Entrevista a Mireia Portero, Premio Educa Abanca 2025

Mireia Portero Mejor Docente de España 2025

 

Mireia Portero es docente de Educación Primaria y jefa de estudios, además de formadora de profesorado y docente universitaria. Está especializada en metodologías activas, competencia digital docente, inteligencia artificial aplicada a la educación y liderazgo educativo, ámbitos en los que acompaña a centros y docentes en procesos de innovación y mejora pedagógica.

Su trabajo ha sido reconocido recientemente en los Premios EDUCA ABANCA – Mejor Docente de España en la categoría de Educación No Formal, un reconocimiento que nace de la propuesta del propio alumnado.

Conversamos con ella sobre innovación educativa, creatividad en el aula, el papel de la tecnología, la inteligencia artificial y los retos de enseñar en un mundo cada vez más digital.

 

En los últimos años se habla mucho de innovación educativa. Desde tu experiencia en el aula, ¿qué significa realmente innovar en educación?

A menudo cuando hablamos de innovación educativa pensamos inmediatamente en herramientas nuevas o en cambios muy visibles, pero en realidad innovar en educación tiene más que ver con la mirada pedagógica que con los recursos que utilizamos.

Desde mi experiencia en el aula, innovar significa replantearse cómo aprenden mejor los alumnos/as y diseñar experiencias que favorezcan un aprendizaje más activo, significativo y conectado con la realidad. No se trata tanto de hacer cosas completamente diferentes, sino de mejorar aquello que ya hacemos para que tenga más sentido para el alumnado.

Innovar también implica reflexionar sobre la propia práctica docente. Preguntarnos si lo que estamos haciendo realmente ayuda a los estudiantes a comprender, a pensar, a crear o a desarrollar habilidades que les serán útiles en el futuro.

En el fondo, innovar en educación es una actitud: mantener la curiosidad, observar lo que ocurre en el aula, aprender constantemente y estar dispuesto a ajustar y mejorar la manera en que acompañamos el aprendizaje.

 

Muchas veces se asocia la innovación a la tecnología. ¿Qué papel crees que debe tener realmente la tecnología dentro del aprendizaje?

La tecnología tiene un potencial enorme dentro de la educación, pero es importante entender que por sí sola no transforma el aprendizaje. Lo que realmente marca la diferencia es la pedagogía.

La tecnología debe entenderse como una herramienta que puede enriquecer las experiencias de aprendizaje: permite acceder a información de manera más flexible, crear contenidos más visuales, trabajar de forma colaborativa o adaptar actividades a diferentes ritmos de aprendizaje.

Sin embargo, su valor depende completamente de cómo se utilice. Incorporar tecnología sin una intención pedagógica clara puede quedarse en algo superficial o incluso convertirse en una distracción.

Por eso creo que la pregunta importante no es qué tecnología usamos, sino para qué la utilizamos. Cuando se integra con sentido educativo, la tecnología puede ampliar muchísimo las posibilidades del aula, pero el centro del proceso sigue siendo siempre el aprendizaje del alumnado y el criterio pedagógico del docente.

 

Trabajas mucho con metodologías activas como la gamificación o el aprendizaje basado en proyectos. ¿Qué cambia en el aula cuando el alumnado pasa a tener un papel más protagonista?

Cuando el alumnado asume un papel más activo en su aprendizaje cambia completamente la dinámica del aula. El estudiante deja de ser únicamente receptor de información y pasa a participar en el proceso: investiga, toma decisiones, resuelve retos, crea y colabora con sus compañeros/as.

Esto suele generar un cambio muy visible en la implicación. Cuando los alumnos/as sienten que forman parte del proceso y que lo que hacen tiene sentido, la motivación y la participación aumentan considerablemente.

Metodologías como la gamificación o el aprendizaje basado en proyectos ayudan a plantear situaciones en las que el aprendizaje se vive de forma más experiencial. El alumnado no solo escucha o memoriza, sino que aplica conocimientos, conecta ideas y trabaja habilidades como la resolución de problemas o el trabajo en equipo.

Además, este enfoque permite desarrollar competencias que hoy son fundamentales, como el pensamiento crítico, la creatividad o la autonomía. En definitiva, el aprendizaje deja de ser algo que simplemente se recibe y pasa a ser algo que se construye.

 

La motivación del alumnado es uno de los grandes retos actuales. ¿Qué estrategias funcionan mejor para despertar la curiosidad y el interés por aprender?

La motivación está muy relacionada con el sentido que el alumnado encuentra en lo que hace. Cuando un estudiante percibe que una actividad tiene propósito, que le plantea un reto interesante o que le permite participar activamente, su implicación suele aumentar de forma natural.

Una estrategia que funciona muy bien es plantear el aprendizaje a través de retos o preguntas que despierten curiosidad. En lugar de empezar por la explicación, empezar por el problema o el desafío hace que los estudiantes quieran encontrar la respuesta.

