día de clase; haz algo de deporte durante el día, cena ligero, desconecta de los dispositivos electrónicos un par de horas antes de acostarte, ponte música relajante y concéntrate en hacer algunas respiraciones lentas y profundas. Pero sobre todo, repítete que “todo va a salir bien”.

Piensa que es una oportunidad para romper con la rutina y crecer. El inicio de curso llega con cambios; una clase diferente, nuevos alumnos… ¡O hasta un nuevo colegio! Sea cuál sea tu situación valórala como la ocasión de sumar experiencias y aprender.

Organízate. Así como tus alumnos empiezan el curso con nueva agenda, tu también necesitas disponer del material adecuado para organizarte las clases. Por ejemplo, el Cuaderno del Profesor de Oxford, con hojas para evaluaciones y lista de alumnos, o el Teacher’s Book, que incluye todo lo necesario para organizar las clases, desde agenda, a cuadernillo de ausencias y retrasos, hojas de evaluaciones y tutorías, etc. Prepara con tiempo todo el material que necesites para el curso.

Primer día de clase

Hay muchos factores que influyen a la hora de enfocar las actividades del primer día de clase, por ejemplo, la edad de los alumnos. Pero hay algunos aspectos comunes sea cuál sea la situación, que el primer día de clase debe cumplir.

  1. Si los alumnos no se conocen entre ellos deberemos hacer una ronda de presentación. Esto suele ocurrir en los primeros cursos de cada ciclo, dependiendo de la oferta de cada centro. Eso sí, debemos empezar por presentarnos nosotros mismos. Lo mejor es hacerlo de alguna forma original y lúdica, que ayude a crear un buen clima en clase. Por ejemplo, podemos apuntar en la pizarra algunas palabras que nos definan (una ciudad, un color, una afición… Solo una palabra). Los alumnos deberán decir a qué corresponde cada una. Luego será su turno. También es un buen día para trabajar las emociones, hacer que nos expliquen cómo se sienten ante la vuelta al cole, cómo les ha ido el verano, etc. Podríamos hacerlo con un código de colores; por ejemplo, damos a cada alumno una cartulina de color verde, otra roja y otra naranja. Lanzamos la pregunta y ellos deben levantar una cartulina u otra en función de su respuesta. Por ejemplo, ante la pregunta “¿Cómo ha ido el verano?” pueden levantar la verde para decir que ha ido muy bien, la naranja si ha sido regular y la roja si consideran que ha sido malo. Luego podemos animarles a que expliquen por qué lo han calificado de una forma u otra (de forma voluntaria).
  2. Explicar cómo será el curso, líneas generales de lo que se va a hacer y de lo que se espera de los alumnos, siempre con un discurso motivador. Si los alumnos ya saben escribir, podemos proponerles que en un papel apunten sus objetivos para el curso o cómo se ven al acabarlo y animarles a guardar ese papel todo el curso para comprobar al final si lo han cumplido.

¿Y vosotros, cómo enfocáis el inicio de un nuevo curso?

Juegos clásicos para socializar

Los juegos de toda la vida aportan algo más que diversión. Ante la individualidad de jugar frente a una pantalla, muchos juegos clásicos llevan implícito el contacto con otras personas. Veamos algunos:

  • Estirar la cuerda. En este clásico juego que consiste en dividir al grupo en dos y que cada parte tire de la cuerda para intentar llevarla a su terreno, todos los miembros de un lado y otro deben tirar con fuerza. El trabajo en equipo es determinante para conseguir el objetivo.
  • El pañuelo. Un juego similar al anterior, pero en este caso no gana el que más fuerza tiene sino el que más corre. Los grupos también se sitúan a un lado y otro del pañuelo, a una distancia equidistante, y un miembro de cada uno debe salir corriendo a cogerlo antes que su contrario.
  • Saltar la comba. Pueden empezar 3 jugando (dos que la mueven y un saltador) y acabarán siendo bastantes más. La comba tiene un efecto llamada.
  • Las canicas. Estas preciosas bolas de cristal fueron muy populares en los 90’ y no solo servían para jugar con otros niños, sino que también se convirtieron en un coleccionable y no era raro cambiar las repetidas con los compañeros.
  • El juego del cordel. Consiste en darle forma a un cordel con los dedos. Un compañero tendrá que cogerlo de manera que al llevárselo a los suyos forme una nueva figura.
  • El juego del teléfono. En este juego, cuantos más participantes haya, más sorprendente puede ser el resultado. Cada niño le tiene que decir un mensaje en voz baja al oído al compañero que tiene al lado. Si al final el mensaje llega correctamente al último destinatario será una satisfacción para todos. Aunque lo más divertido es cuando el mensaje final no tiene nada que ver con el inicial.
  • Escondite. Un emocionante juego que, como el nombre indica, consiste en esconderse. Un compañero tiene que contar hasta 10 de cara a la pared para que los demás tengan tiempo de ocultarse. Al acabar la cuenta, ese compañero tendrá que ir en búsqueda de los demás.
  • Pilla pilla. Uno de los niños tiene que intentar atrapar a los demás. Además de divertido, con este juego se hace mucho ejercicio.

