Ayuda a tus alumnos a fortalecer su autoestima

OXFORD CHALLENGE – Actividad 2 

 

Esta actividad invita al alumnado a reconocer los “frenos” emocionales que, a veces, les impiden avanzar hacia sus objetivos, y a transformar esos bloqueos en estrategias de afrontamiento. Es especialmente útil para trabajar el miedo al fracaso, la inseguridad, la vergüenza o la falta de confianza, aspectos muy presentes en la vida escolar y directamente relacionados con el bienestar emocional.

Para empezar, dibuja en la pizarra dos columnas:

  • Lo que me frena
  • Lo que me ayuda

 

A continuación, lanza una pregunta abierta al grupo:

 “¿Qué cosas hacen que a veces no os atreváis a intentar algo?”

Con calma, irán apareciendo respuestas: miedo a equivocarse, nervios al hablar en público, pensar que “no soy capaz”, compararse con otros, vergüenza, presión por hacerlo perfecto… Ve anotándolas todas sin corregir ni juzgar. Este paso es clave: cuando el alumnado ve que esos sentimientos son comunes, disminuye la autoexigencia y se reduce la sensación de “ser el único al que le pasa”.

Después, dirige la atención a la segunda columna y pregunta:

 “¿Qué puede ayudarnos cuando nos sentimos así?”

Aquí suelen surgir propuestas muy potentes: practicar poco a poco, pedir ayuda, respirar antes de empezar, dividir una tarea en partes, apoyarse en un compañero, recordarse que equivocarse también es aprender. Escríbelas de forma clara y concreta para que queden como un “mapa de recursos” visible.

Para cerrar, pide a cada alumno que haga un pequeño trabajo personal:

  1. Elige un freno con el que te identifiques.
  2. Escribe al lado una estrategia que puedas usar la próxima vez.

 

Esta dinámica tiene un efecto muy positivo en el clima del aula: normaliza emociones, refuerza la pertenencia al grupo y ofrece herramientas reales para avanzar. Además, ayuda a que el alumnado no se defina por sus miedos (“soy tímido, no puedo”), sino por su capacidad de afrontamiento (“me cuesta, pero tengo recursos”). En el fondo, no solo se trabaja el logro de objetivos: se enseña a cuidarse emocionalmente mientras se aprende y se crece.

Enseña a tus alumnos a buscar su propósito

OXFORD CHALLENGE – Actividad 1

 

En el día a día del aula, a veces necesitamos centramos tanto en los contenidos que es posible que quizás no nos quede tiempo para algo esencial: cómo se sienten nuestros alumnos y alumnas. Una manera sencilla —y muy potente— de poder trabajar el bienestar emocional es abrir un espacio para hablar de metas personales, de buscar su propósito.

Desde Aula de Papel proponemos una actividad muy fácil de aplicar. Pide a cada estudiante que piense en algo que le gustaría conseguir este curso, a buscar su propósito. No tiene que ser una meta enorme: puede ser mejorar en una asignatura, atreverse a participar más, organizarse mejor, hacer nuevos amigos o sentirse más seguro en clase.

Después, invítales a escribir en su cuaderno:

  • Qué quiero conseguir.
  • Por qué es importante para mí.
  • Cómo me sentiré si lo logro.
  • Cómo me sentiré si me cuesta o no lo consigo al principio.

Aunque parece una propuesta simple, fijarse una meta tiene un impacto emocional es grande. Ayuda al alumnado a poner nombre tanto a sus ilusiones como a sus miedos. Cuando imaginan cómo se sentirían al lograr su meta, refuerzan su motivación y su autoestima. Y cuando contemplan que quizá no les salga a la primera, aprenden algo fundamental: la frustración también forma parte del proceso y no significa que estén fallando.

Si algunos quieren compartirlo en voz alta, se crea un clima especialmente valioso en el aula. Descubren que muchas preocupaciones se repiten, se sienten más comprendidos y se fortalece el sentimiento de grupo. Esto reduce la presión, mejora la convivencia y convierte la clase en un espacio emocionalmente más seguro.

Además, esta dinámica es una herramienta clave para enseñar resiliencia: el alumnado entiende que las dificultades son normales y que avanzar no siempre es lineal. En conjunto, la actividad promueve el bienestar emocional porque invita a conocerse mejor, a ilusionarse con el futuro y a desarrollar una mirada más positiva sobre las propias capacidades. Tener metas no solo impulsa el aprendizaje académico: también fortalece la salud mental al aportar sentido, esperanza y motivación.