También es importante dar cierto margen de autonomía. Cuando el alumnado puede tomar decisiones, explorar o aportar ideas propias, se siente más implicado en el proceso.

Otro factor clave es el clima del aula. Cuando los estudiantes se sienten seguros, escuchados y valorados, participan más y se atreven a probar, equivocarse y aprender.

En el fondo, despertar la curiosidad no tiene que ver sólo con hacer las clases más entretenidas, sino con diseñar experiencias de aprendizaje donde el alumnado se sienta protagonista y donde aprender tenga realmente sentido para ellos.

 

Hoy los estudiantes crecen en un entorno completamente digital. ¿Cómo influye esto en su forma de aprender y qué retos plantea para los docentes?

Los estudiantes de hoy han crecido en un entorno donde la información está disponible de forma inmediata y donde los estímulos son constantes. Esto influye en su manera de relacionarse con el conocimiento, con la tecnología y también con el propio proceso de aprendizaje.

Por un lado, tienen una gran capacidad para moverse en entornos digitales, buscar información o utilizar herramientas tecnológicas con mucha naturalidad. Pero al mismo tiempo, eso no significa necesariamente que sepan interpretar esa información, analizarla o utilizarla con criterio.

Aquí aparece uno de los grandes retos para la educación actual: no se trata solo de enseñar contenidos, sino de desarrollar habilidades como el pensamiento crítico, la capacidad de seleccionar información fiable o la competencia digital.

Para los docentes, esto implica repensar muchas dinámicas de aula. Si la información está a un clic, el valor ya no está únicamente en transmitirla, sino en ayudar al alumnado a comprenderla, contextualizarla y transformarla en conocimiento.

 

La Inteligencia Artificial ha entrado con fuerza en la educación. ¿Cómo puede ayudar realmente al profesorado y qué precauciones debemos tener?

La Inteligencia Artificial es una herramienta que puede tener un impacto muy interesante en la práctica docente si se utiliza con criterio pedagógico. Puede ayudar, por ejemplo, en la creación de materiales, en la adaptación de actividades a diferentes niveles o en la generación de ideas para trabajar determinados contenidos.

También puede facilitar algunas tareas que consumen mucho tiempo al profesorado, como preparar recursos, estructurar actividades o revisar determinados aspectos de las producciones del alumnado. Esto puede permitir que el docente dedique más tiempo a lo realmente importante: acompañar el proceso de aprendizaje.

Sin embargo, también es importante tener en cuenta algunos riesgos. La IA puede generar información incorrecta o fomentar una dependencia excesiva si no se utiliza de manera crítica.

Por eso, uno de los retos educativos actuales es enseñar al alumnado a utilizar estas herramientas con responsabilidad: saber contrastar la información, entender cómo funcionan y desarrollar una mirada crítica hacia los resultados que generan.

 

Además de docente, también trabajas formando a otros profesores. ¿Cuáles son las inquietudes o necesidades que más te transmiten los docentes hoy?

Cuando trabajo con docentes en formaciones o talleres, hay una inquietud que aparece de forma muy recurrente: cómo adaptarse a un contexto educativo que cambia cada vez más rápido.

Muchos profesores sienten interés por incorporar nuevas metodologías, trabajar con tecnología o entender mejor herramientas como la Inteligencia Artificial, pero al mismo tiempo buscan propuestas que sean realistas y aplicables en su día a día.

Otra necesidad muy habitual es encontrar estrategias para aumentar la motivación del alumnado y mejorar la implicación en el aula. Los docentes perciben claramente que las dinámicas de aprendizaje han cambiado y quieren explorar formas de conectar mejor con los estudiantes.

También aparece con frecuencia la necesidad de compartir experiencias con otros profesionales. La formación docente no solo aporta herramientas, sino que genera espacios de reflexión muy valiosos donde el profesorado puede intercambiar ideas, dudas y buenas prácticas.

 

Has sido reconocida recientemente en los Premios EDUCA ABANCA como Mejor Docente de España en la categoría de Educación No Formal. ¿Qué ha significado para ti este reconocimiento y cómo influye en tu forma de entender la educación?

Recibir el reconocimiento en los Premios EDUCA ABANCA como Mejor Docente de España en Educación No Formal ha sido una experiencia muy especial, sobre todo por el origen del premio. En estos galardones son los propios alumnos/as (y en algunas etapas también las familias) quienes proponen a los docentes, y eso le da un valor emocional muy grande.

Más allá del reconocimiento personal, lo viví sobre todo como una confirmación de que el trabajo que hacemos desde la educación tiene impacto real en las personas. Muchas veces la labor docente es silenciosa y sus resultados no siempre son inmediatos, por lo que momentos como este te recuerdan el sentido profundo de la profesión.

También lo siento como un reconocimiento compartido. En educación nada se construye en solitario. Detrás de cualquier proyecto hay alumnado, compañeros, equipos educativos y muchas personas que contribuyen a que las ideas se conviertan en experiencias de aprendizaje.

