“Muchos niños me dicen que ha sido una de las mejores experiencias de sus vidas”

daniel-ortuño-radio-coleDaniel Ortuño es un profesional con más de 20 años de experiencia en televisión, radio y formación, que actualmente presenta “La Radio del Cole”, un programa de Onda Madrid que cuenta con alumnos de los últimos cursos de Primaria como colaboradores. Hemos hablado con él para saber más sobre el programa.

¿Qué es “La radio del cole”?
Es un programa con el que pretendo que los niños se metan en el mundo de la radio de verdad. Mis colaboradores son 4 o 5 niños de los últimos cursos de Primaria (sobre todo 5º y 6º). Se graba en las escuelas, a donde me desplazo con un equipo de radio completo (llevo incluso unos paneles de insonorización, no solo para mejorar el sonido, sino también para que el espacio sea más confortable para ellos).

¿Cómo se hacen los programas?
Normalmente voy a la escuela por la mañana, monto el equipo (esto me puede llevar entre una y dos horas) y después doy una charla sobre la radio a los niños que van a participar. Yo conduzco el programa y tenemos secciones y colaboradores externos para que sea ágil y tenga contenido, pero los niños juegan un papel fundamental, como el que tienen los colaboradores profesionales en cualquier tertulia de radio.

¿Los profesores participan?
Depende del colegio. Por lo general suele haber uno o dos profesores viendo cómo hacemos el programa, aunque no es obligatorio. Si están presentes les invitamos a intervenir al principio para que saluden y expliquen cómo es el centro, pero es el único momento en el que hablan. En el resto del programa los protagonistas son los niños.

¿Cómo es trabajar con niños?
Es muy interesante porque sus opiniones son tan inteligentes o más que las de los adultos. Siempre digo que son como nosotros a la hora de razonar, pero a menudo les faltan datos. Trabajar con ellos no me cuesta nada, de hecho podría decir que hacen más caso que los adultos.

Hace poco le escuché decir a Javier Fesser, director de la película “Campeones”, que el problema no es trabajar con personas con discapacidad intelectual, es simplemente que son actores noveles. Pero se compensa con el entusiasmo y la predisposición. Lo mismo pasa en “La radio del cole”; los niños no son profesionales, pero ponen muchas ganas en hacer el programa.

¿Qué deben hacer los centros que quieran participar en La radio del cole?
Pueden enviar su petición al e-mail del programa: laradiodelcole@telemadrid.es. También nos pueden encontrar a través de redes sociales.

¿Qué beneficios tiene para los alumnos una actividad de este tipo?
Ven cómo se hace la radio desde dentro y esto sirve para valorar el esfuerzo que requiere y aprender que no todo es lo que parece; por ejemplo, nosotros tenemos un personaje que es un marciano, pero, evidentemente, no es un marciano de verdad. Además, la propia dinámica del programa les sirve para practicar la argumentación, la concisión y la concreción.

¿Qué opinan ellos?
Al acabar el programa, muchos niños me dicen que ha sido una de las mejores experiencias de sus vidas. Su respuesta es extraordinario y eso es lo que me anima a seguir.

Antes de tener el programa de radio, grabaste el documental “Botas y zapatillas” sobre una escuela alternativa. ¿Qué te llevó a hacerlo?
Lo grabé porque conocía ese mundo de la educación alternativa y quería mostrarlo, quería mostrar una manera de educar en la que el niño es el protagonista.

¿Y de ahí surgió la idea del programa de radio?
Con los niños del documental hice posteriormente varios talleres, entre ellos uno de radio. Me pareció que estaba muy bien y decidí convertirlo en un programa. En mi opinión, en muchos otros programas donde participan niños se roza el límite entre reírse con ellos o de ellos. Yo procuro que sean uno más del equipo.

