“La inclusión es un compromiso ético que invita a la acción”

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Coral Elizondo es docente y activista de la educación inclusiva. Ha sido directora del Centro Aragonés de Recursos para la Educación Inclusiva (CAREI) y profesora asociada en la Facultad de Educación de la Universidad de Zaragoza. En estos momentos está en excedencia voluntaria centrada en la formación sobre inclusión.

¿Qué te llevó a dedicar tu carrera a la inclusión?

Yo creo que nuestra mirada, todas nuestras acciones y nuestros valores personales nos ayudan a ir marcando nuestro camino. Estudié magisterio por la especialidad de Matemáticas y Ciencias de la Naturaleza, pero nunca he sido profesora de matemáticas. Aprobé las oposiciones por la especialidad de Pedagogía Terapéutica y esto me llevó a conocer una educación especial en la que se normalizan las injusticias. Entonces quise estudiar psicología.
La persona es siempre mucho más que un diagnóstico, y ahí estaba yo de juez y parte con esta contradicción personal. Pensé que si quería cambiar el mundo, debía ayudar a docentes y familias a querer la inclusión, porque quererla es crearla, como dice una campaña preciosa sobre la inclusión. Solicité entonces, después de 29 años de funcionaria, una excedencia voluntaria para centrar todas mis energías en la inclusión. Creo que lo que mejor me define es “activista de la educación inclusiva”, por mi compromiso personal con la inclusión.

Defiendes que inclusión no es lo mismo que integración, dos términos que a menudo se tratan como sinónimos. ¿Cómo se pueden diferenciar?

La UNESCO habla de presencia, participación y logros, y yo creo que esta es una diferencia clave. Mientras que con la integración de los años 90 garantizamos el acceso y la presencia en las aulas, con la inclusión del siglo XXI garantizamos la participación y por ende la pertenencia y la acogida. No se trata de entrar, sino de pertenecer. Este es el aspecto fundamental que diferencia inclusión e integración.

¿Cómo defines la educación inclusiva?

La educación inclusiva se asienta en una concepción humanista de la educación y el desarrollo. Se basa en la igualdad de derechos, de oportunidades, en la mejora de la calidad de vida de todo el alumnado, en la participación plena en la vida social eliminando la exclusión en la educación y desde la educación, eliminando barreras y promoviendo transformaciones educativas, personales y sociales. Implica, además, conjugar aspectos cognitivos, emocionales y éticos y poner en acción valores y compromisos de responsabilidad compartida. La educación inclusiva es un proceso que promueve un planteamiento holístico de la educación que se asienta en principios fundamentales como la equidad, la calidad en la educación, la justicia, la cohesión e inclusión social, la ética, la transcendencia y el bienestar personal.

El objetivo de la inclusión es brindar respuestas apropiadas a todo el alumnado. Brindar respuestas apropiadas y de calidad al amplio espectro de necesidades de aprendizaje, tanto en entornos formales como no formales de la educación. La educación inclusiva, más que un tema marginal que trata sobre cómo integrar a ciertos estudiantes a la enseñanza convencional, como lo hacía la integración, representa un enfoque que examina cómo transformar los sistemas educativos y otros entornos de aprendizaje, con el fin de responder a la diversidad de los estudiantes, considerando que todas las personas somos únicas y diversas. Se contempla la variabilidad humana, la diversidad, como lo habitual, no como lo excepcional.

Entonces, ¿hay que adaptar el sistema educativo?

Yo creo que este aspecto es lo que diferencia integración de inclusión. En la integración es el niño o niña quien debe adaptarse al sistema y si no lo hace se escolariza en otro centro; con la inclusión es el sistema el que debe adaptarse. De esta forma, la educación inclusiva es una educación transformadora, porque debemos modificar y repensar las prácticas educativas. Pero también es transformadora de vidas, porque cambia la vida de las personas.

¿Cuál es el nivel de inclusión, en general, en las escuelas españolas?

En general me encuentro con muchos errores conceptuales que llevan a implementar en los centros prácticas segregadoras, considerando que lo que hacen es inclusión. Falta mucha formación e información sobre este tema. Pero también tengo que decir que hay muchos centros educativos que están trabajando mucho y muy bien, y que hay muchos docentes comprometidos con este cambio.

¿Cómo se debe organizar un centro para ser inclusivo?

Un centro garante de la inclusión debe establecer unos valores inclusivos compartidos por toda la comunidad educativa que pongan el énfasis en la persona, en su desarrollo personal y holístico, y en la obtención de los mayores niveles de logro. Son centros acogedores y seguros para todo el alumnado. Fíjate que me refiero entonces a la convivencia, al respeto, a la justicia…
Pero también son centros que garantizan el diseño universal y los ajustes razonables para promover la igualdad de oportunidades a todo el alumnado, organizando los apoyos para asegurar una educación inclusiva y equitativa de calidad.

¿Y los docentes?

Yo creo que es clave cambiar la mirada. Hablo de mirada DUA como la mirada que promueve espacios donde las diferencias se diluyen, donde la intervención se centra en la persona y en mejorar su calidad de vida conjugando siempre aspectos cognitivos, emocionales y éticos. Es una mirada centrada en las fortalezas de la persona, en la personalización del aprendizaje, en el derecho a una educación de calidad, una mirada que te lleva a un diseño universal del aprendizaje que evita adaptaciones posteriores y que promueve la participación en y desde el aprendizaje.