Y, en cierto modo, este tipo de reconocimientos también generan una responsabilidad: seguir aprendiendo, seguir innovando y continuar intentando aportar valor desde la educación y la formación docente.

 

En muchas ocasiones se habla de contenidos y resultados académicos, pero menos del clima del aula. ¿Qué importancia tiene el vínculo entre docente y alumnado?

El clima del aula es un factor absolutamente determinante en el aprendizaje, aunque a veces no se le dé toda la importancia que merece. Antes de que se produzca cualquier aprendizaje significativo, tiene que existir un entorno donde el alumnado se sienta seguro, escuchado y respetado.

El vínculo entre docente y alumnado influye directamente en la motivación, la participación y la confianza. Cuando un estudiante percibe que su profesor/a le acompaña, le entiende y cree en sus capacidades, es mucho más probable que se implique en el proceso de aprendizaje.

Además, el clima de aula también afecta a la convivencia, a la gestión de los errores y a la forma en que los alumnos/as afrontan los retos. Un entorno donde equivocarse forma parte del aprendizaje favorece mucho más la curiosidad y la experimentación.

En el fondo, más allá de metodologías o herramientas, el aprendizaje siempre tiene una dimensión profundamente humana. Y ese vínculo entre docente y alumnado es uno de los elementos que más impacto puede tener en el desarrollo de los estudiantes.

 

A lo largo de tu trayectoria has impulsado proyectos educativos muy diversos. ¿Qué tienen en común las experiencias de aprendizaje que realmente funcionan?

Si hay algo que comparten las experiencias de aprendizaje que realmente funcionan es que tienen sentido para el alumnado. Cuando una propuesta conecta con su curiosidad, con sus intereses o con situaciones más cercanas a la realidad, la implicación suele ser mucho mayor.

También suelen tener un componente activo. El alumnado no se limita a recibir información, sino que investiga, crea, toma decisiones o resuelve retos. Este tipo de participación hace que el aprendizaje sea más profundo y más duradero.

Otro elemento común es el componente emocional. Cuando una experiencia genera sorpresa, curiosidad o sensación de logro, se recuerda mucho más. El aprendizaje no es solo un proceso cognitivo, también está muy ligado a la emoción.

Y, por último, las propuestas que funcionan suelen estar bien diseñadas pedagógicamente. No se trata solo de hacer actividades atractivas, sino de que exista coherencia entre los objetivos de aprendizaje, las actividades que se plantean y la forma en que se evalúa.

 

Mirando hacia el futuro, ¿qué crees que debería aprender el alumnado hoy para estar preparado para el mundo que viene?

Creo que el gran reto de la educación hoy no es solo transmitir conocimientos, sino preparar a los estudiantes para desenvolverse en un mundo cada vez más complejo y cambiante.

Más allá de los contenidos, hay competencias que cada vez tienen más peso. El pensamiento crítico es una de ellas: la capacidad de analizar información, contrastar fuentes y formarse un criterio propio es fundamental en un contexto donde la información es abundante y no siempre fiable.

También serán cada vez más importantes habilidades como la creatividad, la resolución de problemas, la comunicación o el trabajo en equipo. Muchas de las profesiones del futuro exigirán precisamente este tipo de competencias.

A esto se suma la competencia digital y la capacidad de adaptarse a nuevas tecnologías, como la inteligencia artificial, que ya forman parte de nuestra realidad.

En definitiva, el objetivo de la educación no es sólo preparar para un examen o para una etapa concreta, sino formar personas capaces de seguir aprendiendo a lo largo de toda su vida.

 

Recientemente has coordinado el libro Más allá del juego: Gamificando de la A a la Z. ¿Cómo surgió este proyecto y qué puede encontrar el profesorado en sus páginas?

Coordinar Más allá del juego: Gamificando de la A a la Z ha sido una experiencia muy especial. El libro nace con la idea de reunir experiencias reales de docentes que están aplicando la gamificación en sus aulas y compartirlas de una forma práctica y accesible para otros profesores/as.

A veces la gamificación se entiende simplemente como “jugar en clase”, pero en realidad implica diseñar experiencias de aprendizaje donde aparecen elementos del juego como retos, narrativa, misiones o progresión. Bien planteada, puede aumentar mucho la implicación del alumnado y favorecer aprendizajes más significativos.

En el libro participan más de veinte docentes que comparten proyectos, ideas y reflexiones desde diferentes etapas educativas. Eso hace que el libro tenga una mirada muy diversa y muy conectada con la realidad del aula.

Además, el proyecto tiene también una dimensión solidaria que para mí era muy importante. Los beneficios del libro se destinan a la Fundación Aladina, que realiza una labor extraordinaria apoyando a niños y adolescentes con cáncer. Poder unir educación, innovación y solidaridad ha sido, sin duda, una de las partes más bonitas del proyecto.