El método Kaizen o la importancia de las pequeñas metas

En ocasiones nos marcamos metas tan ambiciosas que cuesta alcanzarlas. Es entonces cuando aparece la frustración y el desánimo. Algo parecido puede pasarles a nuestros alumnos si se ven abrumados con las clases y el estudio.

Quizás sea mejor dar pequeños pasos y mantenerlos a largo plazo. Esa es la filosofía del método Kaizen, muy popular en Japón, que consiste en dedicar un minuto cada día, a la misma hora, a una tarea o actividad que nos cueste realizar. Puede parecer poco, y de ahí que sea fácil de cumplir, pero es muy efectivo para instaurar un hábito. De hecho, “Kaizen” significa “mejora continuada”.

Por ejemplo, a un niño al que no le guste leer, le podemos proponer que solo lea una página cada día. Es una meta fácil de alcanzar y deberemos reconocerle el hecho de que lo haga para que siga por ese camino. Es posible que pasado un mes, sea él mismo el que quiera leer más páginas cada día, porque ya habrá adquirido el hábito.

En definitiva, solo se trata de jugar con los tiempos y las expectativas para que los pequeños asimilen bien cada práctica y, paso a paso, alcancen sus metas.

OptikPaper ® de Oxford: notarás la diferencia

¿Alguna vez os habéis encontrado con cuadernos de hojas tan finas que la tinta ha traspasado incluso a la siguiente página? ¿O que cuando los niños borran, se les rompe el papel? ¿O que cuando aprietan tanto con el lápiz lo agujerean? ¿O se os ha arrugado o roto una hoja mientras borrabais alguna anotación hecha a lápiz? Son problemas que pueden arruinar la presentación de nuestras notas, además de suponer un desperdicio de papel. ¡Pero tenemos la solución!

En Oxford hemos desarrollado un papel en el que la tinta no traspasa, de alta opacidad y resistente a la presión del lápiz y al borrado. Además tiene una blancura perfecta y es agradable al tacto, para que escribir en él sea lo más placentero posible y nos ayude a tener un buen trazo. Es el OptikPaper ®, un papel de 90 gramos, muy resistente, en el que bolígrafos y lápices se deslizan suavemente, dejando líneas definidas, ya que la tinta no se dispersa. Con Oxford puedes escribir en las 2 caras del papel sin ningún problema. Lo podéis comprobar en la siguiente comparativa y en el vídeo:

OptikPaper® de Oxford                                                       Otros papeles

Test-optik-paper-ES

 

Prepárate para la vuelta al cole

Llega septiembre y con él la vuelta al cole; momento de volver a empezar, de planificar y también de nervios ante un nuevo reto.

Sí, sabemos que los alumnos no son los únicos que se van a dormir con un cosquilleo en la barriga la noche anterior al inicio de curso. Si a ti también te ocurre y te cuesta pegar ojo, puedes aplicar algunos sencillos trucos que te ayudarán a conciliar el sueño y a despertarte con la energía necesaria para afrontar el primer día de clase; haz algo de deporte durante el día, cena ligero, desconecta de los dispositivos electrónicos un par de horas antes de acostarte, ponte música relajante y concéntrate en hacer algunas respiraciones lentas y profundas. Pero sobre todo, repítete que “todo va a salir bien”.

Piensa que es una oportunidad para romper con la rutina y crecer. El inicio de curso llega con cambios; una clase diferente, nuevos alumnos… ¡O hasta un nuevo colegio! Sea cuál sea tu situación valórala como la ocasión de sumar experiencias y aprender.

Organízate. Así como tus alumnos empiezan el curso con nueva agenda, tu también necesitas disponer del material adecuado para organizarte las clases. Por ejemplo, el Cuaderno del Profesor de Oxford, con hojas para evaluaciones y lista de alumnos, o el Teacher’s Book, que incluye todo lo necesario para organizar las clases, desde agenda, a cuadernillo de ausencias y retrasos, hojas de evaluaciones y tutorías, etc. Prepara con tiempo todo el material que necesites para el curso.