juego-cordel-recreo¿Te acordabas de todos? ¿Le propondrías algunos a tus alumnos para el recreo?

«Quizás habría que preguntar más a los maestros y mirar menos al ranking»

lola-garcia-ajofrin-gigantes-educacion-rankingsLola García-Ajofrín es periodista y autora de “Gigantes de la educación. Lo que no dicen los rankings”, un libro que recopila las entrevistas y los reportajes que hizo durante cuatro años en 11 países distintos y que se traducen en varias historias inspiradoras sobre educación. Hemos hablado con ella para saber más sobre la experiencia y lo que encontró en esos fascinantes viajes.

En el libro recoges historias de personas que han destacado por su aportación para mejorar la educación. ¿Cuál te sorprendió más?
Es difícil elegir. Hay muchas vivencias en esas páginas. Pero una de las entrevistas que considero más especiales es la de los antiguos estudiantes de la escuela para niños negros de Farmville, Virginia (Estados Unidos), a los que entrevisté en el 60 aniversario del fin de la ley ‘Separados pero iguales’, la doctrina jurídica que permitía que en EE.UU hubiera escuelas solo para blancos y solo para negros, excusándose en que si las instalaciones para unos y otros eran iguales, no violaban la decimocuarta enmienda. Estuvo en marcha entre 1896 y 1954, hasta la sentencia del Tribual Supremo de 1954 conocida como Brown contra la Junta de Educación de Topeka. Gracias a la sentencia, localicé a la hija del demandante, Oliver Brown, que aún vive. Ella fue la que me habló del colegio de Farmville, donde en los 50 organizaron una huelga por las pésimas condiciones del centro, consiguieron el apoyo de más organizaciones, acabaron en el Tribunal Supremo y sin proponérselo, cambiaron la historia. Contacté a la escuela, que hoy es un pequeño museo en un pueblo de Virginia y allá que me fui, a Farmville. Pero como decía, son muchas las personas del libro que me han marcado.

¿Por ejemplo?
Es un lujo leer al profesor Kai-ming Cheng, de la Universidad de Educación de Hong Kong, cómo explica la influencia del ‘Examen civil’ en las que llama “las culturas palillos”. Como viajes especiales, diría que Afganistán, donde entrevisté desde a boxeadoras a parlamentarias o a una profesora que daba clases a escondidas durante el período talibán. Mujeres muy fuertes. Entre las entrevistas a políticos, a la canciller de Educación del gobierno de Nueva York, Carmen Fariña, que me pareció una persona muy comprometida. A nivel pedagógico es muy interesante cómo trabajan en la Blue School, una escuela laboratorio de Nueva York, en la que defienden que la creatividad se puede enseñar y que cuidan hasta el último rincón del edificio porque están convencidos de que “el espacio es el tercer profesor”. Como inspiración, las Orquestas Infantiles y Juveniles de Venezuela del Maestro Abreu, que creía que cuando entregas a un niño de un entorno marginal un instrumento, lo que le estás dando es un arma para salir de la pobreza. Y tal vez, como sorprendente, la historia de los huérfanos de Etiopía que se subieron a un barco sin saber donde quedaba Cuba y allí se formaron como doctores. Os invito a leerla en el libro.

¿Cómo reuniste todas estas historias?
Empecé en 2012. Trabajaba en un semanario sobre educación, el Periódico Escuela, y antes había trabajado para otro periódico de temática educativa, Magisterio, desde 2008, por lo que había pasado varios años leyendo y escribiendo sobre informes y rankings y sentía la necesidad de dar un paso más, conocer a las personas y contextos detrás de esas cifras. Dejé el trabajo, compré un billete de avión y creé un blog. Visto ahora en la distancia, el único plan que tenía es que me lanzaba a la aventura sin plan. El nombre de «Gigantes de la educación» lo tuve claro desde el principio y también las primeras paradas; Cuba, Corea del Sur, Hong Kong y Singapur, por sus resultados educativos. Pero al final, fueron los viajes y entrevistados los que dieron forma al libro.