 

Para terminar, ¿qué mensaje te gustaría compartir con los docentes que buscan seguir innovando en sus aulas?

Quizá el mensaje más importante sería recordar que innovar no significa hacer siempre cosas grandes o complejas. A veces pequeños cambios en la manera de plantear una actividad, en la forma de preguntar o en cómo implicamos al alumnado pueden tener un impacto enorme.

También es importante no perder la curiosidad. La educación está en constante evolución y la actitud de seguir aprendiendo, explorando y compartiendo con otros docentes es una de las claves para seguir creciendo profesionalmente.

Al mismo tiempo, creo que conviene no obsesionarse con las modas educativas. Cada aula es diferente y lo más importante es adaptar las metodologías y las herramientas al contexto real de nuestros estudiantes.

Y, sobre todo, no olvidar que el centro de todo es siempre el alumnado. Más allá de metodologías, tecnología o recursos, la educación tiene que ver con acompañar, inspirar y ayudar a cada estudiante a descubrir de qué es capaz.

Docentes bajo el algoritmo

Vivimos en un mundo inundado de información donde los algoritmos empiezan a arbitrar qué sabemos y cómo decidimos. A medida que los nuevos oráculos de internet despliegan su autoridad invisible, los docentes tomamos mayor conciencia de la importancia de nuestro rol como contrapeso en favor del pensamiento crítico de las jóvenes generaciones.

Durante siglos, la información relevante circulaba a través de instituciones y figuras con autoridad reconocida: maestros, científicos, bibliotecarios, editores o periodistas. El conocimiento se transmitía mediante comunidades de expertos, procesos de verificación y tradiciones intelectuales consolidadas. Hoy, en cambio, una parte creciente de nuestro contacto con el conocimiento se produce a través de motores de búsqueda, plataformas digitales y, cada vez más, sistemas de inteligencia artificial como los grandes modelos de lenguaje.

Este cambio no es solo tecnológico; implica también una transformación profunda en la manera en que se construye la autoridad informativa. Cada vez delegamos más en algoritmos tareas que antes correspondían a personas o instituciones: seleccionar información, ordenarla según su relevancia o formular respuestas a preguntas complejas. En este contexto, la educación —y especialmente la figura del docente— adquiere un papel fundamental para formar ciudadanos capaces de interpretar críticamente la información y comprender los sistemas que la producen.

El desplazamiento de la autoridad: del humano al algoritmo

Históricamente, la autoridad en materia de conocimiento residía en la tradición, en instituciones consolidadas o en la deliberación racional de los individuos. Hoy asistimos a una transformación cultural profunda que el historiador y pensador Yuval Noah Harari describe como el paso del humanismo a una nueva ideología que denomina dataísmo.

En obras como Homo Deus: A Brief History of Tomorrow o 21 Lessons for the 21st Century, Harari sostiene que las sociedades contemporáneas tienden a confiar cada vez más en sistemas capaces de procesar grandes volúmenes de información. Estos sistemas pueden tomar decisiones más rápidas —y aparentemente más eficientes— que los humanos, lo que genera la tentación de delegar en ellos parte de nuestra capacidad de juicio.

Según esta lógica, el valor central ya no sería la conciencia humana, sino el flujo de datos y la capacidad de analizarlos. Harari advierte, sin embargo, que esta evolución plantea una cuestión crucial:  ¿quién controla los algoritmos que organizan la información global?. En diversas ocasiones ha señalado que estos sistemas pueden llegar a “controlar nuestras conversaciones y decidir qué vemos y en qué pensamos”. La cuestión política clave del siglo XXI será, por tanto, determinar quién se sitúa por encima del algoritmo y quién queda subordinado a él.

Este desplazamiento de autoridad ya es visible en la vida cotidiana. Los algoritmos influyen en las noticias que leemos, en los productos que se nos recomiendan, en las personas que aparecen en aplicaciones de citas o en decisiones económicas como inversiones o concesiones de crédito. Cada vez más decisiones personales y sociales pasan por sistemas automatizados cuya lógica permanece opaca para la mayoría de los usuarios.

Cuando los algoritmos toman decisiones

Este fenómeno ha sido analizado en profundidad por la matemática y auditora algorítmica Cathy O’Neil en su libro Weapons of Math Destruction (Armas de destrucción matemática). O’Neil muestra cómo ciertos sistemas algorítmicos, diseñados para optimizar procesos, pueden acabar reproduciendo y amplificando desigualdades sociales.

Algoritmos utilizados para seleccionar candidatos a un empleo, calcular el riesgo crediticio o diseñar estrategias policiales pueden producir decisiones difíciles de comprender y de cuestionar. Según O’Neil, muchos de estos sistemas funcionan como auténticas “cajas negras”: generan resultados que afectan profundamente a las personas sin que estas puedan conocer los criterios que se han aplicado.