Primer día de clase

Hay muchos factores que influyen a la hora de enfocar las actividades del primer día de clase, por ejemplo, la edad de los alumnos. Pero hay algunos aspectos comunes sea cuál sea la situación, que el primer día de clase debe cumplir.

  1. Si los alumnos no se conocen entre ellos deberemos hacer una ronda de presentación. Esto suele ocurrir en los primeros cursos de cada ciclo, dependiendo de la oferta de cada centro. Eso sí, debemos empezar por presentarnos nosotros mismos. Lo mejor es hacerlo de alguna forma original y lúdica, que ayude a crear un buen clima en clase. Por ejemplo, podemos apuntar en la pizarra algunas palabras que nos definan (una ciudad, un color, una afición… Solo una palabra). Los alumnos deberán decir a qué corresponde cada una. Luego será su turno. También es un buen día para trabajar las emociones, hacer que nos expliquen cómo se sienten ante la vuelta al cole, cómo les ha ido el verano, etc. Podríamos hacerlo con un código de colores; por ejemplo, damos a cada alumno una cartulina de color verde, otra roja y otra naranja. Lanzamos la pregunta y ellos deben levantar una cartulina u otra en función de su respuesta. Por ejemplo, ante la pregunta “¿Cómo ha ido el verano?” pueden levantar la verde para decir que ha ido muy bien, la naranja si ha sido regular y la roja si consideran que ha sido malo. Luego podemos animarles a que expliquen por qué lo han calificado de una forma u otra (de forma voluntaria).
  2. Explicar cómo será el curso, líneas generales de lo que se va a hacer y de lo que se espera de los alumnos, siempre con un discurso motivador. Si los alumnos ya saben escribir, podemos proponerles que en un papel apunten sus objetivos para el curso o cómo se ven al acabarlo y animarles a guardar ese papel todo el curso para comprobar al final si lo han cumplido.

¿Y vosotros, cómo enfocáis el inicio de un nuevo curso?

Juegos clásicos para socializar

Los juegos de toda la vida aportan algo más que diversión. Ante la individualidad de jugar frente a una pantalla, muchos juegos clásicos llevan implícito el contacto con otras personas. Veamos algunos:

  • Estirar la cuerda. En este clásico juego que consiste en dividir al grupo en dos y que cada parte tire de la cuerda para intentar llevarla a su terreno, todos los miembros de un lado y otro deben tirar con fuerza. El trabajo en equipo es determinante para conseguir el objetivo.
  • El pañuelo. Un juego similar al anterior, pero en este caso no gana el que más fuerza tiene sino el que más corre. Los grupos también se sitúan a un lado y otro del pañuelo, a una distancia equidistante, y un miembro de cada uno debe salir corriendo a cogerlo antes que su contrario.
  • Saltar la comba. Pueden empezar 3 jugando (dos que la mueven y un saltador) y acabarán siendo bastantes más. La comba tiene un efecto llamada.
  • Las canicas. Estas preciosas bolas de cristal fueron muy populares en los 90’ y no solo servían para jugar con otros niños, sino que también se convirtieron en un coleccionable y no era raro cambiar las repetidas con los compañeros.
  • El juego del cordel. Consiste en darle forma a un cordel con los dedos. Un compañero tendrá que cogerlo de manera que al llevárselo a los suyos forme una nueva figura.
  • El juego del teléfono. En este juego, cuantos más participantes haya, más sorprendente puede ser el resultado. Cada niño le tiene que decir un mensaje en voz baja al oído al compañero que tiene al lado. Si al final el mensaje llega correctamente al último destinatario será una satisfacción para todos. Aunque lo más divertido es cuando el mensaje final no tiene nada que ver con el inicial.
  • Escondite. Un emocionante juego que, como el nombre indica, consiste en esconderse. Un compañero tiene que contar hasta 10 de cara a la pared para que los demás tengan tiempo de ocultarse. Al acabar la cuenta, ese compañero tendrá que ir en búsqueda de los demás.
  • Pilla pilla. Uno de los niños tiene que intentar atrapar a los demás. Además de divertido, con este juego se hace mucho ejercicio.

juego-cordel-recreo¿Te acordabas de todos? ¿Le propondrías algunos a tus alumnos para el recreo?