¿Qué tipo de metodología funciona mejor para que la educación sea realmente inclusiva?

No existen recetas mágicas para la inclusión, ni tampoco metodologías inclusivas per se. Un aprendizaje cooperativo es por ejemplo una propuesta inclusiva que si no permite participar plenamente a todo el alumnado, es segregadora. Pero podríamos decir que todas las metodologías inductivas que promueven un aprendizaje activo son metodologías muy adecuadas para trabajar en el aula.

En estas metodologías el alumnado asume el protagonismo de su propio aprendizaje cambiando el rol y consiguiendo experiencias de aprendizaje más profundas y significativas y participando plenamente en ellas. El rol del profesorado también cambia, ahora es guía en el aprendizaje, promueve interacciones dialógicas, autonomía y observa y ayuda al alumnado que lo requiere.

Entre estas metodologías inductivas encontramos: aprendizaje basado en proyectos, aprendizaje basado en problemas, aprendizaje basado en retos, aprendizaje servicio, Flipped Classroom…

¿Crees que los recursos de que disponen actualmente las escuelas y maestros son suficientes para poder aplicar una educación inclusiva? ¿O faltan recursos?

Yo creo que faltan recursos, pero eso no quiere decir que con los recursos que tengamos no pasemos a la acción. Es decir, la inclusión es un compromiso ético que invita a la acción. En las escuelas debemos movilizar todos los recursos disponibles y gestionarlos para apoyar el aprendizaje de todo el alumnado. ¿Cómo? Yo trabajo creando redes naturales de apoyo que ayuden a orquestar el aprendizaje, de forma que toda la comunidad educativa (familias, profesorado y alumnado) son recursos para apoyar el aprendizaje y la participación.

Este año ha habido polémica con el nuevo proyecto de ley educativa y los centros de educación especial. Hay organismos que aseguran que estos centros segregan injustamente, mientras muchas familias los defienden. ¿Cuál es tu opinión al respecto?

En la actualidad existen tres modalidades para la escolarización del alumnado con necesidades educativas especiales: en centros ordinarios, una escolarización combinada y en centros de educación especial. Yo creo que distinguir estas modalidades de escolarización es segregador. Sin embargo, es lo habitual y no lo vemos extraño. Si solo concebimos las escuelas como lugares para asimilar y adquirir conocimientos, estos niños y niñas no tienen cabida y deben escolarizarse en otros centros “especiales”. Si concebimos que solo el estudiante promedio tiene cabida en las escuelas, dejamos en los márgenes a muchos niños y niñas. En la escuela se te clasifica y cataloga comparando tu rendimiento con el del estudiante promedio y todo lo que se salga de esta norma, no es normal, y entonces esta persona en educación merece una atención diversa. ¿Cuándo vamos a romper con esta idea? No existe la persona promedio. Tom Rose habla incluso de la tiranía del promedio. Romper con esta idea es difícil, porque nos lleva a repensar la educación y hablar de personalización, de diseño universal, de personas… Pero sobre todo nos lleva a romper con lo establecido y a transformar los sistemas educativos.

Entiendo…

Escolarizar a los niños y niñas que se salen de la norma en un centro de educación especial es considerar que son un error porque se desvían del promedio, ¿y no te parece esto a ti una verdadera injusticia?

Hemos normalizado tanto las injusticias que ni las vemos. Puedo entender a las familias cuando después de mucho sufrimiento en centros ordinarios sus hijos e hijas encuentran su lugar en los centros de educación especial, pero te vuelvo a preguntar: ¿cómo podemos permitir ese sufrimiento?, ¿son las escuelas lugares de esperanza para todo el alumnado?

Si hablamos de centros ordinarios, tendremos que hablar entonces de centros extraordinarios. ¿Por qué no hablamos de una educación extraordinaria a la que le quitamos el adjetivo de inclusión? Fíjate que no tendríamos que hablar de inclusión si antes no hubiésemos segregado. Puede parecerte utópico, pero ese es mi sueño. Una utopía que nos lleve a hacer realidad y construir lo inédito viable.

¿Qué le dirías a quien duda de que sea posible la educación inclusiva?

No es cuestión de dudar o no, la educación inclusiva es un derecho. En el año 2006 se aprueba la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, que en su artículo 24 solicitaba a los Estados Partes asegurar un sistema de educación inclusivo a todos los niveles, así como la enseñanza a lo largo de la vida, garantizando que las personas con discapacidad no quedasen excluidas del sistema general de educación y posibilitando que puedan acceder a una educación inclusiva, equitativa y de calidad en igualdad de condiciones con los demás. Los Estados Partes confirmarían la obligación de hacer los ajustes razonables en función de las necesidades individuales y la prestación de los apoyos necesarios que posibiliten el desarrollo académico y social, de conformidad con el objetivo de plena inclusión.

La Convención supuso un avance en el planteamiento del derecho a la educación de las personas con discapacidad, no solo porque es un documento jurídicamente vinculante para todos los Estados Partes, sino porque parte del enfoque de derechos humanos, que pone a la persona en el centro de su intervención y contempla la equidad como parte inherente e intrínsecamente relacionada a la educación, que se reinterpreta como una cuestión de justicia social, de derecho, de igualdad de condiciones en la educación.


OXX
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