¿Por qué lo dices?
La idea inicial era regresar con una especie de fórmula mágica y una vez allí, me di cuenta de que en cada sitio existían elementos mucho más complejos y que los gigantes no eran los sistemas sino los profesionales detrás de ellos. ¿Cómo medir el papel que desempeñaban las muchas horas de estudio en academias extraescolares en algunos sistemas asiáticos o la presión de las familias? y, lo que es más importante, ¿realmente queremos convertir la educación en eso?, ¿se puede implantar en una escuela de Kabul la revolucionaria metodología de un colegio para hijos de artistas de Manhattan que cuentan con todo el apoyo y enseñanza formal en casa?

Y la idea inicial cambió…
Decidí que este sería un libro sobre educación pero sobre todo, sobre personas. Para inspirar más que para imitar y un reconocimiento para los auténticos artífices de la educación, que son los profesores. Por eso incluí en la lista países como Afganistán, Venezuela o Etiopía, que puede que queden a la cola de todas las comparativas internacionales, pero en los que también hay iniciativas y profesionales muy interesantes. Presenté el proyecto a Fundación Telefónica, les interesó y editaron y publicaron el libro “Gigantes de la educación. Lo que no dicen los rankings” (Fundación Telefónica, 2017), como una recopilación de los mejores reportajes y entrevistas de esos años. Le agradezco a Fundación Telefónica que convirtieran la idea en libro, así como al periódico Escuela, con los que continué colaborando durante todos esos años y donde publiqué muchos de mis reportajes sobre educación por el mundo. Ambos hicieron posible esta aventura.

¿Qué te impulsó a viajar y a escribir este libro?
Como periodista, diría que me cambió el verano de 2011. Aproveché las vacaciones en el periódico para realizar con otro periodista, Alberto Mélida, el proyecto: ‘La ruta de los indignados’, un recorrido con entrevistas y reportajes en el terreno en algunos de los escenarios de las protestas que habían tenido lugar en esos meses, empezando en Sidi Bouzid (Túnez) y continuando por Egipto, Portugal y Grecia. Cuando regresé al periódico, en septiembre, supe el periodismo que quería hacer y no era en una oficina. Ese año también conocí a una persona muy especial que incentivó mis ganas de hacer periodismo, el periodista Enrique Meneses, que decía que “primero viene la idea y luego el dinero” y con el que participé en la genial locura de montar una televisión en su salón: Utopía. En ese contexto, sentí que quería utilizar el aprendizaje de esos años sobre educación y hacer periodismo en el terreno con ello.

“Lo que no dicen los rankings”, este subtítulo nos da pie a otra pregunta… ¿Qué opinas de los rankings sobre educación?
Creo que existen informes y evaluaciones con datos muy interesantes que en los últimos años han conseguido que nos interesemos por lo que ocurre en educación en otros países y eso es algo bueno. Lo arriesgado es reducir la educación a un ranking, simplificar realidades tan diversas en una clasificación y convertir la enseñanza en la competición por una nota. Existen realidades, situaciones y alumnos tan diversos y complejos que no pueden reducirse en una posición en una lista. Los que mejor lo saben son los maestros.

¿Por ejemplo?
Cuando pienso en rankings me viene a la cabeza un estudiante que conocí en la Alianza Francesa de Dire Dawa, en Etiopía. Iba cada tarde a estudiar francés después del colegio. Vestía el uniforme de una escuela pública, como algunos niños de la zona. No conocía su edad, pero por su aspecto diría que rondaba los 50 años. Después supe que había sido pastor, que abandonó el país durante la guerra con Somalia, que nunca pudo estudiar y que tras muchos años, regresó a su tierra y se inscribió en un colegio. Le pidieron que vistiera uniforme, de pantalones y polo amarillo, como el resto de alumnos. Siempre quiso aprender francés y ahora, tras muchos años y kilómetros recorridos con el bastón, también lo hizo. Por eso, aquel hombre canoso vestía uniforme. No sé la puntuación que obtendría si un día apareciera en un ranking pero su historia es uno de los ejemplos de superación más maravillosos que encontré en mis viajes. El subtítulo del libro hace alusión a personas como él, a iniciativas o profesionales que forman parte de esa realidad tan rica y compleja que es la enseñanza. Ya sea una maestra que arriesgó su vida dando clases a escondidas a las niñas en Kabul; los jóvenes de un instituto del Bronx que escriben poesía en el móvil o un profesor, en una clase cualquiera en España que se esfuerza cada día para que sus alumnos aprendan. Quizás habría que preguntar más a los maestros y mirar menos al ranking.