«Quizás habría que preguntar más a los maestros y mirar menos al ranking»

lola-garcia-ajofrin-gigantes-educacion-rankingsLola García-Ajofrín es periodista y autora de “Gigantes de la educación. Lo que no dicen los rankings”, un libro que recopila las entrevistas y los reportajes que hizo durante cuatro años en 11 países distintos y que se traducen en varias historias inspiradoras sobre educación. Hemos hablado con ella para saber más sobre la experiencia y lo que encontró en esos fascinantes viajes.

En el libro recoges historias de personas que han destacado por su aportación para mejorar la educación. ¿Cuál te sorprendió más?
Es difícil elegir. Hay muchas vivencias en esas páginas. Pero una de las entrevistas que considero más especiales es la de los antiguos estudiantes de la escuela para niños negros de Farmville, Virginia (Estados Unidos), a los que entrevisté en el 60 aniversario del fin de la ley ‘Separados pero iguales’, la doctrina jurídica que permitía que en EE.UU hubiera escuelas solo para blancos y solo para negros, excusándose en que si las instalaciones para unos y otros eran iguales, no violaban la decimocuarta enmienda. Estuvo en marcha entre 1896 y 1954, hasta la sentencia del Tribual Supremo de 1954 conocida como Brown contra la Junta de Educación de Topeka. Gracias a la sentencia, localicé a la hija del demandante, Oliver Brown, que aún vive. Ella fue la que me habló del colegio de Farmville, donde en los 50 organizaron una huelga por las pésimas condiciones del centro, consiguieron el apoyo de más organizaciones, acabaron en el Tribunal Supremo y sin proponérselo, cambiaron la historia. Contacté a la escuela, que hoy es un pequeño museo en un pueblo de Virginia y allá que me fui, a Farmville. Pero como decía, son muchas las personas del libro que me han marcado.

¿Por ejemplo?
Es un lujo leer al profesor Kai-ming Cheng, de la Universidad de Educación de Hong Kong, cómo explica la influencia del ‘Examen civil’ en las que llama “las culturas palillos”. Como viajes especiales, diría que Afganistán, donde entrevisté desde a boxeadoras a parlamentarias o a una profesora que daba clases a escondidas durante el período talibán. Mujeres muy fuertes. Entre las entrevistas a políticos, a la canciller de Educación del gobierno de Nueva York, Carmen Fariña, que me pareció una persona muy comprometida. A nivel pedagógico es muy interesante cómo trabajan en la Blue School, una escuela laboratorio de Nueva York, en la que defienden que la creatividad se puede enseñar y que cuidan hasta el último rincón del edificio porque están convencidos de que “el espacio es el tercer profesor”. Como inspiración, las Orquestas Infantiles y Juveniles de Venezuela del Maestro Abreu, que creía que cuando entregas a un niño de un entorno marginal un instrumento, lo que le estás dando es un arma para salir de la pobreza. Y tal vez, como sorprendente, la historia de los huérfanos de Etiopía que se subieron a un barco sin saber donde quedaba Cuba y allí se formaron como doctores. Os invito a leerla en el libro.