Cuando esto ocurre, la autoridad decisoria se desplaza silenciosamente desde instituciones y procesos deliberativos hacia sistemas tecnológicos gestionados en muchos casos por empresas privadas. Esta opacidad refuerza la necesidad de una nueva alfabetización ciudadana orientada a comprender cómo funcionan los algoritmos que estructuran el espacio digital.

Los modelos de lenguaje y sus límites

Los grandes modelos de lenguaje han introducido una nueva interfaz del conocimiento. A diferencia de los motores de búsqueda tradicionales, que ofrecen listas de enlaces, estos sistemas generan directamente respuestas textuales a las preguntas de los usuarios, actuando como interlocutores aparentemente expertos.

Su potencial educativo es enorme, pero también presentan limitaciones importantes. Una de las más conocidas es el fenómeno de las alucinaciones. Dado que estos sistemas predicen secuencias lingüísticas y no verifican hechos, pueden generar información incorrecta con una seguridad expresiva notable. Pueden inventar referencias, datos históricos o explicaciones científicas con una apariencia plenamente creíble.

A este problema se suma la contaminación del conocimiento: la degradación progresiva de los datos de entrenamiento cuando los modelos aprenden de contenido generado por otras inteligencias artificiales. El divulgador tecnológico Jon Hernández lo explica con un ejemplo sencillo: si internet se llena de textos producidos por IA y los nuevos modelos se entrenan con ese mismo material, se crea un ciclo de retroalimentación donde la IA aprende de contenidos artificiales, reduciendo gradualmente la diversidad y la precisión del conocimiento disponible.

El educador como arquitecto del pensamiento crítico

Ante este escenario, el papel del docente se transforma profundamente. Ya no es solo un transmisor de contenidos, sino un guía en el desarrollo del pensamiento crítico dentro de un ecosistema informativo cada vez más mediado por algoritmos.

El estudiante ya no se limita a buscar información: interactúa con sistemas que filtran, ordenan e incluso generan el conocimiento que recibe. Comprender esta mediación es esencial para formar ciudadanos autónomos.

Para ello, el docente debe fomentar tres competencias fundamentales: verificación activa de la información, análisis de sesgos en los sistemas algorítmicos y una ética de la decisión que recuerde que la responsabilidad última —personal, económica o moral— debe seguir siendo humana.

Educar para preservar la autonomía humana

Si decisiones tan relevantes como informarnos, invertir, trabajar o establecer relaciones están cada vez más mediadas por algoritmos, el desafío principal consiste en preservar la autonomía del juicio humano.

En este contexto, la educación se convierte en una de las instituciones más importantes para mantener el equilibrio entre innovación tecnológica y libertad ciudadana. Educar ciudadanos críticos implica enseñarles a contrastar fuentes, cuestionar la máquina cuando sea necesario y valorar la reflexión frente a la inmediatez algorítmica.

Lejos de perder relevancia, el docente se vuelve una figura todavía más necesaria: un mediador entre tecnología y conocimiento capaz de ayudar a los estudiantes a distinguir entre información y verdad, entre automatización y criterio.

En una sociedad cada vez más gobernada por algoritmos, preservar el pensamiento crítico no es solo una tarea pedagógica. Es una condición esencial para la democracia y para la libertad humana.

 

Un Docente Bajo el AlgoritmoUDBA

11 de marzo de 2026

Cómo crear un buen ambiente en clase

Elementary school class outside

Para la creación de un grupo sólido necesitamos de  un ambiente de aprecio y confianza. Y para ello es básico crear comunidad.

El sentimiento de pertenencia a un grupo y el de identidad son necesidades humanas básicas. Por el contrario, el rechazo sentido y la falta de integración van a ser una de las primeras fuentes de problemas. Para ello podemos realizar juegos que nos permitan conocernos e integrarnos en un ambiente de aprecio y confianza.

Otro punto importante es facilitar la comunicación, ya que ésta es un elemento esencial a la hora de la convivencia y en la resolución de conflictos de forma no-violenta, ya que el diálogo es una de sus principales herramientas. Desde las dinámicas de comunicación se pretende enseñar y aprender a desarrollar una comunicación efectiva que nos enseñe a dialogar y a escuchar.

La toma de decisiones por consenso será también muy importante, ya que implica que todo el mundo siente que se le ha escuchado y que su opinión se ha tomado en cuenta en la decisión final. La toma de decisiones por consenso también forma parte de un proceso. Hay que comenzar con temas, cosas y aspectos sencillos para, poco a poco, ir decidiendo sobre temas más importantes.

Trabajar la cooperación con determinadas técnicas y juegos nos permiten ver la diferencia como un valor y una fuente de enriquecimiento mutuo. Para ello hay que desarrollar actividades cooperativas, buscar formas de trabajo y aprendizaje cooperativo, encontrar alternativas a la típica dinámica de la clase.

Hacernos más accesibles como profesores: Si pretendemos que se produzca una comunicación fluida entre alumno y profesor, es necesario que ellos sientan que pueden hablar con nosotros sin barreras como la edad, la posición de poder que ocupamos, etc.

