OXFORD CHALLENGE – Actividad 14
¿Quieres que tu alumnado conecte con sus emociones más positivas y les dé forma a través de las palabras? Esta dinámica de 15 minutos propone utilizar el papel de escritura Oxford® para que los estudiantes exploren un sentimiento positivo significativo mediante la redacción de un texto breve o un poema. A través de la escritura, cada estudiante profundizará en su mundo interior, reforzando su autoconocimiento y su capacidad de expresión personal.
¿Por qué escribir sobre sentimientos positivos? Escribir es una excelente herramienta para poder explorar lo que sentimos. Detenernos a plasmar una emoción en palabras nos invita a observarla y comprenderla mejor, profundizando en sus matices y conexiones con nuestras propias experiencias para encontrar claridad y autoconocimiento.
Pasos para el desarrollo de la actividad:
- Elección del sentimiento y redactado: Se pide al alumnado que reflexione sobre un sentimiento positivo que hayan experimentado recientemente o valoren, como la gratitud, la alegría, el amor, la tranquilidad o la esperanza, redactando un pequeño texto, poema o relato relacionado.
- Preguntas guía: El docente puede lanzar preguntas orientativas para animarlos a incluir detalles profundos, como qué lo desencadenó, cómo se han sentido física y emocionalmente, o qué impacto ha tenido en ellos o en los demás.
- Lectura y puesta en común: Cada estudiante lee su texto en voz alta y el resto del grupo comparte aquello que les ha inspirado o gustado de la lectura.
Adaptaciones para ESO y Bachillerato:
- Ampliar formatos: Para cursos superiores, se puede cambiar el formato pidiendo algo más complejo, como escribir una carta dirigida al propio sentimiento o reflexiones filosóficas sobre su importancia en nuestras vidas.
- Debate guiado: Abrir un espacio de diálogo para reflexionar sobre cómo se relacionan los sentimientos positivos con nuestras capacidades de resiliencia, bienestar emocional y madurez.
Reflexión final: Escribir sobre un sentimiento nos invita a detenernos, observarlo y darle forma, convirtiendo la escritura en un puente directo hacia la autocomprensión y el autoconocimiento. Esta dinámica demuestra que poner en palabras nuestras emociones positivas no solo organiza nuestro interior, sino que nos permite descubrir aspectos que quizás no habíamos notado antes.