¿Cómo reuniste todas estas historias?
Empecé en 2012. Trabajaba en un semanario sobre educación, el Periódico Escuela, y antes había trabajado para otro periódico de temática educativa, Magisterio, desde 2008, por lo que había pasado varios años leyendo y escribiendo sobre informes y rankings y sentía la necesidad de dar un paso más, conocer a las personas y contextos detrás de esas cifras. Dejé el trabajo, compré un billete de avión y creé un blog. Visto ahora en la distancia, el único plan que tenía es que me lanzaba a la aventura sin plan. El nombre de «Gigantes de la educación» lo tuve claro desde el principio y también las primeras paradas; Cuba, Corea del Sur, Hong Kong y Singapur, por sus resultados educativos. Pero al final, fueron los viajes y entrevistados los que dieron forma al libro.

¿Por qué lo dices?
La idea inicial era regresar con una especie de fórmula mágica y una vez allí, me di cuenta de que en cada sitio existían elementos mucho más complejos y que los gigantes no eran los sistemas sino los profesionales detrás de ellos. ¿Cómo medir el papel que desempeñaban las muchas horas de estudio en academias extraescolares en algunos sistemas asiáticos o la presión de las familias? y, lo que es más importante, ¿realmente queremos convertir la educación en eso?, ¿se puede implantar en una escuela de Kabul la revolucionaria metodología de un colegio para hijos de artistas de Manhattan que cuentan con todo el apoyo y enseñanza formal en casa?

Y la idea inicial cambió…
Decidí que este sería un libro sobre educación pero sobre todo, sobre personas. Para inspirar más que para imitar y un reconocimiento para los auténticos artífices de la educación, que son los profesores. Por eso incluí en la lista países como Afganistán, Venezuela o Etiopía, que puede que queden a la cola de todas las comparativas internacionales, pero en los que también hay iniciativas y profesionales muy interesantes. Presenté el proyecto a Fundación Telefónica, les interesó y editaron y publicaron el libro “Gigantes de la educación. Lo que no dicen los rankings” (Fundación Telefónica, 2017), como una recopilación de los mejores reportajes y entrevistas de esos años. Le agradezco a Fundación Telefónica que convirtieran la idea en libro, así como al periódico Escuela, con los que continué colaborando durante todos esos años y donde publiqué muchos de mis reportajes sobre educación por el mundo. Ambos hicieron posible esta aventura.

¿Qué te impulsó a viajar y a escribir este libro?
Como periodista, diría que me cambió el verano de 2011. Aproveché las vacaciones en el periódico para realizar con otro periodista, Alberto Mélida, el proyecto: ‘La ruta de los indignados’, un recorrido con entrevistas y reportajes en el terreno en algunos de los escenarios de las protestas que habían tenido lugar en esos meses, empezando en Sidi Bouzid (Túnez) y continuando por Egipto, Portugal y Grecia. Cuando regresé al periódico, en septiembre, supe el periodismo que quería hacer y no era en una oficina. Ese año también conocí a una persona muy especial que incentivó mis ganas de hacer periodismo, el periodista Enrique Meneses, que decía que “primero viene la idea y luego el dinero” y con el que participé en la genial locura de montar una televisión en su salón: Utopía. En ese contexto, sentí que quería utilizar el aprendizaje de esos años sobre educación y hacer periodismo en el terreno con ello.

“Lo que no dicen los rankings”, este subtítulo nos da pie a otra pregunta… ¿Qué opinas de los rankings sobre educación?
Creo que existen informes y evaluaciones con datos muy interesantes que en los últimos años han conseguido que nos interesemos por lo que ocurre en educación en otros países y eso es algo bueno. Lo arriesgado es reducir la educación a un ranking, simplificar realidades tan diversas en una clasificación y convertir la enseñanza en la competición por una nota. Existen realidades, situaciones y alumnos tan diversos y complejos que no pueden reducirse en una posición en una lista. Los que mejor lo saben son los maestros.