Sacar a los alumnos de la rutina y estimularlos con novedades será importante, ya que rompiendo los esquemas es más fácil que te presten atención, pues se mantienen a la expectativa de ver lo nuevo que se les ofrece.

¿Qué te parecen estos 6 puntos? ¿Cuál empezarás a trabajar primero?

Trucos para recordar nombres

kids_name

Si tú también tienes problemas para recordar el nombre de tus alumnos, ¡bienvenido al club! Pero para que esto no sea un impedimento, te presentamos unos prácticos trucos para que memorizar todos los nuevos nombres sea más fácil. ¡Allá vamos!

1. ¡Repítelo!

Uno de los principales problemas, y el más sencillo de solucionar, es no entender el nombre de alguien la primera vez. Especialmente si se trata de un alumno extranjero o con un nombre poco habitual. ¡Pide que te lo repitan! Acto seguido, repítelo tú. Si quieres puedes aprovechar para preguntar de dónde viene o entablar una pequeña conversación y que el alumno vea que tienes interés en él o ella.

2. ¡Escríbelo!

Es la fórmula definitiva. Puedes hacerlo en un cuaderno, discretamente, en tu cuaderno de profesor. También puedes hacerlo directamente delante de ellos. No solo te aseguras de recordar el nombre, sino que muestras interés y te ayuda a ganar su simpatía.

3. Mírale a la cara

Estudia las facciones del alumno con discreción. Fíjate en la forma de la nariz, el color de los ojos, el pelo. Mientras lo haces, repite mentalmente su nombre “Protasio, Protasio, Protasio”. De esta manera pones en marcha tu memoria visual, creando un registro de su cara, y a la memoria auditiva, asociando su nombre.

4. Pon atención

Parece algo obvio, pero si no prestamos toda nuestra atención, nuestro cerebro no le dará importancia al dato y nunca lo almacenará como recuerdo a medio o largo plazo. Quizás estemos nerviosos por la presentación, o por lo que queremos decir después para causar una buena impresión y sea la causa de nuestra falta de atención.

Es muy importante que mantengamos el foco en el alumno y sobre todo en el momento en que nos dicen su nombre. De esta forma, tendremos la semilla de lo que será el futuro recuerdo.

Siguiendo estos sencillos trucos, ya verás como poco a poco vas memorizando los nuevos nombre si problemas de tus alumnos.

 

¿Nos cuentas tus trucos?

Actitudes para afrontar el nuevo curso

Hace poco hablábamos sobre cómo enfocar el inicio del nuevo curso y qué maneras tenemos de afrontar los nuevos retos. Para ello es muy importante nuestra actitud delante de nuestros propósitos, apartando pensamientos repetitivos y abriendo nuestra mente a todo lo nuevo.

Vamos a hablar de algunas actitudes que forman parte de nuestra realidad diaria, y de cómo desactivar ciertos «vicios mentales» que entorpecen nuestra vida cotidiana.

Dispersión

Es muy importante que delante de un objetivo o tarea estemos concentrados en ellos. Si tenemos abierto Facebook, miramos los whatsapp y el correo cada 10 minutos, nuestra mente no está preparada para llevarla a cabo.

Ponernos a ello y salir de la tarea es más cansado que la actividad misma. Cada vez que la dejamos de lado para hacer otra cosa, volver a ella requiere un esfuerzo extra que nos va restando energía, desmotiva y nos lleva al abandono.

La solución es centrarnos en una sola tarea, dejando las otras de lado. Si lo haces, verás como el tiempo te cunde más, realizas más actividades a lo largo del día y te sentirás más satisfecha.

Pesimismo

Adelantarnos y pensar en negativo te roba energía. Además, si visualizas ese pensamiento, de manera inconsciente estás trabajando para que eso suceda. Para ello, es necesario centrarnos en las soluciones a nuestros problemas e intentar desactivar de nuestra mente el problema en si.

Otra recomendación es ser agradecido y mantener una actitud tranquila y comprensiva con los que nos rodean. Tenemos que intentar no analizar tanto lo que sucede y centrarnos en vivir el momento y, cuando las cosas se tuercen, pensar en soluciones constructivas. De esta manera aprenderemos a ser más positivos.

Ansiedad y estrés

El estrés es la respuesta emocional y fisiológica a las situaciones de exigencia que nos encontramos en la vida cotidiana. Sería como un estado de alerta que nos proporcionaría nuestro cuerpo delante de situaciones que requieren mayor concentración.

Delante de determinados peligros, es importante tener esta respuesta automática, pero delante de la mayoría de complicaciones del día a día, nos resta puntos y afecta a nuestro estado de ánimo.

Tratar de tomarte los acontecimientos con calma, relativizar las urgencias y realizar una tarea tras otra son maneras efectivas de reprogramar nuestra mente.