Cada vez son más los que apuestan por evaluar sin exámenes o no poner notas numéricas. ¿Te parece acertado?
Desde hace mucho tiempo existen iniciativas que creen en la evaluación para el diagnóstico y no para la clasificación. Lo interesante es que mientras en esta parte del mundo cada vez estamos más obsesionados con los exámenes y las evaluaciones, en Asia Oriental, que adolece de un sistema demasiado rígido y muy enfocado al examen, están intentando reducir el peso de los exámenes.

Has entrevistado a una veintena de ministros de Educación de diferentes países y eres buena conocedora de la educación en el ámbito internacional. En tu opinión, ¿qué países tienen las mejores políticas educativas?
Creo que cada realidad determinada necesita respuestas concretas. Por ejemplo, en Brasil, una de las políticas que se considera más exitosa fue el programa Bolsa Familia, que consiste en conceder una compensación económica a las familias de menos recursos siempre y cuando los niños asistan a clase. Para el libro entrevisté al presidente del Instituto Nacional de Investigaciones educativas de Brasil, que recordaba que con programas como Bolsa Familia o Brasil sin Miseria, 36 millones de brasileños habían salido de la extrema pobreza. Esa fue una respuesta concreta para una realidad concreta. En Singapur, donde no existen problemas de absentismo, no tendría sentido esa medida, sin embargo, han puesto en marcha la iniciativa “Enseñar menos, aprender más”, que en otros lugares parecería una locura. Pero allí, como en otras partes de Asia Oriental, tienen el problema contrario; niños muy ocupados sin apenas tiempo libre que asisten a academias privadas antes y después de clase y sobrecargados de deberes. Como dice Richard Gerver, que escribe el prólogo del libro, lo que tendríamos que preguntarnos y preguntarle a los políticos es cómo queremos que sean nuestros hijos cuando acaben sus estudios y trabajar por ello.


Si estáis interesados en leer el libro, lo podéis encontrar aquí.

Trucos para aprender vocabulario

Para aprender un nuevo idioma es imprescindible conocer su vocabulario, esas palabras que nos permitirán entenderlo y hacernos entender. Para aprenderlo se suele empezar con familias de palabras, unidas a su traducción e, idealmente, una representación gráfica (como en este cuaderno). Llegar a aprender todas las palabras de otro idioma es un proceso largo. Una vez consolidado el vocabulario básico, seguiremos necesitando hacer listas de nuevas palabras, quizás menos comunes o más técnicas. Estos son algunos trucos para recordarlas que podéis compartir con vuestros alumnos:

  • Apuntar las nuevas palabras en un solo cuaderno. De lo contrario es posible que apuntemos palabras en el libro, en diferentes cuadernos, en fichas o en lo que tengamos más a mano y queden todas dispersas, haciendo muy difícil recordar dónde se apuntó cada cosa. Para facilitar su consulta y estudio es mejor reunirlas todas en un mismo cuaderno. Para ello son ideales los cuadernos con índice alfabético, que nos permiten crear una especie de diccionario propio con las palabras que más nos interesen. De esta forma no solo las podremos consultar fácilmente en cualquier momento, sino que el hecho de escribirlas a mano nos ayuda a recordarlas mejor.
  • ¿Cómo apuntarlo? Podemos poner la palabra y su traducción o poner su significado en el idioma que estamos estudiando si ya tenemos un buen nivel del idioma. Esta segunda opción es más completa, puesto que significa emplear otro vocabulario, hacer una construcción lingüística y leer siempre en el idioma de estudio. Además, evitaremos las confusiones que se pudieran originar por la polisemia y la homonimia.
  • ¿Y después? Es necesario repasar lo que vamos anotando en el cuaderno. Por ejemplo, podemos marcarnos un objetivo de 10 o 20 palabras al día. Puedes usar reglas mnemotécnicas, crear esquemas conceptuales o relacionarlas con aspectos de la vida cuotidiana o tus intereses (una serie, una canción…).