¿Por ejemplo?
Cuando pienso en rankings me viene a la cabeza un estudiante que conocí en la Alianza Francesa de Dire Dawa, en Etiopía. Iba cada tarde a estudiar francés después del colegio. Vestía el uniforme de una escuela pública, como algunos niños de la zona. No conocía su edad, pero por su aspecto diría que rondaba los 50 años. Después supe que había sido pastor, que abandonó el país durante la guerra con Somalia, que nunca pudo estudiar y que tras muchos años, regresó a su tierra y se inscribió en un colegio. Le pidieron que vistiera uniforme, de pantalones y polo amarillo, como el resto de alumnos. Siempre quiso aprender francés y ahora, tras muchos años y kilómetros recorridos con el bastón, también lo hizo. Por eso, aquel hombre canoso vestía uniforme. No sé la puntuación que obtendría si un día apareciera en un ranking pero su historia es uno de los ejemplos de superación más maravillosos que encontré en mis viajes. El subtítulo del libro hace alusión a personas como él, a iniciativas o profesionales que forman parte de esa realidad tan rica y compleja que es la enseñanza. Ya sea una maestra que arriesgó su vida dando clases a escondidas a las niñas en Kabul; los jóvenes de un instituto del Bronx que escriben poesía en el móvil o un profesor, en una clase cualquiera en España que se esfuerza cada día para que sus alumnos aprendan. Quizás habría que preguntar más a los maestros y mirar menos al ranking.

Cada vez son más los que apuestan por evaluar sin exámenes o no poner notas numéricas. ¿Te parece acertado?
Desde hace mucho tiempo existen iniciativas que creen en la evaluación para el diagnóstico y no para la clasificación. Lo interesante es que mientras en esta parte del mundo cada vez estamos más obsesionados con los exámenes y las evaluaciones, en Asia Oriental, que adolece de un sistema demasiado rígido y muy enfocado al examen, están intentando reducir el peso de los exámenes.

Has entrevistado a una veintena de ministros de Educación de diferentes países y eres buena conocedora de la educación en el ámbito internacional. En tu opinión, ¿qué países tienen las mejores políticas educativas?
Creo que cada realidad determinada necesita respuestas concretas. Por ejemplo, en Brasil, una de las políticas que se considera más exitosa fue el programa Bolsa Familia, que consiste en conceder una compensación económica a las familias de menos recursos siempre y cuando los niños asistan a clase. Para el libro entrevisté al presidente del Instituto Nacional de Investigaciones educativas de Brasil, que recordaba que con programas como Bolsa Familia o Brasil sin Miseria, 36 millones de brasileños habían salido de la extrema pobreza. Esa fue una respuesta concreta para una realidad concreta. En Singapur, donde no existen problemas de absentismo, no tendría sentido esa medida, sin embargo, han puesto en marcha la iniciativa “Enseñar menos, aprender más”, que en otros lugares parecería una locura. Pero allí, como en otras partes de Asia Oriental, tienen el problema contrario; niños muy ocupados sin apenas tiempo libre que asisten a academias privadas antes y después de clase y sobrecargados de deberes. Como dice Richard Gerver, que escribe el prólogo del libro, lo que tendríamos que preguntarnos y preguntarle a los políticos es cómo queremos que sean nuestros hijos cuando acaben sus estudios y trabajar por ello.


Si estáis interesados en leer el libro, lo podéis encontrar aquí.

Trucos para aprender vocabulario

Para aprender un nuevo idioma es imprescindible conocer su vocabulario, esas palabras que nos permitirán entenderlo y hacernos entender. Para aprenderlo se suele empezar con familias de palabras, unidas a su traducción e, idealmente, una representación gráfica (como en este cuaderno). Llegar a aprender todas las palabras de otro idioma es un proceso largo. Una vez consolidado el vocabulario básico, seguiremos necesitando hacer listas de nuevas palabras, quizás menos comunes o más técnicas. Estos son algunos trucos para recordarlas que podéis compartir con vuestros alumnos:

  • Apuntar las nuevas palabras en un solo cuaderno. De lo contrario es posible que apuntemos palabras en el libro, en diferentes cuadernos, en fichas o en lo que tengamos más a mano y queden todas dispersas, haciendo muy difícil recordar dónde se apuntó cada cosa. Para facilitar su consulta y estudio es mejor reunirlas todas en un mismo cuaderno. Para ello son ideales los cuadernos con índice alfabético, que nos permiten crear una especie de diccionario propio con las palabras que más nos interesen. De esta forma no solo las podremos consultar fácilmente en cualquier momento, sino que el hecho de escribirlas a mano nos ayuda a recordarlas mejor.
  • ¿Cómo apuntarlo? Podemos poner la palabra y su traducción o poner su significado en el idioma que estamos estudiando si ya tenemos un buen nivel del idioma. Esta segunda opción es más completa, puesto que significa emplear otro vocabulario, hacer una construcción lingüística y leer siempre en el idioma de estudio. Además, evitaremos las confusiones que se pudieran originar por la polisemia y la homonimia.
  • ¿Y después? Es necesario repasar lo que vamos anotando en el cuaderno. Por ejemplo, podemos marcarnos un objetivo de 10 o 20 palabras al día. Puedes usar reglas mnemotécnicas, crear esquemas conceptuales o relacionarlas con aspectos de la vida cuotidiana o tus intereses (una serie, una canción…).

¿Qué es la Declaración de Incheon?

Barcelona aprobó el pasado mes su adhesión a la Declaración de Incheon, que resume la visión de la educación de aquí a 2030 de la Unesco. El principal objetivo es conseguir una educación inclusiva, equitativa y de calidad y un aprendizaje a lo largo de la vida para todos.

Esta declaración surgió del Foro Mundial sobre la Educación celebrado en 2015 en Incheon (República de Corea), en el cual participaron más de 1.600 personas de 160 países, entre los que se encontraban ministros, jefes y miembros de delegaciones, jefes de organismos y funcionarios de organizaciones multilaterales y bilaterales, representantes de la sociedad civil y del sector privado, docentes y jóvenes.

La Declaración de Incheon se basa en el movimiento mundial Educación para Todos, iniciado en 1990 en Jomtien y reiterado en Dakar en el año 2000. Pese a haber supuesto un progreso significativo, el movimiento no ha logrado cumplir todos sus objetivos, y aún hay millones de niños, sobre todo niñas, que no van a la escuela.
En este sentido, la Declaración de Incheon se ha propuesto las siguientes metas de aquí a 2030:

1) Velar por que todas las niñas y todos los niños terminen los ciclos de la enseñanza primaria y secundaria, que ha de ser gratuita, equitativa y de calidad y producir resultados escolares pertinentes y eficaces.

2) Velar por que todas las niñas y todos los niños tengan acceso a servicios de atención y desarrollo en la primera infancia y a una enseñanza preescolar de calidad, a fin de que estén preparados para la enseñanza primaria.

3) Asegurar el acceso en condiciones de igualdad para todos los hombres y las mujeres a una formación técnica, profesional y superior de calidad, incluida la enseñanza universitaria.

4) Aumentar sustancialmente el número de jóvenes y adultos que tienen las competencias necesarias, en particular técnicas y profesionales, para acceder al empleo, el trabajo decente y el emprendimiento.

5) Eliminar las disparidades de género en la educación y garantizar el acceso en condiciones de igualdad de las personas vulnerables, incluidas las personas con discapacidad, los pueblos indígenas y los niños en situación de vulnerabilidad, a todos los niveles de la enseñanza y la formación profesional.

6) Garantizar que todos los jóvenes y al menos una proporción sustancial de los adultos, tanto hombres como mujeres, tengan competencias de lectura, escritura y aritmética.

7) Garantizar que todos los alumnos adquieran los conocimientos teóricos y prácticos necesarios para promover el desarrollo sostenible, entre otras cosas mediante la educación para el desarrollo sostenible y la adopción de estilos de vida sostenibles, los derechos humanos, la igualdad entre los géneros, la promoción de una cultura de paz y no violencia, la ciudadanía mundial y la valoración de la diversidad cultural y de la contribución de la cultura al desarrollo sostenible, entre otros medios.