Miedos y preocupaciones

Lo dice la propia palabra: pre- ocupaciones. Son aquellos acontecimientos que nos impiden centrarnos en lo verdaderamente importante y nos frenan y entorpecen la vida. Además agotan nuestra energía mental y promueven un estado de ánimo negativo. A ello hemos de sumarle que son situaciones ficticias, y por lo tanto inútiles. ¿Te has dado cuenta que la mayoría de preocupaciones nunca llegan a suceder?

Para romper con ello es importante proponerte romper con esos pensamientos y dejar de sufrir por pequeñeces. Tenemos que aprender a vivir con la incertidumbre de lo que sucederá mañana, porque en la vida no hay nada programado.

 

Si logramos poco a poco reprogramar nuestra actitud mental, conseguiremos una vida más activa y serena; perfecta para afrontar los nuevos retos que nos ofrece el nuevo curso.

 

Aplicaciones para relajarnos 3: Relax y creatividad

Relax_azul

 

En esta tercera entrega, os presentamos una aplicación que os ayudará a relajaros y entrar en un estado de relax gracias a la interacción con nuestro dispositivo:

 

 

Gravilux

 

Esta app llena tu pantalla de partículas de luz y de colores, y utilizando tu dedo, podrás atraerlas o repelerlas creando figuras de gran belleza. Es muy simple, pero tiene ese “algo” que hace que desconectes de tus pensamientos repetitivos. Una aplicación con un punto artístico que jugando te ayudará a calmarte.

 

¿La conocías? ¿Te animas a probarla?

Aplicaciones para relajarnos 2: Buenas noches

índice

En esta segunda entrega, os presentamos una aplicación que os ayudará a relajaros y entrar en un estado de tranquilidad y armonía:

Relax Completely

Es una aplicación creada para hipnotizarte con la voz del narrador y llevarte a un estado de meditación óptimo para conseguir la mejor sensación de relax. Además de la narración, contiene vídeos y consejos, y aunque está en inglés, te aseguramos que la voz de su creador te transportará a una isla desierta. Es hipnótico.

¿Te pica la curiosidad? ¿La descargarás?

Los resultados del concurso «Oxford te escucha»

Captura de pantalla 2014-07-02 a la(s) 12.31.22

 

Para Oxford es muy importante la opinión de nuestros usuarios y en especial, de los profesores, que son quienes pueden evaluar el resultado del material que utiliza un colectivo numeroso como son sus alumnos.

 

Conocer vuestra opinión sobre cada producto nos es muy útil para seguir innovando y ofreciendo el mejor soporte para la  escritura.

 

Después de leer cada una de las opiniones de los participantes del concurso «Oxford te escucha» vemos que los profesores coincidís en la percepción de Oxford en muchos aspectos. Así es cómo valoráis la marca:

 

¿Sabías que más de la mitad de los profesores citan la la calidad como eje diferencial de nuestros productos?

 

El 25% de las respuestas creen que Oxford es mejor que el resto de marcas.

 

Uno de cada 4 cita la resistencia y durabilidad como características principales cuando habla de los cuadernos Oxford.

 

En muchas de las opiniones habéis puesto de manifiesto uno de nuestros lemas: «La tinta no traspasa», una particularidad que tiene mucho que ver con la alta calidad de nuestro papel, que no obedece solamente al alto gramaje sino a la exclusiva combinación de gramaje, opacidad y satinado.

 

También se menciona reiteradamente el diseño, la buena relación calidad/ precio y la amplia gama de productos y colores disponibles.

 

A pesar de responder de forma espontánea sobre lo que se percibe de Oxford, hay muchos profesores que añaden a estos beneficios funcionales, la innovación y el medio ambiente, dos temas con los que Oxford y Hamelin Brands tienen un fuerte compromiso corporativo.

 

Después de conocer estos resultados, no podíamos estar más contentos al comprobar que los profesores percibís y destacáis los valores que precisamente Oxford define en su hoja de ruta, lo que hace evidente que no sólo en la intención nos quedamos, sino que conseguimos demostrarlo.  

 

¡Infinitas Gracias por premiarnos con vuestra confianza y reconocimiento!

 

Proyecto del huerto escolar. Entrevistamos a Montse Bofill

entrevista_montse_bofill

 

Hoy tenemos el placer de hablar con Montse Bofill, coordinadora del proyecto del huerto educativo de los Maristas.Girona http://www.maristes.cat/girona/  y nos explicará en qué consiste este proyecto tan interesante.

 

1. ¿Cómo surgió la idea de apostar por este proyecto de huerto y cultura en vuestra escuela?

Hace 4 años que el proyecto de reforma de las huertas agrícoles de Girona nos  brindó el privilegio de poder disfrutar de una nueva aula de aprendizaje, de conocer un ambiente educativo fuera del aula ordinaria,  de diseñar actividades de aprendizajes en un entorno natural privilegiado.

En aquellos momentos,  Roser Casas y  Pere Fernández  empezaron a motivar a la comunidad educativa y, a partir de aquí, se inició el proyecto. Al cabo de un año me incorporé.

 

2. ¿Qué conocimientos trabajáis? ¿Nos podéis explicar brevemente en qué consiste este proyecto?

Huerto y cultura en los Maristas es un gran proyecto constituido por diferentes proyectos y actividades experimentales que tienen entidad por si solos, pero que se entrelazan entre si multiplicando las posibilidades de aprendizaje. Estos proyectos son:

-El espatajájaros de infantil.

-El ciclo de los cereales y su transformación.

-La venta de productos en el mercado de Girona.

-El compostaje y el reciclaje de la fracción orgánica.

-El purín de ortigas.

-Las estaciones y la siembra.

-El proyecto «trementinaire».

Todos ellos se entrelazan a través del trabajo cooperativo y el aprendizaje y servicio.

Nuestros hilos conductores son: ¿Cómo aprendieron nuestros ancestros a cultivar su propio alimento? ¿Qué son los alimentos ecológicos? ¿Qué puedo conseguir a través de la cooperación?

 

3.      ¿Cuantas horas le dedicáis a la semana? ¿Qué cursos participan?

Participa todo el centro educativo, desde infantil hasta secundaria.

Los alumnos de 4º, 5º y 6º ayudan a los alumnos de infantil en todas las labores y a sembrar según cada estación. Los alumnos de secundaria son los responsables del proyecto trementinarire, donde trabajan las plantas aromáticas y medicinales, y sus usos y transformaciones.

Si las condiciones metereológicas nos lo permiten, vamo cada 15 días.

 

4.      Para tirar adelante este proyecto, ¿habéis necesitado la ayuda/colaboración de algún experto agrícola? Y,  para su lado más pedagógico, ¿cuántos profesores habéis dedicado tiempo y esfuerzo en este proyecto?

Yo estuve dos años en la Escuela Agraria de Manresa (Barcelona), escola especializada en agricultura ecológica, y me formé como a técnica en explotaciones agrarias extensivas.

También hay la comisión del huerto, los encargados de organizar y gestionar el proyecto, tanto por su lado técnico como por el  pedagógico.

 

5.      ¿Qué valores/aptitudes han adquirido vuestros alumnos?

-Educar en valores ecológicos ( sostenibilidad, autonomía, respecto a la naturaleza…)

-Trabajar la paciencia (Desde que empezamos a trabajar la tierra y sembramos, hasta que recogemos algún fruto tenemos que esperar meses. Durante este tiempo el alumno es el protagonista que cuida las hortalizas).

-Trabajo cooperativo. Muchas de las labores del huerto requieren un esfuerzo que no puedes hacer tu solo ( llenar la regadora, regar, llevar la carretilla….) que implica la ayuda de otros compañeros. Además  el huerto es un espacio de tota la comunidad educativa. Cuando vamos a al huerto somos responsables de cuidarlo en su totalidad,  no solo aquello que hemo plantado.

 

6.  Sabemos que habéis recibido el premio europeo marista al proyecto más innovador.  ¿Os lo esperabais? ¿Estáis satisfechos con este resultado?

Hacemo el trabajo porque nos gusta, creemos en él y disfrutamo realizándolo. Creo que el tipo de metodología que ponemos en práctica en el huerto, permite un aprendizaje más significativo, también permite trabajar interdisciplináriamente y competencialmente.

El premio nos hace mucha ilusión, nunca te lo esperas. Estemos muy satisfechos porque es un reconocimiento al trabajo bien hecho.

¿Eres un buen profesor?

ssdsda

 

Ser un buen profesor no es tarea fácil y seguro que muchos de vosotros lo sabéis de primera mano. Hoy queremos compartir algunas de las características y funciones que todo buen profesor debe tener.

 

1. Buena relación con el alumnado: cuando los estudiantes lo necesiten estar allí para ofrecerles todo tu apoyo y ayudarles hasta que no quede ningún otro recurso.

2. Buscar maneras de mejorar tus clases: estar actualizados y buscar siempre aquella manera/herramienta para mejorar tus clases y así mejorar el rendimiento de tus alumnos.

3. Tener un buen equipo de trabajo: colaborar con el resto de profesores para mejorar el funcionamiento del colegio.

4. Conseguir un buen ambiente en clase: hacer que todos tus alumnos estén a gusto en clase para tener unas clases muy provechosas y llenas de diálogos y debates sobre el temario.

5.No tener miedo a pedir disculpas: lo más importante es sa

ber reconocer cuando nos equivocamos.

6. Entender el trabajo como algo personal: son gente muy vocacional y la mayoría de proyectos también son retos profesionales y personales.

7. Entusiasmo: no perder nunca las ganas de enseñar a los futuros maestros, arquitectos, matemáticos, periodistas …

 

¿ Se os ocurren muchas más?  ¡ Ayúdanos a acabar la lista