Y para ello usará los siguiente medios de aplicación:

a) Construir y adecuar instalaciones escolares que respondan a las necesidades de los niños y las personas discapacitadas y tengan en cuenta las cuestiones de género, y que ofrezcan entornos de aprendizaje seguros, no violentos, inclusivos y eficaces para todos.

b) De aquí a 2020, aumentar sustancialmente a nivel mundial el número de becas disponibles para los países en desarrollo, en particular los países menos adelantados, los pequeños Estados insulares en desarrollo y los países de África, para que sus estudiantes puedan matriculares en programas de estudios superiores, incluidos programas de formación profesional y programas técnicos, científicos, de ingeniería y de tecnología de la información y las comunicaciones, en países desarrollados y otros países en desarrollo.

c) Aumentar sustancialmente la oferta de maestros calificados, entre otras cosas mediante la cooperación internacional para la formación de docentes en los países en desarrollo, especialmente los países menos adelantados y los pequeños Estados insulares en desarrollo.

Si quieres más información, puedes leer la declaración completa aquí.

¿Qué hacer si un alumno te pide amistad en Facebook?

Con motivo del Día Internacional de la Amistad (designado por la Asamblea General de la Naciones Unidas el 30 de julio), vamos a abordar un tema que puede generar algo de controversia: la amistad entre profesores y alumnos. Un debate que se ha avivado con las redes sociales. ¿Qué hacer si un alumno nos pide amistad en Facebook o Instagram o nos empieza a seguir en Twitter? Por lo general, los expertos recomiendan evitar este contacto fuera de clase, ya que en muchos casos se expone la vida privada y es mejor que ni unos ni otros tengan acceso a esta faceta de su profesor o del alumno.

Por otro lado, adquirir un rol de colega con los alumnos es un arma de doble filo; te permite acercarte a ellos y captar mejor su atención, pero puede traducirse en una pérdida de autoridad que echarás en falta en un momento de conflicto.

Antes, cuando no existían las redes sociales, un alumno no tenía acceso a su profesor fuera de la escuela. Con las redes sociales esto ha cambiado. Lo mejor es que el colegio cuente con una plataforma o estipule un canal de comunicación en caso de querer posibilitar la comunicación entre alumnos y profesores fuera del aula (un blog, el e-mail, etc.). Una herramienta que sirva para un fin concreto y cuyas normas queden claras para todas las partes.

Si quieres más información sobre este asunto, te recomendamos las “Ocho reglas que deben seguir los profesores en las redes sociales” publicadas por La Vanguardia.

Titivillus, el presunto culpable de los errores ortográficos

Quizás no habías oído hablar nunca de él, pero Titivillus era un demonio conocido en la edad media por hacer cometer errores a los escribanos. De hecho, el objetivo de este demonio era, según las leyendas, hacer que las personas cometieran errores para que pecaran y fueran al infierno.

Lo cierto es que en esa época los escribanos pasaban largas jornadas escribiendo a mano con pocos medios y poca luz. Y como nadie está exento de cometer errores, ellos también los cometían. Pero los atribuían a Titivillus. La creencia en este demonio también les servía para estar más atentos mientras desarrollaban su labor, pues sabían que este mal les acechaba.

A Titivillus normalmente se le representaba con varios libros a su espalda. Uno de sus mayores “logros” fue la denominada “Biblia Malvada”, de 1631, en la que los editores londinenses Robert Barker y Martin Lucas pusieron por error “Cometerás adulterio”. La ausencia del “no” en el séptimo mandamiento llevó a la destrucción de todos los ejemplares y el monarca británico impuso una multa de 300 libras a los editores.

¿Conocías esta curiosa historia?